Una mirada a África como tablero de la geopolítica internacional

jueves, 11 de noviembre de 2010

EL INTERÉS DE ESPAÑA EN EL SÁHARA: ¿A QUÉ ESPERA LA DERECHA?




Niños en los campamentos del FRENTE POLISARIO en Tinduf (Argelia).
Foto: Ricardo Aznar


La política española con el Sáhara ha sido, efectivamente, el gran timo de la clase política española que ha tenido el excepcional mérito de hacer coincidir en una misma causa tanto a politicos del tardofranquismo como de la transición, tanto de la derecha del PP como de la izquierda del PSOE. La fuerza poderosa que ha logrado tal unión de fuerzas contrarias es desconocida pero sus consecuencias, en cambio, son evidentes: un vergonzante fraude a la opinión pública española a la que se ha engañado con alevosía y premeditación para que, primero los de la derecha, y más tarde los de la izquierda, neutralicen a sus respectivos parroquianos y así, mantenerlos alejados e indiferentes a lo que ocurre en el Sáhara Occidental.


Como explican en el Gees, las primeras víctimas de este fraude fueron los españoles que en los inciertos momentos del arranque del primer gobierno de la monarquía de Juan Carlos de Borbón seguían la evolución del cambio controlado con cierta aprensión y miedo a que fuese verdad, como decían sus líderes, que el fin de la dictadura llevaría al caos y el terror de las sacas y las checas de la Guerra Civil. Pero, la prueba de que la banda de estafadores tenía patas más allá del franquismo y de lo que ahora llaman despectivamente la derecha demócrata, es que la confusion también cundió entre los que no tuvieron en 1975 ninguna duda de que la entrega del Sáhara fue una traición.


Tanto es así que a estas alturas, incluso muchos de los que son simpatizantes de la causa saharaui porque forma parte de la tradición de su partido o por solidaridad, no tienen claro si España sigue o no teniendo responsabilidades legales en el Sáhara Occidental que es justamente lo que los estafadores pretendieron escamotear y ocultarles. No voy hoy a extenderme en este asunto que ya he tratado (en esta rayita os remito un texto por si pudiese seros de utilidad) sino en lo misterioso que me resulta que todavía hoy el poder del engaño siga tan vivo en la derecha como para que en ese sector muchos españoles sigan creyendo que el apoyo del derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui es un asunto de rojos o, como mínimo, de socialista militantes y zapateristas ingenuos y demagogos.


Hoy en día hay campañas en ciertos medios para reivindicar el orgullo de ser de derechas pero, evidentemente, en ese sector todavía no han logrado acabar la pesada digestion que requiere el haber sido víctimas de un burdo timo de la estampita por parte de los que invocaban el interés de España. ¿A qué esperan?


No se acomplejen por haber sido demasiado ingenuos y, por si les sirve de consuelo y ayuda, comprueben que en la izquierda los líderes del PSOE también engañaron a sus feligreses hipnotizándoles con invocaciones a la progresía, el buenismo, la solidaridad mientras, entre bastidores, estaban ellos también traicionando al pueblo saharaui sin importarles pasarse al enemigo de una de las causas más queridas de sus votantes.


En otras ocasiones me la he cargado con los lectores que tienen su corazoncito en el PSOE por criticar los efectos del gas enervante-paralizante o el burka ideológico entre los parroquianos de la izquierda, tanto en relación con el Sáhara, el otro escándalo silenciado que es el apoyo de Zapatero al sátrapa de Teodoro Obiang o los falsos fuegos artificiales de la llamada Justicia Universal de los jueces de la Audiencia Nacional (que por cierto, ¿por qué callan ahora, dónde están que no dicen nada los garzones sobre el Sáhara?)


Hay que reconocer, sin embargo, que los pacientes del ala izquierdista han logrado importantes progresos en la terapia que requiere salir de ciertos errores y decepciones sin perder la fe, la autoestima y los principios. Por supuesto que también ha ayudado el encontrarnos en tiempos en que ninguna insignia política, ni ningún dirigente merecen confianza ciega y, como en las compras, toca estar muy vigilantes con la calidad de nuestra marca favorita para que el fabricante no intente ahorrar en alguno de los components del producto.


A los que sientan la necesidad muy respetable y comprensible de sentirse de derechas podría ayudarles a ver con mayor claridad en el asunto para España importantísimo del conflicto del Sáhara, por fijarse en que si Zapatero, como se ha visto fehacientemente estos días, es tan promarroquí y tan proMohamed VI, algo hay que no cuadra en el viejo argumentario de los firmantes de los acuerdos de Madrid. Se sorprenderán también de que ahora, para descalificar a los defensores de la doctrina de la ONU sobre el Sáhara, lo que se estila es descalificarlos desde la izquierda, como islamófobos y fascistas o nostálgicos del franquismo.


Otro elemento que les ayudará a ver con mayor claridad es comprobar que ahora es desde el PSOE donde se promueven extrañas asociaciones de víctimas del terrorismo en Canarias (ACAVITE) que no tienen muertos de ETA sino del Polisario y no en España sino en el Sáhara, que tergiversando la historia y los sufrimientos de una guerra organizan ruedas de prensa en las que se habla del “terrorismo” saharaui y antiespañol justo como hicieron en su momento los responsables de la traición de 1975. Sí, sí, hablan de víctimas españolas del Polisario, como hicieron los franquistas, obviando eso sí los muertos y heridos de los atentados organizados en la entonces provincia española así como en Ceuta y Melilla antes del comienzo de la Marcha Verde, por el terrorismo organizado desde los servicios de seguridad marroquí.


El que ahora sea justamente un Zapatero el que ponga mucho énfasis en el “interés de España” por sacrificar a los saharauis a cambio de la amistad del rey Mohamed, debería también ser motivo más que de sobra, dada la experiencia de sus más de seis años de desastrosa política exterior, para sospechar que la verdad está del otro lado, de la parte de los pobres saharauis masacrados en una protesta pacífica, en las seis mujeres que han hallado descomponiéndose en el fondo de un pozo al que “alguien” las ha arrojado mientras los militares ejecutaban el genocidio.


Tienen una buena oportunidad los de derechas para demostrarle a los estafadores que ellos también los tienen calados y son las protestas que hoy y, sobre todo el sábado (en Madrid a las 12.00 en Atocha), va a haber contra los acuerdos de Madrid, el falso documento o el falso billete con el que nos dieron a todos el tocomocho. No se me ocurre mejor manera por el momento para decir no alto y claro a la política de avestrucismo de Zapatero con el tirano y nada pacifista Mohamed VI. Pero, por favor, no lo hagan sólo por llevar la contraria a los de izquierda, háganlo porque han visto que lo ocurrido esta semana es injusto y horroroso, porque se han dado cuenta de que los saharauis ponen los muertos pero nosotros no nos libramos de las salpicaduras. Traigan pancartas en las que digan que el resultado de mimar a un sátrapa con apetitos expansionistas es que ahora estamos a punto de tener una guerra en el patio de nuestra casa.


No les oculto que habrá simpatizantes del pueblo saharaui muy empeñados en hacer gestos con los que marcar que la del Sáhara Occidental es una causa de izquierdas. Pero hagan oídos sordos y sigan a lo suyo dando su contribución a la sanación colectiva. ¿No tienen a gala el ser patriotas y ya sin complejos? Pues demuestren allí que, a partir de ahora, no le sera tan fácil a nuestros politicos engañarnos utilizando las siglas de nuestras convicciones más profundas que no siempre necesitan de etiquetas ni emblemas partidistas. Sigan ahí por patriotismo, porque ayudar a los saharauis, digan lo que digan, además de merecerlo por caridad cristiana, es lo que más le conviene al interés de España.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

SÁHARA OCCIDENTAL: EL ESPEJISMO DE UNA TREGUA



Combatientes saharauis en los territorios liberados. Foto: Ricardo Aznar

No hay nada como el método deductivo: como sospechábamos lo de Trinidad Jiménez a Bolivia y Ecuador iba de toccata y fuga. El aviso de Taieb Fassi Fihri fue un gesto con el que ganar puntos con la flamante ministra que le debe ahora haberse evitado un papelón de lo más incómodo en Rabat. Pero esta cortesía no tiene por qué ser incompatible con un hecho que asoma con contundencia: algo busca desesperadamente Mohamed VI en España, desde este verano, algo que seguro que tiene que ver con el Sáhara y que Zapatero no le da. Un indicio de este pulso son los llamados “problemas” o crisis de Melilla que, como ocurrió con la crisis de Perejil, tienen relación directa con una situación de nerviosismo extremo en Rabat. Una de las consecuencias de la brutal represión a sangre y fuego en el campamento de Gdeim Izik y El Aaiún es que se va a disparar el nerviosismo del ya muy desquiciado sátrapa alauita y sus prisas por lograr lo que Zapatero le niega. Así que abrochémonos los cinturones que vienen curvas.


La prioridad ahora mismo son los centenares de desaparecidos en la batalla campal de El Aaiún que hay que rescatar antes de que las cárceles negras los condene, en el mejor de los casos, a una existencia de muertos en vida. Dicen que son al menos 150, pero podrían ser muchos más. Las redadas en los domicilios de saharauis no se han limitado a los supuestos cabecillas de la revuelta como dicen hoy en las televisiones. Han sido indiscriminadas y, en algunos barrios la ronda de los camiones policiales que han cargado con detenidos a destino desconocido se ha repetido hasta tres veces a lo largo del día. Una amiga anoche me contaba desde El Aaiún que no podía soportar los lacerantes llantos de los niños que abarrotaban la casa del vecino: eran tantos los que andaban perdidos por las calles quizás porque en sus casas no habían quedado mayores o porque sus padres no habían podido volver, que los que no habían sido detenidos se dedicaban a recogerlos en sus casa. La clave de la vuelta a la calma que en El Aaiún que hoy destaca la prensa marroquí parece que está más en el siniestro y preocupante silencio radio de los que hasta ayer informaban a través de sus móviles, que de una rendición.


HACER ALGO POR LOS DESAPARECIDOS


Los heridos, los detenidos, por supuesto deben ser nuestra prioridad.Pero no perdamos de vista otro elemento sustancial de la lucha porque, de lo contrario, su sacrificio habrá sido inútil. Mohamed VI ha vuelto a cometer un grave error y va a intentar rehacerse. La vía más corta es la que pasa por contar con la potencia que tiene la última palabra cuando se trata del Sáhara Occidental y no sólo por solidaridad, historia y cultura sino por imperativo legal, tal como lo recoge el art. 73 de la Carta de Naciones Unidas y el dictamen de 2002 del asesor jurídico de la ONU Hans Corell.


El hecho de que Zapatero no haya hasta ahora cedido no debe hacer cantar victoria a ninguno de los españoles indignados con el drama de El Aaiún . Las lamentables declaraciones con llamamiento a la prudencia del vicepresidente Rubalcaba prueban una vez más de lo que es capaz Zapatero, con tal de librarse de los problemas sin afrontarlos. Así que hay que deducir que, quizás, no ha podido satisfacer a Mohamed simplemente porque lo que le pide es tan gordo, que está fuera de su alcance. Algo tan grave, como por ejemplo, un golpe de mano para que la comunidad internacional reconozca su soberanía en el Sáhara Occidental saltándose a la torera el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui.


Eso, para que nos entendamos, sería el remate de los Acuerdos de Madrid que firmó el ultimo gobierno del general Franco el 14 de noviembre de 1975. Hasta Zapatero comprende que una cosa es saltarse el derecho internacional a la torera, como sigue haciendo no condenando la brutalidad marroquí y no haciendo nada para que los desaparecidos y los detenidos vuelvan a sus casas, y otra muy distinta es cruzar una línea roja que la creciente disidencia de su propio partido y un importante sector de sus votantes, no le perdonarían. Lo uno tiene remedio y deja abierta la esperanza a un arrepentimiento, lo segundo no.


ENGAÑO CON TAPADERA IDEOLÓGICA


Hay sin embargo otro sector político, sin embargo, que tampoco se va a librar de las curvas y son los que se han fiado de los Gustavo de Arístegui y sus teorías, sospechosamente coincidentes con las del inefable Moratinos (bye, bye). Se trata de los que alientan la indiferencia entre su feligresía enarbolando la bandera ideologica y los intereses de España, formula mágica para zanjar cualquier discusión con transfondo de derechas. Prepárense porque cuando los reyes de Marruecos sienten que sus aspiraciones a hacerse con el Sáhara peligran, inmediatamente le retuercen el brazo a España y entonces, ya no son sólo los indefensos saharauis los que pagan las consecuencias de una política de dejación e inanidad: que si amenaza de dejar a los pesqueros sin faena, que si amago de desestabilización en Ceuta, Melila, Perejil y lo que tercie, que si ultimátum con de por medio la repetición de la no cooperación que condujo al atentado del 11-M…


Claro que los Arístegui , al igual que los Moratinos, tienen la cuadratura del círculo: se contenta a Mohamed VI con el Sáhara y tendremos el comienzo de una nueva era de amistad verdadera. Para cuando sus electores les pidan explicaciones por haberles tomado el pelo, ellos estarán cómodamente prejubilados en alguna playa tropical.


lunes, 8 de noviembre de 2010

¿A QUÉ VINO EL MINISTRO FASSI FIHRI A MADRID?

Manifestación en Madrid por el Sáhara el invierno pasado.



Al ministro de Exteriores de Marruecos Taieb Fassi Fihri VI le corría prisa hablar con la flamante ministra de Exteriores española, Trinidad Jiménez. Ella había anunciado tras su nombramiento que en los “próximos días· iba a viajar a Marruecos, cumpliendo así la "tradición" que implantó Felipe González de que los ministros de Exteriores estrenasen su cargo rindiendo pleitesía al rey de Marruecos. Pero su colega marroquí no pudo esperar y se plantó en Madrid, sin esperar a que Jiménez reorganizase su agenda. ¿Por qué? Aunque Mohamed VI anda escaso en cordura y templanza, suponemos que la misión de Fassi Fihri no era la de impartir una maestría a la prensa española sobre cómo y sobre qué hay que escribir para no provocar enfados en palacio que luego desembocan en inoportunas crisis diplomáticas en Melilla o Perejil.


La propia prensa oficiosa marroquí había anunciado el inminente viaje de la nueva ministra española a Rabat dando por hecho que, una vez más, se cumplía ese ritual que tanto le complace a la propaganda real puesto que, con ello, pueden presumir de ser más importantes para España que Argelia, a pesar de su gas y su petróleo, o incluso que toda Latinoamérica.


Es más, todavía el día 29, se subrayaba en estos medios oficialistas de que a Jiménez le tocaba ir a Rabat no sólo por la "tradición" sino también por la cuenta que le trae continuar lo antes posible la ronda de conversaciones entablada entre España y Marruecos en relación con la renovación de los acuerdos de pesca que caducan dentro de tres meses.

LOS ACUERDOS DE PESCA COMO ARMA DE EXTORSIÓN

Os aconsejo la lectura del editorial en el que, sin cortarse un pelo, se destacaba que el tiempo “presiona” a los españoles, los principales beneficiarios, junto a los portugueses, de estos acuerdos que Marruecos firma con la UE y que explotan los bancos pesqueros saharauis. De no lograrse el acuerdo, advertía la publicación, se le abrirá a Zapatero un nuevo frente de conflicto con los pesqueros andaluces que tendrán que quedarse en casa sin salir al mar. Conclusión del escrito: dada la delicada y “compleja” situación económica por la que atraviesa a España a Zapatero le interesa hacer lo que sea para resolver el tema mientras “Marruecos queda en posición de fuerza porque, en caso de no llegarse a un acuerdo con la UE, otros candidates podrían presentarse en su lugar para adquirir los derechos de pesca en las aguas territoriales de Marruecos”.

Ya dije en septiembre que la situación que se estaba planteando tenía muchos puntos en común con la ofensiva que el rey Hassan II dio en 1975 para que España le entregase el Sáhara con los vergonzosos e ilegales acuerdos de Madrid y no hay que olvidar que, para aprovechar la situación de debilidad española de fin de régimen, los marroquíes complementaron entonces su acción diplomática con otros recursos más contundentes como fueron la desestabilización de Melilla y Ceuta y el amenazar con no permitir la pesca de los barcos españoles.


Sigamos con la secuencia del extraño viaje de Fassi Fihri. El sábado día 30, Trinidad Jiménez aseguraba en el diario El País que su postura sigue siendo la de Moratinos, y que España apoya una “solución realista” para el conflicto del Sáhara Occidental. Luego, el día 2 se anunció el encuentro hispano-marroquí en Madrid y al día siguiente, día 3, el ministro Fassi Fihri estaba aquí en Madrid retratándose ante la opinión pública española sin necesidad de que los de siempre tengamos que hacer comentarios sobre lo raro que se portan nuestros vecinos para ser, como dicen muchos de nuestros politicos, una baza de amistad sincera y verdadera. Ni una explicación del por qué de este cambio planes.


La bronca que siguió no aparenta ser un buen síntoma de buena sintonía porque ni la cortesía diplomática ni las más elementales normas de buena educación consienten que un señor vaya a insultar a casa ajena. Luego, o en Rabat han perdido completamente el Norte, además del Sur, a base de convertirse en el vecino malcriado y consentido de la política de Moratinos, o al ministro no le acababa de ir tan bien como él decía con el cielo y las estrellas en la entrevista que acababa de celebrar con Jiménez. Eso explicaría la pataleta de Fassi Fihri y, sobre todo, que no le importase montar un pollo que, a la primera que ponía en evidencia, era a la ministra española sentada a su lado.


Se supone que lo que traía a Madrid al ministro era la cuestión del Sáhara y las conversaciones que esta semana se celebran en EEUU entre Marruecos y el Polisario podrían justificar las prisas. Aunque, hasta ahora, este tipo de conversaciones se ha celebrado sin que se viese, al menos públicamente, ningún tipo de consulta entre Rabat y Madrid justamente en la víspera del evento. Es más, en Marruecos se pone siempre mucho cuidado en mantener la farsa de que España ya no es la potencia administradora y ya nada tiene que ver ni que decir con relación a la antigua provincia del Sáhara.



EL CURRICULUM DE TRINIDAD JIMÉNEZ

Tampoco había motivos para que Fassi Fihri tuviese prisas por conocer a la ministra. En principio, en Rabat a Trinidad Jiménez la conocen de sobra y, aparentemente, no hay motivos para suponer que la marcha de Moratinos (aljandulilá), con lágrimas incluidas, tenga que ver con un cambio de política de Zapatero en la cuestión del Sáhara. De hecho, hay en el entorno prosaharaui quienes sostienen que quizás Trinidad Jiménez podría ser mucho más promarroquí de lo que ha sido Moratinos (y ya le vale) y que esa es la razón del ascenso de la fallida candidata del Partido Socialista en Madrid.


Mucho pesimismo hay en ese análisis, creo yo, aunque hay que reconocer que el curriculum de la nueva ministra en relación con el Sáhara no da para alegrías si no se es un forofo del expansionismo alauita. La formación de Jiménez en la materia está demasiado marcada por las directrices de Felipe González, el auténtico director de orquesta en la metamorfosis promarroquí del PSOE. Sus primeros pinitos diplomáticos dieron buena cuenta de ello, cuando en 2001, la entonces secretaria de relaciones internacionales del partido socialista jugó un papel decisivo en la preparación del viaje del entonces líder de la oposición José Luis Rodríguez Zapatero a Marruecos. En estrecha colaboración con su mentor Felipe González, Jiménez se ocupó de los detalles que convirtieron esa “misión diplomática” que el PSOE efectuó a espaldas del Gobierno de Aznar y en plena crisis diplomática con Marruecos, en un éxito de audiencias en Rabat.


De todas las recetas que Jiménez aplicó para enseñarle a Aznar cómo se debía tratar a Mohamed VI para resolver la crisis diplomática, la más eficaz fueron sin duda esas declaraciones en las que instó al Frente POLISARIO a que diese “una oportunidad” al plan de la autonomía con el que Marruecos pretende legalizar la anexión. Como para que Zapatero no fuese acogido en Rabat como el dirigente político español que Mohamed VI deseaba con todas sus fuerzas que sustituyese al “racista” y “fascista” de Aznar…


Volvamos a 2010. Ha llovido desde aquella misión de 2001 e, incluso, desde la crisis de Perejil con la que Mohamed VI pretendió castigar el giro prosaharaui dado por Aznar y su influencia negativa sobre James Baker que, de un plan a favor de la autonomía, acabó en otro que daba opción a la independencia saharaui. Podría por lo tanto ocurrir que los marroquíes tengan miedo, si su proverbial machismo no se lo impide, de que Trinidad Jiménez ya no vea las cosas de la misma manera en que las contemplaba en sus tiempos de aplicada alumna de González. Al fin y al cabo, también en Rabat se habrán planteado la duda de que, si Zapatero no quería cambiar de política ¿por qué le ha dado la patada a su entrañable amigo Moratinos? No será porque le preocupen los malos resultados de sus ministros porque, entonces, el ministro económico Miguel Sebastián, ya debería llevar rato prejubilado.


Sería estupendo seguir por la senda de la hipótesis del cambio pero la propia ministra nos sacó abruptamente del equívoco (o eso parece) con esa solemne ocurrencia de que “ha llegado el momento de buscar una solución realista” al problema del Sáhara. Dicha así, “realista” es una palabra que podría llevar a un desenlace a favor del derecho internacional que ampara a los saharauis. Por ahora, sin embargo, en el contexto sahariano el “realismo” político es un término que conecta con las posiciones promarroquíes. Eso sí, a Mohamed VI le hubiese seguramente gustado más que Jiménez, en lugar de poner tanto énfasis en la rueda de prensa conjunta de que la "mejor solución" será la que alcancen las partes "fruto de un acuerdo" y en el marco de Naciones Unidas, se hubiese limitado a seguir su guión favorito, el que ensalza la tercer vía autonómica como la genial ocurrencia con la que el rey Mohamed ha arrinconado a Argelia y el Polisario. Como hizo, por ejemplo, el presidente Sarkozy en su encuentro con Mohamed VI en Nueva York.

MALA NOTA EN LA ONU PARA MARRUECOS


¿Se hubiese evitado con ello la bochornosa escena de Fihri arremetiendo contra “las tergiversaciones” de la prensa española ante el silencio cómplice de la ministra? Indudablemente, un apoyo más decidido y público de España a la “tercera vía” habría enderazado un poco la desventaja con la que hoy los diplomáticos marroquíes se presentan a la ronda de conversaciones en EEUU. Efectivamente, como dice el profesor Ruiz Miguel, las cosas no van como ellos dicen a su opinión pública y el propio enviado especial para el Sáhara de Ban Ki Moon, Christopher Ross les puso en sus últimos informes una mala nota en comportamiento al señalar a Marruecos como la parte que menos esfuerzos hace en favor de la paz y justificar incluso, que por su inflexibilidad , los representantes polisarios en la última ronda se levantasen de la mesa antes de tiempo.


En cualquier caso, el ministro Moratinos sí les hizo el paripé en diversas ocasiones (el del elogio a sus esfuerzos en busca de una solución) y de nada le sirvió para que desde Rabat acabasen con la humillante anomalía que suponía para su prestigio profesional que, desde enero pasado, no haya en Madrid un embajador de Marruecos. Incluso, antes de poner a caer de un burro a la prensa española, desde Rabat le criticaron también a Moratinos por no denunciar ante la comunidad internacional la falta de libertades en los campamentos.


Quedémos por ahora con los efectos prácticos de la salida de pata de banco de Fassi Fihri: con el revuelo que se montó en la rueda de prensa, se pasó por alto el asunto de la “tradición” tan súbitamente suspendida. Es verdad que la ministra dio a entender que todavía seguía en pie ese inminente viaje suyo a Rabat. Pero, el viernes, desde su ministerio se anunció que en lugar de ir a Marruecos inicia hoy una gira por Bolivia y Ecuador. Qué coincidencia tan afortunada para ella que se ha evitado así que la pille en Rabat la tormenta desencadenada por la amenaza de una Marcha Verde contra los territorios liberados y la brutal carga del ejército marroquí contra hombres, mujeres, niños y ancianos saharauis que desarmados y pacíficamente exhibían públicamente su resistencia en los campamentos de Gdeim Izik. Será más fácil para ella eludir la embarazosa pregunta de por qué seguir tragando quina con Marruecos e incumpliendo nuestros deberes ante la ONU con el pueblo saharaui.

viernes, 22 de octubre de 2010

CONEXIÓN GIBRALTAR-SÁHARA, CON PARADA EN MELILLA



El Estrecho de Gibraltar con los contenciosos de Ceuta, Melilla y el Peñón son desde los años sesenta una pieza clave de la partida marroquí por la anexión del Sáhara Occidental. Arriba, el Estrecho visto desde el espacio.



Lo han llamado desaire pero el plantón con que el ministro principal de Gibraltar, Peter Caruana, ha humillado a Zapatero va más allá de la discusión sobre la soberanía de las aguas alrededor del Peñón. Es una finta con la que ha advertido a Madrid de que está en condiciones de añadir más leña al fuego en el que arde la no diplomacia que estructuró el ex ministro Moratinos y que más le vale al Gobierno socialista no rechistar mientras él mueve mojones para ampliar el área terrestre de la colonia británica, donde la población ya no cabe. Caruana tiene grandes bazas para dar este apretón de tuercas, desde llamar a Londres para que le envíen a un almirante Nelson al Estrecho, hasta hacer pinza en la jugada con la que Mohamed VI está amagando en Melilla y Ceuta para tener atado corto a Zapatero en la partida del Sáhara Occidental. 

La llamada a Londres es la opción visible, la que le permite humillar a España poniendo en evidencia la debilidad de sus alianzas y demostrar adónde lleva la política de forillo estructurada por el ex ministro Moratinos: mucha foto y mucho primer plano de abrazos y apretones de mano con el forillo del Peñón de fondo y, una vez exhibido públicamente el reconocimiento español ante luces y taquígrafos que implican esos triunfales primeros planos, a la hora de seguir con las negociaciones, pedorreta al canto.

La conexión con las ciudades españolas es menos evidente, se esconde en los pliegues de la historia. Lo mismo ocurre con esa recurrente coincidencia entre el súbito brote de “incidentes fronterizos” en Ceuta y Melilla con momentos de grave aprieto en Marruecos sobre la cuestión del Sáhara. Pero la crisis de este verano en Melilla tiene todos los visos de no ser una excepción a esta vieja dinámica, de la misma forma en que el desaire de Caruana cuadra en el efecto dominó que suele convertir la amenaza alauita contra Ceuta y Melilla en la oportunidad propicia para que los ministros principales del Peñón saquen tajada a costa de Madrid.

La pista que conduce a esta conexión no siempre evidente sobrevuela en esa declaración de guerra con la que Caruana reta a España a acudir al Tribunal de Justicia Internacional de La Haya para dirimir quién tiene la soberanía sobre La Roca. Cualquiera diría que lo dice tan chulo porque la razón está de parte de su parte. Quizás eso sea lo que haya percibido la mayor parte de la opinión pública española gracias al gran desconocimiento que los diversos gobiernos de la transición han abonado con su silencio sobre el asunto, no vaya a ser que se note que tenemos problemas pendientes.

LA DOCTRINA DE LA ONU
Inglaterra también ha vuelto a decir que Gibraltar no es español. Pero la realidad es que en 1967, a pesar de la marginación que España sufría por culpa de la dictadura del general Franco, la diplomacia española logró uno de sus mayores triunfos al derrotar por goleada a la poderosa Inglaterra en la ONU. Ni su puesto de miembro permanente del Consejo de Seguridad con derecho a veto, ni su inmenso poderío naval, ni la temible superioridad de sus vínculos privilegiados con EEUU, lograron impedir que el 17 de diciembre la ONU aprobase la resolución 2353 (XXII) sobre Gibraltar que consagró el principio de la integridad territorial en relación al Peñón.

No había sido la primera ni fue la última resolución en la que la ONU dejó muy claro que la presencia inglesa en el Peñón constituye una violación del derecho internacional y que Inglaterra debe descolonizar La Roca que tanto le obsesiona. Pero la resolución 2353, por primera vez en Naciones Unidas, se apartaba del principio de autodeterminación que suele ser el favorito en materia de descolonización para consagrar la tesis de que Gibraltar es un territorio usurpado a España indebidamente y que la descolonización debe hacerse por la vía de la devolución.

Vamos, que no hay necesidad de ir al Tribunal de La Haya porque ya hay una doctrina legal muy clara. Si en Londres no han acatado estas resoluciones es porque la ONU genera derecho pero no forzosamente lo impone. Especialmente cuando los propios beneficiarios de la ley en un contencioso evitan reclamar sus derechos ante los tribunales.

DEBILIDAD ESPAÑOLA
¿Y qué impide a España reclamar que se cumpla la Ley? En tiempos de Franco, el interés del dictador por mantenerse en el poder a cambio, por ejemplo, de cesar al ministro de Exteriores Castiella (padre de este triunfo onusiano) para así dar comienzo a una nueva era de entendimiento con los ingleses.

Ahora, 40 años después de la muerte del general, los gobiernos de la democracia siguen teniendo pánico a que el marchar por este camino anime las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla. Les aterra lo que dijo el rey Hassan II, padre de Mohamed VI en 1976: “Si los ingleses restituyen Gibraltar a España, esta última deberá restituirnos Ceuta y Melilla”. 

Hassan II se despachó así en virtud de la tesis con las que desde Rabat se ha defendido la ONU que no es consecuente al dar la razón a las reclamaciones españoles sobre el Peñón frente a Inglaterra y no apoyar las peticiones marroquíes para que España le "devuelva" las dos ciudades en la costa norteafricana. Desde su perspectiva Gibraltar, Ceuta y Melilla entran en los mismos supuestos de derecho internacional. Ya lo hemos hablado que Ceuta, Melilla y el Sáhara nada tienen que ver. Y que la ONU hasta ahora ha diferenciado muy mucho entre las cuestiones pendientes sobre las dos orillas del Estrecho y no ha tomado en consideración las reclamaciones marroquíes. Pero la diplomacia española, a base de silenciar los problemas, teme que la opinión pública haya acabado no teniéndolo claro. Así que, mejor evitar complicaciones y recoger las boyas para que Caruana no se moleste.

Como demostró el contencioso de Perejil, en política exterior, no basta con tener razón. Así que si Mohamed quiere agarrar del cuello a Zapatero y apretar fuerte amenazando con asfixiarle si no suelta cuerda a favor de su anexión del Sáhara. Provoca incidentes fronterizos y anima a sus expertos en política exterior a organizar seminarios en los que se destaca que la presencia "colonialista" española en Ceuta y Melilla puede convertirse en polo de atracción del terrorismo islámico. A buen entendedor pocas palabras. Y, Caruana, viendo que Zapatero ya está con indicios de amoratamiento a punto de caramelo (lo de morir o vencer está en su caso descartado), también hace caja.

Lo sorprendente de esta crisis con la que se ha despedido Moratinos ha sido el comprobar cómo, a pesar de presumir de flema británica, el señor Caruana se comporta al fin y al cabo como el “presidente” de cualquier autonomía española, amagando al Gobierno central con su supuesto factor diferencial, mientras los ciudadanos españoles pagan de su propio bolsillo la asistencia sanitaria al “pueblo gibraltareño” que tanto se supone les desprecia. 

Tan español es este comportamiento político que los de Coalición Canaria han tomado nota de su ejemplo y, a cambio del voto en los presupuestos, han pedido a Zapatero la soberanía sobre las aguas marítimas de Canarias. Como ha advertido UPyD, seguro que Mohamed VI se está frotando las manos de lo más contento…

lunes, 6 de septiembre de 2010

MOHAMED VI, EL SÁHARA Y LA CRISIS ESPAÑOLA






Mientras los españoles intentan aterrizar de las vacaciones esquivando los baches y las tormentas de la vuelta al cole, Mohamed VI ya tiene bien montado el programa del nuevo curso cuyas bases fue implantando este verano con la crisis de Melilla, para ir abriendo boca. Se trata de apretar, apretar y apretar las tuercas al Gobierno de Zapatero que tanto presumió de saber hacer las cosas para no tener problemas con el "hermano marroquí" logrando que ese pecado de ingenuidad (por lo menos) se vuelva en su contra justo en uno de sus momentos más bajos. Objetivo: que se pringue en nombre de todos los españoles en una marrullería con el Sáhara de telón de fondo.


¿Y por qué justo ahora? El verano ha incubado un ambiente de cambio de régimen, con el rey Juan Carlos pachucho, con el presidente Zapatero sumido en una crisis sin precedentes. Hay aires de transición y por nuestra jungla política resuenan los tambores que llaman a las guerras tribales sacudiendo el trono del propio Zp. Momento propicio para que Mohamed VI ataque para rematar lo que empezó con esa "falta de colaboración" antiterrorista que propició el 11-M. Zapatero le prometió entonces ayudarle a rematar la faena del Sáhara y, como garantía de que iba a cumplir su palabra, puso a Moratinos al mando del timón de la diplomacia.


Los sultanes alauitas son grandes aficionados en acechar a España en los momentos de debilidad de sus gobiernos para sacar tajada a su favor en los muchos asuntos que, utilizando la jerga apaciguadora de nuestros diplomáticos, "tenemos en común", un eufemismo de la cadena de acción y reacción que se monta entre la pusilanimidad española ante un vecino de incontenible apetito expansionista y el aliento que nuestra indefensión e incapacidad insufla a la voracidad alauita.

Transición y crisis son desde 1975 sinónimo en Rabat de "ocasión de oro para pillar en España". Por si este resorte no bastase para disparar su instinto de caza, la ilusión de que pueda repetirse una coyuntura como la que en 1975 desembocó en la entrega del Sáhara, se junta ahora con consideraciones de cálculo dictadas por el estricto aquí y ahora.

La afinidad entre la casa alauita y Moratinos le valió a Zapatero que Mohamed le diese prórrogas en un pago contraproducente para la intención de voto. Pero el tiempo ha ido pasando y, por si acaso el PSOE (o Zapatero) no sigue estando ahí en la próxima legislatura, ha decidido ejecutar la deuda. Con más razón si Eulogio López lleva razón y el rey está pensando en jubilarse y pasarle los trastos al príncipe Felipe al que se supone pondrá al tanto de todos los secretos pero, al fin y al cabo, no estaba ahí cuando en otoño de 1975 desde Rabat lanzaron la Marcha Verde tensando la cuerda hasta que lograron que en Madrid les entregasen el Sáhara.

Aún suponiendo que Zapatero tuviese una tercera legislatura, ya no es apuesta segura para Mohamed tras la crisis abierta estas Navidades con el asunto de Aminetu Haidar. Cuando en un descuido al falso ángel se le cae la careta, ya no puede seguir contando con su poder de fascinación para dominar al contrincante, por muy poderoso que sea. Y seguramente al déspota marroquí se le quedó grabada la cara de pasmao de Zapatero al comprobar que todo lo que le habían contado sobre cómo ganarse al hermano del sur, ni sobre la sabiduría y habilidad de Moratinos para evitar crisis hispano-marroquíes, eran burras voladoras.

Como muestra del trauma que el Haidargate supuso para Zapatero, recordemos ese estallido de desespero de la responsable de Relaciones Exteriores en el PSOE, Elena Valenciano: "No nos merecemos que nos hagan esto después de todo lo que hemos hecho por él", dijo más o menos. No hacía más que transmitirnos el desconcierto del jefe ante la escalofriante indiferencia con que su "hermano" Mohamed, entre apearse del burro con Aminetu y evitarle un pollo monumental en plena Navidades por un quítame de aquí estas pajas, optaba por su real orgullo.

Con lo bien informado que está sobre todo lo que se cuece en España, a estas alturas el sultán alauita seguro que anda
mu enterao de que Zapatero nunca perdona a quien le deja en evidencia o le lleva la contraria en público. Probablemente su conclusión ha sido la de que ha llegado la hora de ir a por todas. Ya nada tiene que ganar con la espera, y sí en cambio mucho con el apretón de tuercas.

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