Una mirada a África como tablero de la geopolítica internacional
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domingo, 22 de septiembre de 2013

El descubrimiento de las fosas comunes en el Sáhara y la normalización de la historia de un conflicto

Refugiados saharauis huidos de la invasión marroquí y mauritana en 1976.  
UN Photo/Hubert



El hallazgo de las fosas comunes con los restos de pastores nómadas (dos de ellos menores) con sus carnés de identidad españoles, da para varias reflexiones. En primer lugar, las víctimas fueron ejecutadas el 12 de febrero de 1976, es decir, cuando España todavía estaba en el territorio compartiendo con Marruecos y Mauritania esa administración tripartita generada por la farsa de los llamados acuerdos de Madrid. 

No fue hasta el 26 de febrero de 1976 que el embajador español ante la ONU transmitió al secretario general de la organización aquella carta en la que su Gobierno (el primero de la monarquía) anunció la salida de la ex provincia 53 y la renuncia de España a las responsabilidades internacionales de potencia administradora del pueblo saharaui. Así que que no hay excusa que justifique que España no se enterase de las atrocidades marroquíes y las denunciase ante la comunidad internacional.

En los relatos de la historia sobre el comienzo de la invasión sigue habiendo varios agujeros negros. Uno de ellos es el que ocultó cómo vivió el pueblo saharaui la toma de control por parte de las fuerzas invasoras. Según el relato oficial que trascendió en Madrid en 1975, el ejército y las fuerzas de seguridad marroquíes no pusieron pie en el territorio hasta el 11 de diciembre, mucho después de la Marcha Verde que, contaron entonces, había vuelto a sus bases de partida gracias a la diplomacia bilateral. Se supone que llegaron a El Aaiún de paseo en calesa como consecuencia del cumplimiento de los Acuerdos de Madrid. Sí, en calesa y tocando el banjo, porque, según esta versión, parecía como que los invasores habían sido unos caballeros mientras España había seguido en el territorio.

De los responsables de la administración colonial, sólo el coronel Luis Rodríguez de Viguri denunció que había comprobado las brutales torturas a las que los recién llegados habían sometido de inmediato a los saharauis sospechosos de no aceptar su dominación. Lo contó para transmitir la tremenda vergüenza que para él había supuesto tener que cumplir órdenes que le obligaban a mirar hacia otro lado, en lugar de atender a las peticiones de ayuda de los que hasta hacía poco habían sido subordinados suyos que habían servido lealmente a España.

Establece el art. 73 de la Carta de la ONU que las potencias administradoras tienen el deber de velar por el bienestar de sus tutelados. En cambio, el Gobierno español optó por hacer como que no veía ni oía, en un flagrante incumplimiento moral y legal. La inacción española fue así doblemente beneficiosa para la estrategia criminal de los invasores marroquíes. Quedaron con las manos libres para poner en marcha un genocidio y sin preocuparse porque les llamasen genocidas. También lograron que la historia de su agresión no fuese una invasión sino, algo muy distinto, una Marcha Verde pacífica.


Casi 38 años después de que arrancase la historia de este crimen, ya estábamos asimilando que los acuerdos de Madrid fueron nulos; que debido a ello la “carta” que daba por acabada las responsabilidades de España fue papel mojado; que los marroquíes no iniciaron la ocupación del territorio con una marcha ecologista sino con una invasión militar que inició antes que la Marcha Verde  y que, estando España todavía ahí hubo bombardeos de napalm contra la población civil saharaui que intentaba ponerse a salvo huyendo hacia Argelia. Ahora, con la identificación de los restos de las fosas, también sabemos que hubo limpieza étnica de los beduinos para que el desierto quedase libre de posibles colaboradores del Frente Polisario. 

Los políticos españoles, sin embargo, siguen haciendo como que no se han enterado. Ellos siguen apostando por una historia que arranca con la Marcha Verde y que consumó un traspaso de administración limpio, inodoro y sin daños colaterales. Si el Frente Polisario decía que había fosas comunes de beduinos ejecutados, se descalificaba la versión por ser de parte “interesada”. 

No puedo evitar recordar a la ministra de Exteriores Trinidad Jiménez diciendo en el Senado que,  “desde el punto de vista estrictamente jurídico, no se puede calificar a Marruecos como potencia ocupante”. La razón,  dijo ella, es que su presencia en el territorio “no es producto de un conflicto bélico ni de un elemento de fuerza, es fruto de un acuerdo (los mal llamados acuerdos de Madrid)”. Fue cuando dijo también aquella mentira descomunal que ya comenté de que España sí tiene responsabilidades históricas con el pueblo saharaui pero dejó de tener responsabilidades jurídicas el 26 de febrero.

Suponemos que ahora que el hallazgo de estas fosas tiene el respaldo científico de un equipo antropológico-forense de la Sociedad Aranzadi encabezado por el forense Francisco Etxebarría, sí podremos hablar de ocupación sin temor a ser acusados de mal uso del lenguaje. 

Volviendo a la cuestión de que España era oficialmente potencia administradora el 12 de febrero de 1976, me pregunto si esos restos no permiten  exigir responsabilidades a  los Gobiernos de España por su alevosa complicidad con un espeluznante crimen humanitario.  Al de 1975 y a los que siguieron y siguen sin hacer justicia a la verdad para que el pueblo saharaui deje de sufrir una ocupación ilegal.

domingo, 9 de junio de 2013

Marruecos, el Sáhara Occidental y la Unión Africana. Más que una batalla diplomática, una farsa mediática



Nkosazana Dlamini-Zuma y Ban Ki-moon en una cumbre sobre desarrollo en Japón, el 1 de junio.
Foto: UN Photo/Rick Bajornas

Las declaraciones de la presidenta de la Comisión de la Unión Africana, UA, Nkosazana Dlamini Zuma sobre el conflicto saharaui indican que la diplomacia marroquí no tenía ninguna posibilidad en la reciente XXI cumbre celebrada en Addis Abeba de regresar a esta organización a costa de la expulsión de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).  

“Marruecos tiene que poner fin a la ocupación del territorio saharaui y la persecución de la población saharaui”, ha dicho cuando la cumbre ya había finalizado, la que fue ministra de Exteriores de Suráfrica hasta que en julio de 2012 se convirtió en la primera mujer que preside la Comisión de la Unión Africana.

La contundencia de lo dicho por Dlamini Zuma se suma a las declaraciones durante la cumbre hizo de Ramtane Lamamra (responsable de la Comisión de Paz y Seguridad de la UA) y los actos y gestos que han dado protagonismo a la causa saharaui en la XXI cumbre de la Unión Africana. Todo indica que más que un revolcón, la diplomacia marroquí se ha llevado un batacazo en el frente africano. Me refiero a la intervención con la que, poco antes del comienzo de la reunión  en Addis Abeba, el embajador de la República Centroafricana, Ismaila Nimaga, gracias a su título de "decano" de los embajadores africanos en Rabat, se prestó a crear la ficción de que las pretensiones anexionistas con el Sáhara Occidental cuentan con grandes y poderosos apoyos en la Unión Africana (quien no se acuerda que pinche aquí)

 La actuación de Nimaga, sin embargo, parece que forma ya parte de un ritual mediático habitual en estas épocas del año. Si tiramos de hemeroteca, en mayo de 2012, coincidiendo también con el Día de África y los preparativos de otra cumbre en Addis Abeba, Nimaga hizo unas declaraciones casi idénticas sobre el supuesto papel fundamental que juega Marruecos en el desarrollo de África y su posible regreso a la Unión Africana. 

Al igual que ha ocurrido este año, en 2012 los medios oficialistas titularon seguidamente que "Los embajadores africanos en Rabat piden el regreso de Marruecos a la UA". Como se creó la idea de que había una batalla diplomática en marcha, tras la cumbre en Addis Abeba hubo quien tuvo que aclarar que las expectativas creadas no se habían cumplido: "No hay regreso de Marruecos en el seno de la Unión Africana", titularon algunas publicaciones.   

Este año ni siquiera ha habido aclaraciones sobre el desenlace del supuesto intento marroquí por volver a la UA, expulsando a la RASD. Como si la supuesta batalla diplomática sólo hubiese existido en el guión de una farsa mediática dirigida a insuflar moral de combate a la opinión pública marroquí.




 

lunes, 3 de junio de 2013

Hollande dice que la sucesión del presidente Buteflika no tiene porqué llevar Argelia al caos


Los presidentes François Hollande (izquierda) y Abdelaziz Buteflika en su encuentro en Argel en diciembre.



La perspectiva de que el presidente argelino Mohamed Buteflika no salga del último bache de su precaria salud abre dos hipótesis sobre el futuro de Argelia. Una apuesta porque, aunque no volviese de Francia con vida, el Frente de Liberación Nacional llevará a cabo su sucesión sin problemas. La otra, se sitúa en el extremo opuesto y no sólo prevé que en el FNL no van a tener la capacidad de liderazgo necesaria para una transición pacífica, sino que ello va a costarle al país un estallido social que lo sumirá en el abismo del caos.

Mientras el presidente Buteflika sigue hospitalizado en París y crecen los rumores de que está clínicamente muerto, el Gobierno en Argel asegura que el jefe de estado evoluciona favorablemente y, aunque falleciese, todo está bajo control. Pero, en los más de treinta días que el presidente lleva ingresado en Francia no ha hecho ninguna aparición ante las cámaras y, suponiendo que sea verdad que la sucesión está atada y bien atada, el Gobierno argelino no responde a preguntas sobre posibles nombres.

Para los partidarios de la tesis pesimista este silencio radio es un síntoma de que, entre bastidores, no sólo no tienen preparada un plan B sino que hay una pelea por la sucesión que no promete nada bueno. El vacío de poder y las divisiones, dicen, facilitarán que se encienda la mecha de esa “primavera árabe” que pasó de largo por este país pero podría prender en cualquier esquina porque el pueblo tiene motivos para estar insatisfecho. De ahí que los medios que exponen esta preocupación por el futuro de Argelia no se pierdan ni una noticia sobre disturbios, especialmente si son en el sur sahariano, huelgas, reivindicaciones sindicales o el descontento provocado por los escándalos de la corrupción de altos cargos.

La tesis pesimista tiene firmes y amplios apoyos en Francia donde tanto en la derecha como en la izquierda subsiste un fuerte resentimiento contra el FNL que rompió sus sueños coloniales en los años sesenta. Pese a sus invocaciones y maniobras para librarse de esta generación de antiguos rebeldes, los dirigentes del FNL lograron mantenerse a flote hasta hoy y sin renunciar a una política que en París tachan de antifrancesa. La conexión que en Argel se suele hacer entre este rencor neocolonial y, por ejemplo, el apoyo dado desde París a ciertos sectores islamistas en los peores momentos de lo que allí llaman la guerra contra el terrorismo de los años noventa, ha sido motivo de muchos sinsabores franco-argelinos. 

El presidente François Hollande, sin embargo, prometió en su histórica visita a Argel en diciembre que su gobierno iba a acabar con estas dobleces para iniciar así esa colaboración que está teniendo su primer brote verde en la gestión del conflicto maliense. Quizás por ello,  Hollande haya decidido el pasado viernes evitar posibles malentendidos que malogren su giro haciendo unas declaraciones muy coincidentes con lo que dicen en Argelia. No cree, dice Hollande que la sucesión de Buteflika entrañe ningún riesgo de marcha hacia al caos porque las instituciones argelinas son de lo más sólidas. Además, él es optimista incluso sobre la salud del presidente y dio  a entender de que todavía hay esperanzas de que pueda recuperarse y volver muy pronto a su país.

Llama la atención que la tesis pesimista tiene mucho pábulo en los medios dedicados a atacar la causa saharaui. Las noticias negativas con las que se regodean en sus publicaciones, especialmente las electrónicas, sobre los supuestos errores del Gobierno argelino, contrastan con los datos positivos que apuntan a Marruecos como una isla de estabilidad política y polo de desarrollo económico regional. 

En su afán por demostrar que la caída del tradicional rival de Marruecos en la región es inminente, hay quien incluso llega a decir que es la certeza que tienen los franceses sobre el mal camino que lleva Argelia la que les ha decidido a deshacerse de su participación en el Medgaz, el gaseoducto argelino que une Argelia con la costa de Almería. Se trata del 12% de este tubo de enorme importancia estratégica para España y Europa y que estaba en manos del francesa GDF Suez y por el que van a optar las multinacionales españolas Gas Natural Fenosa y Cepsa. Ambas reforzarán asi su posición en unos momentos en que la dependencia española del gas argelino sigue creciendo y ya supera el 54, 8%.

martes, 12 de marzo de 2013

El rey Mohamed VI sueña con una Operación Serval de Francia contra el Frente Polisario


Le 29 janvier 2013, les sapeurs parachutistes du 17e RGP de Montauban sont parachutés au-dessus de l’aéroport de Tombouctou par des avions de transport et d’assaut C 130 et C 160 de l’armée de l’air. Ils ont pour mission de réaliser une évaluation de l’état de la piste en vue de sa réhabilitation.

Paracaidistas franceses durante la toma de Tombuctú el pasado 29 de enero. / Ministerio de Defensa de Francia
 
A principios de febrero, el ministro de Exteriores del Gobierno de transición de Malí, Tièman Coulibaly, declaró a un medio francés que estaba más que confirmada la presencia de cientos de combatientes saharauis procedentes de los campamentos de refugiados del Frente Polisario luchando con las fuerzas del terrorismo islamista que se habían hecho fuertes en el norte del país. Ahora, la noticia de que hay un saharaui procedente de los campamentos polisarios de Tinduf entre los prisioneros hechos por los militares franceses que están  ayudando al Gobierno de Bamako contra los supuestos terroristas, pretende convertirse en la “prueba” que faltaba para demostrar la tesis de Coulibaly.
 
La noticia ha aparecido de forma transversal en las informaciones que dan como “probable” que Mojtar ben Mojtar y Abu Zeid, dos supuestos líderes del yihadismo de Al Aqmi, franquicia de Al Qaeda en el Magreb, hayan caído en los duros combates que las fuerzas francesas, con apoyo de sus aliados del Chad, siguen librando en el Azawad maliense. Lo que en muchos diarios españoles se ha dado como noticia confirmada, sigue siendo objeto de serias dudas en la galaxia mediática francesa donde primero dieron las fotos a bombo y platillo de dos cadáveres identificados como los dos cabecillas, y ahora se discute si verdaderamente son ellos o unos beduinos cualquiera.

En el marco de esta polémica sobre quiénes son realmente los que aparecen en estas fotos, (el propio Gobierno de Hollande ha aconsejado “prudencia” hasta tener pruebas solventes), el diario francés Le Figaro se ha alineado con el frente del casi seguro que sí publicando el testimonio de un tuareg que asegura haber estado en el lugar de los hechos durante el bombardeo de la aviación francesa en las montañas de Tigharghar, el pasado 23 de febrero, en el que se supone cayó Abu Zeid junto con más de 40 de sus seguidores. En su relato, este superviviente de las bombas dice haber sido testigo de la muerte del emir yihadista antes de caer prisionero de los soldados franceses que capturaron a otros seis supervivientes, cuatro jóvenes originarios de la zona, un argelino, un mauritano y un “polisario”.

Por el momento, Coulibaly no ha hecho nuevas declaraciones al respecto. Pero la prensa del majzén, sus periodistas a sueldo y aliados voluntariosos en España, Mauritania, Francia o EEUU (algunos de ellos disfrazados de “alternativos”), se ha lanzado a sacar punta al dato del prisionero saharaui “separatista”. Un ejemplo de ello es este escrito firmado por Katherine Junger, una supuesta analista de una ONG/web que sólo habla de violaciones de derechos humanos en el Sáhara Occidental para culpar de torturadores a los dirigentes del Frente Polisario: el cautivo saharaui se convierte en la punta del iceberg de las “masivas informaciones” procedentes del frente maliense, gracias a la intervención francesa, que no dejan lugar a dudas de que el Polisario “es ahora uno de los brazos del terrorismo armado sahelo-sahariano y la pantalla de una política argelina que contempla la desestabilización de toda la región y en especial, la de su vecino marroquí”. 

 Objetivo del majzén: asociar a Polisario con el yihadismo


El ministro Tiéman Coulibaly  (a la derecha) con Laurent Fabius en París. 
foto:
Hace tiempo que en Rabat trabajan en este tipo de mensaje que asocia al Polisario con el terrorismo islamista. El mismo día del sangriento 11-M en Madrid, desde Rabat lanzaron un comunicado (divulgado por RTVE) que relacionaba el bombardeo de Atocha con la “falta de seguridad” que supuestamente genera que el territorio saharaui no sea anexionado a Marruecos. Menos mal (para el Polisario) que no apareció ningún saharaui involucrado en el atentado. Sí hubo en cambio varios implicados marroquíes a los que sus conexiones con el majzén han hecho que, desde muchos frentes, incluyendo el sindicato policial del SUP, se relacionase el papel de estos marroquíes más con los servicios de inteligencia de Mohamed VI que no con el radicalismo religioso islamista. 

Ahora, sin embargo, la Operación Serval en Malí le ha dado al majzén nuevos alicientes para movilizar a sus apoyos mediáticos y diplomáticos en una campaña que va mucho más allá de su inicial defensa del argumento de que el pueblo saharaui (dicen sus esbirros) tiende al fanatismo islamista y que consentir un Estado del Sáhara Occidental independiente conducirá al establecimiento de un Irán ayatolítico. 

En Rabat están encantados con que Francia, ferviente partidaria de la “solución autonómica” para el Sáhara Occidental, pese a la resistencia internacional, haya al final logrado intervenir en Malí para salvar a la clase política reinante en Bamako, valioso peón de su política francoafricana en la que orbita Mohamed VI, y evitar la secesión del Azawad de los tuareg. Pero a Mohamed VI no sólo le complace comprobar que Hollande sigue fiel a la tradicional política neocolonial francesa que nunca abandona a sus fieles aliados. 

La Operación Serval le hace soñar con la posibilidad de que Hollande repita la jugada a su favor, librándole de los “terroristas” (como dice él) del Frente Polisario y de los apuros que le está causando el enviado especial de Ban Ki-moon, el diplomático estadounidense Christopher Ross al que, por cierto, en Rabat acaban de acusar de nuevo de falta de objetividad por no compartir esta visión política. 

Mohamed VI le da vueltas a cómo Francia se ha salido con la suya, interviniendo en Malí sin un mandato de la ONU porque se supone que no se necesitan resoluciones cuando se enarbola un grave riesgo para la seguridad internacional. Y, suspirando ante las imágenes de los paracaidistas franceses "reconquistando" Tombuctú, no tiene dudas: "Lo mismo pueden hacer conmigo, si convencemos al mundo de que el Frente Polisario es una filial de Al Qaeda". Habrá que ver si Hollande está por la labor de seguirle el juego.

viernes, 9 de marzo de 2012

Islamismo y mujeres del Sáhara Occidental


Mujeres saharauis en los campamentos del Frente Polisario. Abajo, Jira Bulahi (izquierda) y Zahra Ramdan presidenta-fundadora de AMSE (Asociación de Mujeres Saharauis de España), en un encuentro esta semana, en el Instituto de la Mujer con la subdirectora Carmen de Andrés. Por último, mujeres en uno de los aniversarios de la fundación de la RASD en los campamentos.
Fotos en los campamentos de Ricardo Aznar.



(Jira Bulahi de gira por España: ¡bienvenida!)

Es realmente difícil permanecer impasibles ante la determinación, coraje, capacidad de sacrificio y lucidez con que las mujeres saharauis, tanto en los campamentos de refugiados en Tinduf o el Sáhara bajo ocupación marroquí, afrontan la lucha por el derecho a la autodeterminación que Marruecos les arrebató en 1975 con una invasión a hierro y fuego. Bastaría que escuchasen a alguna de ellas, por ejemplo a Jira Bulahi (estos días de gira por España con motivo del día Internacional de la Mujer) para entenderlo sin más. La actual ministra del gobierno de la RASD es uno de los tantos ejemplos del importante papel que las mujeres saharauis han jugado en lo que en el Sáhara se llama “la causa” a secas, sino también, como motor de la capacidad de transformación de la sociedad saharaui en ese reto que ellas, muy especialmente, tienen de mirar hacia delante sin dar la espalda al pasado, conjugando tradición cuando esta sirve para el futuro, y liderando el cambio, cuando la tradición les impone barreras.

La propaganda del anexionismo marroquí asegura que el Frente POLISARIO coquetea con el yihadismo de Al Qaeda y que, si el Sáhara llegase a ser independiente, se pasaría al bando de los estados islamistas radicales. Sin embargo, las mujeres saharauis son la demostración viva de cómo, dentro del amplio mundo musulmán e, incluso, magrebí, el pueblo saharaui constituye un caso muy especial, a la hora de conjugar creencias religiosas con libertades y derechos, incluidos los de la mujer.

Una vez, al preguntarle a Jira Bulahi cómo se fraguó la incorporación de la mujer a la acción política del movimiento de liberación saharaui, me contestó riendo: “Uf, eso viene de mucho antes de la invasión marroquí. Cuando empezó la lucha por la independencia en tiempos de la colonia española, mi madre ya lanzaba panfletos por las calles de El Aaiún que llevaba escondidos bajo los pliegues de la mel y cosía, a escondidas de su familia, banderas del Polisario” . La anécdota familiar era un buen ejemplo no sólo de la veteranía de la presencia de la mujer en la lucha saharaui, sino de cómo este papel nunca había sido el de un mero elemento decorativo, ni había sido subsidiario o condicionado por las decisiones y orientamiento político de sus maridos, padres o hermanos.

“Las saharauis no sólo somos madres, esposas e hijas de combatientes que los marroquíes no han podido doblegar sino también activistas de derechos humanos, sindicalistas, manifestantes y sospechosas de estar en primera línea en una batalla política”, contaba Jira. “No es nada nuevo porque las saharauis, aunque seamos musulmanas, no tenemos nada que ver con ese tópico de la señora encerrada entre cuatro paredes porque, entre otras cosas, no hay ningún precepto en el Corán que justifique el maltrato o la discriminación de la mujer que es cosa del islam que venden ciertas dictaduras políticas para justificar su opresión sobre los pueblos”.

Mujeres luchadoras e independientes
Por aquel entonces (finales de los ochenta), todavía no habían saltado al escenario Aminetu Haidar y muchas otras mujeres saharauis que hoy se han convertido en símbolo y ejemplo de esta activismo político. No había móviles ni Internet que, como ocurre ahora, pudiesen romper el cerco de silencio y el aislamiento en el que los marroquíes mantenían el Sáhara bajo su control, impidiendo la salida a los saharauis y la entrada de los viajeros. No había noticias de lo que allí ocurría que no fuesen las de la propaganda polisaria que tampoco tenía noticias de lo que estaba sufriendo Aminetu Haidar y otros desaparecidos saharauis, entre ellos muchas otras mujeres, que, como ella, luchaban por sobrevivir en las cárceleas secretas marroquíes.

Mi duda era por qué, si la mujer era tan importante para la lucha política como decía Jira, no era visible en el organigrama de un movimiento de liberación del Polisario que se había autoproclamado progresista desde su fundación, ni de la RASD, la República Árabe Saharaui Democrática proclamada en 1976. Resultaba sospechoso que, cuando los periodistas españoles pedíamos entrevistar a una mujer con responsabilidades en el partido, solíamos acabar siempre en la jaima de Jira, como si no hubiese otra. “Es que ella habla muy bien español”, nos decían. Sí, efectivamente, lo habla como si fuese castiza de Chamberí pero, ¿nos podíamos contentar con esta explicación o ella era sólo la pieza bien aleccionada del muestrario propagandístico?

Mujeres que conducen y comercian
Cuando más tarde viajé a Mauritania, adonde muchos saharauis dvan y vienen de los campamentos aprovechando los estrechos vínculos familiares, culturales y tribales que siempre han existido entre un lado y otro de la frontera saharaui-mauiritano, comprobé que, efectivamente, la mujer saharaui no responde a ese estereotipo de la mujer musulmana recluida en el hogar. Ni siquiera lo es la mujer mauritana pese a no haber avanzado tanto, dicen en los campamentos, como las saharauis del Polisario (algo bueno tenía que tener la lucha por la causa, suele ser la explicación).

En esta parte del Magreb, las mujeres conducen coches, sin tener que montar una campaña de desafío al poder y arriesgarse a recibir latigazos u otras penas, como ocurre en Arabia Saudí. Son mujeres, efectivamente, a las que no se puede encerrar en casa ni siquiera después del matrimonio y que, si se divorcian tanto por decisión propia o del cónyuge, suelen volver a casarse sin problemas. Son muy activas en el comercio, afición tradicional de las tribus moras, contribuyendo a las buenas cifras de compras con origen en Mauritania en las islas Canarias, ya sea con el método más socorrido de las maletas-gigantes que surten los puestos en los mercadillos o, las que tienen más medios, llenando contenedores de artículos de todo tipo que, desde Mauritania, lanzan a los circuitos del pequeño comercio transahariano.
Ataviadas con sus elegantes melfas, a cara descubierta y sin contar necesariamente con el marido, las mujeres mauritano-saharauis comerciantes más pudientes van y vienen desde Mauritania a Londres, Dubai o Hong Kong, en busca de mercancía. Lo mismo hacen las mujeres saharauis que viven o que logran trasladarse desde los campamentos de Tinduf a Mauritania, es decir en cuanto se desenvuelven en una “situación normal” que consiente hacer planes a corto y medio plazo.

Volví a encontrarme con Jira Bulahi en los campamentos mucho después del establecimiento del alto el fuego de la ONU en 1991. Su casa ya no era una jaima de tela, sino una de esas casitas que se han ido levantando en los campamentos de refugiados ante la evidencia de que la misión de la ONU que debía haberles devuelto a sus auténticas casas en el Sáhara Occidental, había encallado y tocaba seguir esperando.

Jira, curiosamente, no estaba ejerciendo ningún cargo. Había habido noticias (unas ciertas, otras falsas), de marginación en el aparato político del POLISARIO de saharauis discrepantes con la cúpula del movimiento. Así que no habían faltado los rumores que aseguraban que Jira hubiese sido una de las víctimas de estas batallas. Al encontrarnos, tuve la oportunidad de preguntarle a Jira por qué no estaba en la política activa y me contestó más o menos que no había abandonado, sino simplemente se había tomado un “sabático”.

“Más adelante volveré”, me dijo. “El día a día en los campamentos es una vida precaria que no le deja tiempo a la mujer para la política. Cualquier problema que en Madrid sería fácilmente solucionable, como una infección en los ojos de un niño, muy habitual con la polvareda de la hammada, aquí se convierte en un sin vivir. Mi padre acaba de fallecer, tras una larga enfermedad que nos ha exigido estar día y noche pendientes”, dijo con una mirada que se puso inequívocamente triste. “Estoy agotada. Me tomaré un descanso y volveré. Para que la mujer avance tenemos que estar ahí, no podemos quejarnos de que los hombres no nos hacen hueco, si nos quedamos en casa”.
En el 13º Congreso del Frente Polisario del pasado diciembre, Jira Bulahi fue elegida miembro del Secretariado Nacional del Frente Polisario y ministra de Formación Profesional y de la Función Pública de la RASD.

P.D. En mi opinión, los cargos políticos que ahora recaen sobre la dirigente del Polisario Jira Bulahi son lo de menos. Esta tarde hay una buena oportunidad de escucharla y recabar sus impresiones sobre la situación en los campamentos y otras muchas cosas a las 19.00 horas, en el Conde Duque de Madrid: pinchando aquí, está la convocatoria.

jueves, 1 de abril de 2010

SÁHARA OCCIDENTAL, LA ÚLTIMA COLONIA DE ÁFRICA



Lista de las últimas colonias en la pág. 308 de una de las ediciones del ABC de Naciones Unidas

Canarias, Chafarinas, Ceuta, Melilla, Madeira (que por cierto es de soberanía portuguesa y no española)...He visto en los comentarios a mi celebración del aniversario de la independencia de Namibia en kaosenlared que hay quienes consideran incorrecto decir que el Sáhara Occidental es la última colonia de África. Por lo visto creen que quedan más territorios en este continente sin descolonizar. Son opiniones personales muy respetables pero, en derecho internacional, política, justicia o periodismo, la opinión personal no siempre vale.

Un ejemplo: al día siguiente de que la bandera de la independencia se izase en Namibia el 21 de marzo de 1990, Ahmed Alaoui, entonces ministro de Estado marroquí sin cartera, portavoz oficioso del rey Hassan y director político del diario Le Matin du Sahara, publicó un editorial en primera página en el que afirmaba que, tras la independencia de Namibia, todavía quedaban vestigios de colonialismo en África y que éstos eran Ceuta y Melilla.

Por supuesto, según el punto de vista muy personal de este ministro del rey Hassán II, Ceuta y Melilla eran las últimas colonias de África y no el Sáhara Occidental que, de acuerdo a la doctrina oficial alauita fue descolonizado en 1975 gracias a la (para ellos) gloriosa Marcha Verde que forzó la salida de los españoles del territorio. Es decir, que por lo que se refiere al Sáhara (sostienen los marroquíes), ni penúltima, ni última colonia africana.

El ministro y su Rey tenían derecho a opinar (suponiendo que se hubiesen limitado a editorializar pacífica y democráticamente) pero su problema es que en la ONU seguían (y siguen) considerando que el Sáhara no es marroquí y que el territorio sigue sin haber llevado a término su proceso de autodeterminación. Por eso, los guardianes del derecho internacional no han dejado de incluir el Sáhara en la lista de Territorios No Autónomos (pendientes de descolonizar).

He de deducir por algunas de las reflexiones de los lectores que Alaoui olvidó este detalle nada personal y se centró en lo de Ceuta y Melilla embebido por un sentido espíritu internacionalista y revolucionario y no, como dicen los malpensados, siguiendo esa vieja tradición con la que Marruecos y sus aliados suelen tener a España a raya aireando la velada amenaza de que, como se le ocurra mover ficha a favor del Sáhara, tendrá que vérselas con una nueva Marcha Verde o un Perejilazo contra Ceuta, Melilla e, incluso, las islas Canarias.

De todos modos, por si acaso me falla la memoria, he vuelto a repasar el Abc de las Naciones Unidas (editada por la ONU) y, en la lista de Territorios No Autónomos (pendientes de descolonizar), no están ni las Canarias, ni las Chafarinas, ni Ceuta o Melilla, ni Madeira. En la casilla correspondiente a África sólo hay un territorio: SÁHARA OCCIDENTAL. Así que los que crean que la lista se queda corta y no hace honor al internacionalismo y el noble espíritu de la revolución tendrán que poner una reclamación a la ONU.

Lo curioso es que ni los ministros marroquíes, ni los demás revolucionarios del internacionalismo mundial se acuerden nunca de reivindicar la descolonización o liberación de Gibraltar, la única colonia (tal como reconoce la ONU y el derecho internacional) que queda en Europa. Por eso, a diferencia de Ceuta, Melilla, Chafarinas o islas Canarias, Gibraltar sí está incluida, al igual que el Sáhara Occidental, en la lista de Territorios No Autónomos de la ONU. La culpa de este olvido seguramente la tiene lo poco estético que resulta para la causa revolucionaria reclamar el cumplimiento del derecho internacional a favor de España tirándole las orejas a la muy progre Inglaterra. Quizás, si la Montaña de Tarik se encontrase en la otra orilla del Mediterráneo, la cosa cambiaría. Es que, a veces, hasta a la geografía le da por ponerse facha...

sábado, 27 de febrero de 2010

REUNIÓN EN NUEVA YORK: EL SÁHARA EN LA PRENSA ESPAÑOLA ( y II)



Manifestación por el Sáhara en Madrid, en diciembre de 2009.

D
esde un punto de vista estrictamente profesional hay otro detalle sobre la información que se dio en relación a las conversaciones en Nueva York entre el POLISARIO y Marruecos que llama poderosamente la atención a cualquier periodista que conozca la cocina de un periódico: la gran mayoría de los diarios que dedicaron un espacio al término y balance de la reunión, utilizaron como materia prima despachos de la agencia de noticias española Efe y, en concreto, una nota procedente de la delegación en Nueva York titulada: “Marruecos: `Argelia es la clave en las negociaciones sobre el Sáhara”.

Esta información de la principal agencia española reproducía las declaraciones que el representante del rey Mohamed VI (el ministro marroquí de Exteriores Taieb Fassi Fihri) hizo al término de la reunión en una rueda de prensa cuya idea fuerza es que la culpa de que el conflicto del Sáhara español no se acabe es de los independentistas (el Frente POLISARIO) y, sobre todo de la pérfida Argelia que los apoya. De ahí se explayó el ministro al resto de las variantes de esa tesis del argumentario anexionista que sostiene que el Polisario es un títere manejado por sus envidiosos vecinos argelinos para impedir que un Gran Marruecos les haga sombra.


El éxito que tuvo el ministro marroquí se refleja en la fidelidad con la que los diarios que recurrieron a esta información apenas variaron el titular elegido por la agencia obteniendo resultados muy similares. Por ejemplo: “Argelia es la clave en las negociaciones sobre el Sáhara”; “Marruecos ve en Argelia “la clave” para negociar sobre el Sáhara o “Marruecos: Argelia es la clave en las negociaciones sobre el Sáhara”…


Puede que, como el comunicado de Ross y los no resultados de la reunión no daban de sí para titular (realmente nada titulables), la mayoría de los diarios buscasen algo más saleroso y lo buscaron, como se suele hacer, en los comentarios que a veces hacen los protagonistas de determinado evento una vez fuera de la sala de los misterios. Puede además, que el ministro marroquí le ganase la mano ese día con su ingenio y reflejos a los representantes del POLISARIO que no acertaron a ofrecer una frase con igual garra e interés para que acabase en un titular. Pero, tanta repetición y similitud entre diarios supuestamente competidores, da qué pensar en unos momentos en los que las redacciones bullen intentando resolver el enigma que alimenta una de sus tantas crisis: qué es lo que buscan los lectores que abandonan la prensa seria (la tradicional con origen en el soporte de papel) para buscar nuevas emociones en la era Internet.


Indudablemente, a esta uniformidad contribuyó el que la mayoría de los diarios no enviasen a alguno de los suyos al lugar de los hechos, situado en Armonk, a menos de una hora de la Gran Manzana donde todo diario serio que se precie tiene a por lo menos a un colaborador de confianza. La presencia de un enviado especial a pie de obra siempre ha sido reflejo del interés especial que una publicación tiene con determinado tema o evento (me refiero a los previsibles como esta reunión) frente a los asuntos menores para los que basta con las agencias. También hay que decir que lo normal en la prensa tradicional ha sido hacer lo posible por tener el mayor número de informaciones firmadas por redactores de la casa: se supone que una firma propia indica al lector un valor añadido frente a los competidores que se tuvieron que contentar con lo que tienen todos (las agencias).


Vale, los malditos recortes de gastos introducidos en los periódicos por la crisis económica obligan a ser muy estrictos con los desplazamientos del personal y el pago a colaboradores y, además, ese día 12 (final de la reunión) hacía un día de perros en Nueva York por ese impresionante temporal de nieve que fue noticia en todos los telediarios. Eso sin contar con que en la era de Internet, un especialista (un periodista que sigue determinado tema habitualmente) tiene medios para poner el oído allí donde las restricciones económicas le impiden llegar y, en principio, su credibilidad no tiene por qué quedar menoscabada. Puede hacerlo desde cualquier parte del mundo excepto desde Marruecos porque, a estas alturas es archisabido que un corresponsal español corre el riesgo de ser expulsado si al hablar del problema del Sáhara no lo hace como le gusta al rey Mohamed.


Hay, sin embargo, otro problema a destacar en cómo se utilizó la información de Efe y es el uso exclusivo de esas declaraciones del ministro marroquí para llenar el hueco dedicado a la reunión. Con ello, prácticamente sólo quedaba reflejada una voz, la del anexionismo marroquí y eso no es muy equilibrado que se diga en una redacción estrictamente informativa como es la de ese género periodístico que llamamos noticia. Como mínimo falta la versión de la otra parte en el conflicto.


La culpa en este caso no es de Efe, de esa faceta de agencia estatal que la pone en conexión directa con la sintonía promarroquí de Moratinos. Aún suponiendo que no hubiese mejor título que el brindado por la gran frase del ministro marroquí, hay fórmulas para sortear esas carencias y reequilibrar la noticia. Es algo más laborioso porque, en lugar de un corta y pega integral de un único texto (qué maravillosa diferencia con los tiempos en que las agencias llegaban en papel y no directamente a la pantalla del ordenador), obliga al editor al que le haya tocado la tarea perder un poco de tiempo con una labor de encaje más fina en la que se toma sólo una parte del texto con el que se titula. Así queda espacio para enriquecer o completar con material de documentación, unas declaraciones de la otra parte logradas con una llamada de teléfono o con otros corta y pegas de otras noticias de agencias relacionadas. Es lo que hizo uno de los diarios de la muestra que, a pesar de firmar con la agencia Efe, le dio un aire distinto al tema con algunos añadidos y destacados (títulos cortos) que hacían referencia al “enrocamiento de Marruecos” y el impacto que ha tenido el Haidargate en la trastienda de la batalla diplomática por el Sáhara.


Además, aunque los medios que se inclinaron por el método rápido no hubiesen tenido ni Reuters ni France Presse (son lo último que se recorta), hay que decir en defensa de nuestra agencia oficial que ese día ofreció un amplio surtido de cables relacionados con el conflicto del Sáhara.


Por ejemplo, no hubiese estado de más restarle algún párrafo al ministro marroquí para incluir al menos uno, de otra noticia que ese día Efe tituló: “Las minorías del Congreso piden suspender la cumbre entre Marruecos y la Unión Europea” . Como también se le podía haber dado algo de bola a la otra redacción dedicada por la agencia sobre el apoyo de EEUU a la reunión, con poca chicha hay que decir, pero curiosilla por eso de que se tomen la molestia en Washington de darse por enterados del evento.

Tampoco tuvo gran éxito otro cable de la agencia que ese mismo día anunciaba en su título que “Marruecos devuelve su documentación a grupo saharauis que intentó viajar a Tinduf”, y eso que era una noticia positiva para Marruecos. Alguno de los diarios que el día 12 la ignoró, la publicó en cambio tres días más tarde, lo cual viene a demostrar que la noticia tenía su interés.

Ya que estamos, también se podía haber incluido un parrafito de la otra curiosa información de Efe, fechada en Nuakchot que se tituló “Mauritania transmite a la ONU su “total neutralidad” en el conflicto saharaui” y que hace referencia a las dudas sobre un posible cambio de postura de Mauritania sobre el tema que surgieron con un viaje del embajador de Mauritania en Rabat (Chej El Avia Uld Mohamed Juna) hace dos meses al Sáhara ocupado. Es un desmentido de los rumores que desataron sus declaraciones sobre “los esfuerzos de desarrollo desplegados por Marruecos”, lo cual da la idea de lo necesario que ha sido por el régimen mauritano aclarar una confusión que viene ligando los rumores de cambio de postura de Mauritania sobre el Sáhara a una reorientación promarroquí impulsada por los militares que hace un año derrocaron al gobierno elegido en las urnas…


Y con la bronca política que tenemos montada entre PSOE y PP, en la que cualquier asunto sirve de pretexto a los partidos para animar el circo mediático, lo sorprendente es que ningún medio de derechas tuviese la mala idea de sacarle punta a esas declaraciones del delegado saharaui en Canarias sobre el papelón de Felipe González haciendo de relaciones públicas al demócrata de Mohamed VI…Ya sé que a Antónia y a Conx les pide el cuerpo que el análisis continuase con las noticias que no se han dado esta semana sobre la pesca ilegal y los saharauis en huelga de hambre pero la muestra elegida para la ocasión se limita a la reunión sin resultados de Nueva York. Y en cuanto a los artículos de opinión u análisis colaterales, ahí entramos en otro género periodístico. Para otra vez ¿os parece?

lunes, 8 de febrero de 2010

¿QUÉ ES UN ESTADO FALLIDO?

La situación en Somalia o en Haití han puesto muy de moda el peligro que entrañan los estados fallidos para la suerte de sus poblaciones y la comunidad internacional, y en particular para los países vecinos. Los aliados españoles de la política expansionista de Mohamed VI, ya sean del PP o del PSOE, lo están aprovechando a conciencia, especialmente después de que la batalla librada por Aminetu Haidar en Lanzarote diese al traste con algunas de las más valiosas piezas de su argumentario a favor del abandono del Sáhara, especialmente las que giran sobre el eje de de que la generosidad y ayuda a Mohamed VI, tienen asegurada la reciprocidad.


Efectivamente, Ernesto lleva razón en su comentario, se impone un análisis de los fundamentos, desarrollo y consecuencias de esta profecía promarroquí (un Sáhara independiente se convertiría inevitablemente en un estado fallido) que persigue agitar el miedo de quienes tienen cogido el tema con alfileres y convertir en un interés nacional el abandono definitivo del pueblo saharaui. Seamos realistas, cuando se habla de estado fallido, la mayor parte de los españoles conectan con la descomposición de Somalia y la visión de una enorme cueva de piratas cortocircuitando el tráfico marítimo a tiro de piedra de las Canarias, da un ropaje de mucha sensatez a quienes defienden que nuestro interés nacional estriba en evitarlo, aunque sea a costa del sacrificio del muy noble pueblo saharaui. De ahí a convertir en un acto de patriotismo la renuncia al ejercicio de nuestras responsabilidades internacionales, es cosa hecha.


Así que, poco a poco, pero me he puesto a ello. La cuestión es de lo más compleja y, lo admito, tengo una enorma facilidad para distraerme del objetivo principal y divagar. Por ejemplo, como una es muy metódica, lo primero, es empezar por definir qué es un estado fallido. Un amigo, de los que está convencido de que el presidente Chávez lleva razón y que el terremoto de Haití ha sido provocado por un arma secreta del imperialismo yanki, me ha sugerido que echase un vistazo a la definición de Noam Chomsky, el famosísimo lingüista, filósofo, escritor y analista político norteamericano (Filadelfia, Estados Unidos, 1928).


Se me ocurrió que el recurso a Chomsky, tan alabado y admirado por la izquierda y más desde que Chávez aconsejase su lectura a toda la ONU, podría además aportar alguna luz sobre el pensamiento de Zapatero (al que el intelectual americano ha alabado con mucho entusiasmo), Moratinos y, sobre todo, Máximo Cajal. Sí, porque el asesor de Zapatero para la Alianza de Civilizaciones tiene en común con este venerado académico, además del rescate de la llamada memoria histórica, el defender que no debería haber impedimento para que Irán tenga armas nucleares lo cual me parece una interesante pista en materia de política exterior zapatista y sus puntos de referencia, que es a lo que vamos.


Pues dice “el activista tenaz y sempiterno idealista”, que “estado fallido es el que no logra suministrar seguridad a su población, garantizarle derechos dentro y fuera del país o mantener el funcionamiento (no meramente formal) de las instituciones democráticas”. Inevitable pensar en Haití donde derecha e izquierda han acabado coincidiendo en que el fracaso del estado ha sido lo que ha disparado el efecto asesino de la escala Richter a pesar de que la gran diferencia entre las dimensiones del drama en los barrios ricos (mínima) y pobres (inenarrable) podría ser interpretada como un elemento a favor de las tesis conspirativas de Chávez (todo estuvo planeado y la clase capitalista fue debidamente alertada por sus protectores en Washington).

Lo sorprendente es que llegados a la unánime conclusión de que gran culpa de la tragedia humanitaria en Haití tiene que ver con su condición de estado fallido, a nadie se le haya ocurrido remediar el asunto proponiendo su suspensión de la lista de estados soberanos o promover su unión a la República Dominicana para acabar con una división de la isla La Española introducido por las intromisiones coloniales…


Todo lo contrario, he repasado atentamente las crónica de los enviados especiales en El País, y allí hasta María Teresa de la Vega ha ido a decir que “ni España ni la Unión Europea les vamos a fallar a los haitianos”, cuidando de no meter el dedo en la llaga del fracaso institucional. En todo caso, cuando desembarcaron al escenario del desastre las tropas norteamericanas, hubo quien tuvo mucho cuidado en alertar sobre una posible invasión y anexión del imperialismo yanki para dejar sentado que Haití es un “país soberano” y “lo está haciendo lo mejor que puede”. Dicho sea de paso, los que más suspicaces se pusieron con los soldados enviados por Obama para abrir paso a la ayuda internacional y, sospecho, con los aplausos de entusiasmo de los ciudadanos de Haití (que quizás se hicieron ilusiones de que los iban a anexionar), fueron los diplomáticos franceses.

Lo lógico es que la diplomacia gala, que desde 1974 viene advirtiendo que el Sáhara español no reúne condiciones para ser un estado independiente, esté tan aprensiva con una hipótesis no verificada pero, en cambio, no aplique su diseño de “mejor grande que pequeño” con un estado que sí hemos comprobado ha fracasado. Pero ya se sabe, que el diseño geopolítico varía en función de que el patrón esté destinado a un miembro de la hispanidad o de la francofonía.

Volviendo a Chomsky, a modo de explicación para que Ernesto comprenda lo de mi imperdonable lentitud. Pues voy y saco de la biblioteca el libro que parece estar hecho a la medida de mis necesidades (Estados fallidos: el abuso de poder y el ataque a la democracia) y resulta que su autor dice que el mayor estado fallido del mundo no es ni Somalia, ni Haití, ¡sino EEUU! Todo tiene una explicación: sostiene Chomsky que la democracia estadounidense es más falsa que un duro de madera porque, en realidad, sólo cumple con los objetivos e intereses de una minoría, los de sus élites, dando la espalda a la voluntad de la inmensa mayoría. Para probarlo, pone entre otros ejemplos el de la resistencia de las élites (sometidas a la industria farmacéutica) a poner en marcha una asistencia médica como la que tenemos en España y que, se supone, es prioridad urgente para la gran mayoría del pueblo americano.

Miro la fecha de publicación de la obra (2006) y no puedo evitar preguntarme qué pensará Obama de estas predicciones ahora que ha descubierto a costa del hundimiento de su popularidad lo equivocado que estaba Chomsky al apostar porque el pueblo americano cerraría filas con él en la reforma sanitaria frente al enemigo del gran capital. Quizás de ahí la decisión de Obama de viajar menos y centrarse en la oración.

lunes, 11 de enero de 2010

EL INQUIETANTE PATRIOTISMO DEL EMBAJADOR CAJAL



Manifestación en Madrid el pasado 19 de diciembre tras el regreso de Aminetu a El Aaiún.

Los marroquíes deben de estar que trinan y han pedido a sus peones en España que hagan algo para acabar con el para ellos maldito efecto Haidar, que se movilicen o…No hay otra explicación para que un embajador como Máximo Cajal se pringue de forma tan poco fina y elegante con los más rancio del argumentario de los sultanes alauitas, haciendo suya incluso la artillería con que la diplomacia marroquí hizo pinza con el Reino Unido contra la España de Franco en la cuestión de Gibraltar con la esperanza de que, atornillando por ese lado (menuda obsesión la de la diplomacia franquista con La Roca, decían), el Sáhara, Ceuta, Melilla e, incluso las Canarias caerían como fruta madura en su cesta de la reivindicación de un gran Magreb.

La desesperación se lee entre líneas en las contradicciones que enlaza una invocación de patriotismo (el supuesto interés nacional en tema de seguridad) en boca en un diplomático que ya se hizo famoso hace años al ponerse del lado de los intereses marroquíes en la cuestión de Ceuta y Melilla, defendiendo su supuesta marroquinidad, como si en lugar de embajador de España estuviese al servicio del sultán alauita.

Su falso patriotismo tiene un objetivo, tocar la fibra sensible de los españoles que empiezan a sufrir una indigestión de buen rollito para defender la entrega del Sáhara a Marruecos disfrazando la tergiversación con la razón de estado o, para adecuarnos a su invocación a Maquiavelo, de ese supuesto fin cuyo logro justifica los medios, sean cuales sean. Por eso, además de meter en su coctelera todo el argumentario promarroquí del realismo a lo Van Walsum y de las ONG de prevención de estados fallidos, apunta a una proposición que, como diría el Padrino, ningún español en su sano juicio puede rechazar: la de tener garantizada la seguridad de su casa.

Después del desastre sufrido por el efecto Haidar, lo más aprovechable de lo que ha quedado en pie del argumentario promarroquí es la tesis de que un estado independiente saharaui sería un problema añadido a los muchos que ya tiene España. En este ataque de rabioso patriotismo el secuestro de tres cooperantes españoles en Mauritania por la supuesta sucursal de Al Qaeda en el Magreb se esgrime como ejemplo de lo que se nos vendría encima con un estado saharaui independiente. Es más, dicen, eso sería sólo el principio, lo peor está por venir.

Así que, en nombre de los intereses nacionales, ahora toca convencer a los españoles de que un Gran Marruecos frente a las costas de Canarias va a garantizar nuestra seguridad a pesar de que ya tenemos más que comprobada la insaciable voracidad del expansionismo alauita que, en cuanto consigue uno de sus objetivos (Tarfaya, Ifni o Sáhara, por ejemplo), lo primero que hace es olvidar las promesas que hizo al Gobierno de turno para que España suelte la presa (acuerdos comerciales incluidos) y pedir más. Toca también poner mucho énfasis en que Argelia tontease con el independentismo canario sin aclarar que ello tuvo que ver con una pataleta por la mala pasada que le jugaron los franquistas en 1975, favoreciendo a Marruecos con la entrega del Sáhara, y que quienes de verdad reivindican las Canarias como suyas son los marroquíes. De paso, también se omite que para defender que las islas afortunadas son suyas, el marroquí de a pie tiene muy interiorizado el argumento de la proximidad del archipiélago a sus fronteras (las que todavía no incluyen internacionalmente el Sáhara) y que la marroquinidad del Sáhara acortaría la distancia y fortalecería sus pretensiones.

Toca también decir también que los españoles tenemos que pasar de los problemas fronterizos entre Marruecos y Argelia, mintiendo doblemente porque ello supone convertir la cuestión del Sáhara en un asunto fronterizo y, de paso, ignorar lo demasiado cerca que está España del escenario de un conflicto que, inevitablemente, nos alcanzaría con su onda expansiva.

De acuerdo, rindámonos ante el buen criterio de un diplomático muy de izquierdas y seamos realistas. En el nuevo año que acaba de arrancar no pensemos más que en nuestros exclusivos intereses. Hagamos como que Marruecos y su colaboración son la garantía de nuestra seguridad olvidando que el férreo control de los servicios secretos marroquíes sobre sus ciudadanos (fuera y dentro del país) no nos aseguró la vacuna contra el 11-M; hagamos como que no nos hemos dado cuenta de que la seguridad es una baza adicional a la de la reivindicación de Ceuta, Melilla, las Canarias y las invasión de pateras, con la que los sultanes alauitas nos chantajean en cuanto no nos plegamos a sus exigencias; hagamos como que un conflicto tan cerca de nuestras fronteras no nos afecta o que podemos permitirnos el lujo de que se cierre en falso como si las chapuzas no abriesen las puertas a ese tipo de maniobras con las que los intereses espúreos del coltán, el petróleo y los diamantes lograron arrasar Sierra Leona Liberia, Angola, el Congo o Uganda manipulando los odios religiosos y tribales. ¿Estamos seguros de que estamos hablando de nuestros intereses?

Si estuviésemos hablando de Afganistán o Irak, dirían que no. Cuando se trata de frenar el terrorismo islámico en esas tierras lo primero que hacen es echarle la culpa del éxito de Al Qaeda a la injusticia, la pobreza y la tiranía que sufren las poblaciones. Es cuando toca hablar de cómo garantizar la seguridad en el Magreb, que cambian de chip súbitamente y venden la moto de que un régimen como el marroquí, que usa como método para imponer su autoridad la violación de las mujeres (tanto saharauis como marroquíes), es garantía de estabilidad y freno al terrorismo islámico.

Habría que investigar con los padres y hermanos de las chicas saharauis violadas delante de los suyos para que la vergüenza caiga sobre toda la familia para comprobar que, efectivamente, esta es la receta para cortarle el paso a las tentaciones de desquite que ofrecen a los desesperados los Bin Laden de turno; o a los de Hayat Erguibi, esa muchacha sodomizada por un policía con su porra, una de las pocas que se ha atrevido a revelar su deshonra públicamente; o a los de Zahra Budkur, la joven estudiante marroquí que lleva casi un año pudriéndose en una mazmorra por haber protestado por la mala calidad de la cocina en la universidad y a la que sus carceleros obligaron a permanecer desnuda mientras contemplaban cómo sangraba por su mestruación. Sí, seguro que no hay peligro de que estos padres y hermanos se echen un día al monte porque ya se sabe que los mismos que se baten el cobre contra el avieso racismo occidental para que la mujer inmigrante musulmana proteja su pureza bajo un pañuelo o un burka, están dispuestos a que vejen a sus hijas por el bien de nuestra seguridad.

Aún así, habría que plantearse otra cuestión. ¿Podemos dormir tranquilos con una seguridad gestionada por quienes violan, sodomizan y torturan a jovencitas y adolescentes sin que les tiemble el pulso? Véte a saber qué hay en la cabeza de quienes son capaces de esto y peor con tal de satisfacer a un sultán feudal al que, a su vez, no le importa que se viole, sodmice, torture y asesine a inocentes con tal de quedarse con una tierra que no es suya.

Desde luego nada que convierta en baza segura un concepto de seguridad que pretende culpar a Aminetu Haidar en particular, y a los saharauis en general, de la difícil situación en la que se hallan tres españoles en el Sáhara de Mauritania o Malí. No vaya a ser que en sus brutales y retorcidas mentes estos argumentos conviertan la inseguridad española en el factor con el que contrarrestar el “efecto Haidar” que, como reconoce el embajador Cajal, ha dejado muy tocado al régimen de Rabat.

martes, 21 de abril de 2009

ONGs para la prevención de los estados fallidos



El embajador Jaime de Piniés, en Nueva York con Adolfo Obiang Bikó, luchador por las libertades de Guinea en los tiempos de la colonia, y hoy luchador contra la opresión del dictador Obiang.


El argumentario promarroquí es un prodigio de elasticidad y versatilidad. Tiene sólo un principio inamovible: que el Sáhara Occidental acabe siendo de Mohamed VI, a costa de lo que sea (derecho internacional, lógica, intereses nacionales españoles, solidaridad con las víctimas de una ocupación ilegal…) A partir de ahí, el resto de los argumentos son de extrema flexibilidad y adaptación al medio. ¿Que toca vender la burra a la derecha? Pues se le dice al público al que se intenta conquistar que el Frente Polisario es un reducto del comunismo y de la guerra fría. ¿Que acto seguido hay que hacerlo con oyentes de la izquierda? Pues con la misma convicción los responsables del arsenal van y cargan munición muy pensada para tocar la fibra sensible de la memoria histórica y bombardear a la audiencia con datos que indiquen que lo de la independencia del Sáhara es un asunto de fachas. Y si la historia no da para ello, pues los amigos de Mohamed se encargan de reescribirla para que todo cuadre y la progresía acabe convencida de que, en este tema, lo avanzado y social es ser un forofo de una dictadura feudal como la que manda y oprime al otro lado del Estrecho.

Una de las ideas fuerza (como dicen los expertos en comunicación) sobre la que últimamente machaca el argumentario promarroquí es la de que a los españoles no nos conviene nada un Sáhara independiente porque se convertiría en uno de esos estados fallidos africanos que, al estar situado en un punto tan sensible de nuestro patio trasero (las islas Canarias, a media hora de avión), nos crearía un montón de problemas. La advertencia ha cosechado tal éxito en las islas afortunadas que, con la ayuda de empresarios muy desinteresados y sin ánimo de lucro, se está fraguando un nuevo movimiento solidario: la Organización por la Prevención de los Estados Fallidos (OPRESTAFA).

La iniciativa no contempla la promoción del buen gobierno, los derechos humanos, la democracia y la erradicación de las prácticas corruptas con las que los cleptócratas africanos matan de hambre a sus paisanos y les obligan a marchar en patera hacia las islas. No importa, en España somos muy originales y no solemos tener en cuenta lo que se hace o se dice en el resto del mundo, ni siquiera en temas de solidaridad humanitaria. Así que la nueva ONG ha ido cobrando impulso a medida que en las Canarias ha ido cundiendo el entusiasmo por los planes con los que Mohamed VI promete abrir puertas y nuevas líneas de negocio al archipiélago.

Lo que caracteriza al OPRESTAFA es la desenvoltura con la que sus promotores defienden que hay que negarles a los saharauis el derecho a pronunciarse sobre si quieren finalizar su descolonización con una independencia y, acto seguido presumen de mucha conciencia socialista y amor por el derecho internacional (el candidato socialista a las elecciones europeas Juan Fernando López Aguilar, por ejemplo).

A los que discrepan de su peculiar sensibilidad buenista, los administradores del argumentario promarroquí los acusan de padecer terribles males: desde el no comprender que la “historia no tiene marcha atrás” hasta pecar de rancio colonialismo y ser unos antimarroquíes. Justo como suelen decir en Rabat los del entorno de Mohamed.

En resumen: ellos, los promarroquíes, son muy progres y sensatos al defender la legalización de una invasión y ocupación colonial del Sáhara que todos los partidos de la izquierda condenaron en 1975, cuando todavía no habían descubierto que el franquismo que entregó el pueblo saharaui a sus enemigos tenía razón. Porque ésta debe ser, digo yo, la conclusión a la que han debido de llegar ahora para acusar de colonialistas a los que apoyan el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro libremente en un referéndum, tal como estableció la doctrina de la ONU en los años sesenta, cuando se fraguaron la mayor parte de las independencias que “liberaron del vasallaje colonial y nacional” (terminología ONU) a más de 50 países de África y Asia.

Tan seguros están del éxito de la OPRESTAFA que los proMohamed VI ni se preocupan del riesgo de que sus oyentes se pongan a pensar tres segundos y acaben sospechando de que la auténtica actitud colonial o neocolonial se anida en la soberbia con la que estos progresistas españoles se toman la libertad de suplantar la opinión y voz de los saharauis, sin contar con su voluntad. Mucho deben de confiar en el poder hipnótico de sus comunicadores en la alta política si creen que no se va a notar que esa preocupación por las malas consecuencias del fracaso estatal sigue una lógica muy parecida a la que enarbolaron las potencias colonizadoras para justificar su presencia en tierra ajena: evitarle a los pueblos que sometían las inconveniencias de seguir siendo víctimas de su propio atraso, que para eso estaban ellos con una cultura superior dispuestos a enseñarles mientras suplían su incapacidad de autogobierno el tiempo que fuese menester.

Aún suponiendo lo peor, que un Sáhara independiente no acabe cumpliendo las expectativas de los saharauis que persiguen este sueño de libertad, tendrán que ser ellos los que decidan con su futuro y no nosotros, ¿no?

No espero respuesta. Sé muy bien que a estas alturas del debate hemos llegado al momento mágico en el que los gestores del argumentario marroquí meten la mano en su chistera para sacar uno de los antídotos con el que neutralizar al contrario por la vía rápida de la descalificación: defender la legalidad internacional en el Sáhara es cosa de fachas.

Es lo que suele ocurrir. Una por ejemplo expresa ciertas dudas sobre el sospechosamente entusiasta empeño de los amigos de Mohamed VI por enviar una delegación parlamentaria al Sáhara (eso que escribí de las lanzas y la Eurocámara) y ellos van y contratacan con un: ¡cuidado con lo que dice ésta que ahí hay síntomas inequívocos de fachismo y “estúpida marrocofobia”!.

Yo tengo mucha paciencia y estoy dispuesta a explicarles a los de OPRESTAFA lo de la importancia de la consistencia diplomática, que dicen los ingleses, y de los precedentes en derecho internacional, las veces que haga falta, con datos y no con calificativos. Incluso con un caso práctico en los Balcanes (Kosovo) y administrado por una ministra muy progresista como la Chacón, por eso de cambiar de escenario. Aunque sabiendo lo poco que les gusta complicarse la vida a estos solidarios y, sobre todo, cómo se las gastan en su misión para tergirversar, soy consciente que lo más práctico será abrir un epígrafe en mi cubículo que diga: “Lo que dicen que dije”.

Hay que tener mucho cuidado con la fría impavidez con la que los procuentascorrientes de jerifaltes marroquíes (esas que prosperan con el expolio de la pesca, fosfatos y bienes saharauis) le hacen liftings a la historia para lograr la cuadratura del círculo. Confiados en que entre los solidarios con las víctimas saharauis son cada vez menos los nacidos antes de 1958 (cuando los planes de estudio obligaban a los estudiantes preuniversitarios a desarrollar el tema de las plazas y provincias africanas entre ellas el Sáhara), van y te explican, como si revelasen una exclusiva que hasta ahora sólo estaba al alcance de unos pocos privilegiados, que lo del derecho a la autodeterminación del Sáhara es un asunto que fabricó nada más y nada menos que el almirante Carrero Blanco. Sí, sí, el que el desaparecido y venerable historiador Javier Tusell (libre de la sospecha de fachoso), describió como “la eminencia gris del régimen de Franco”, es decir (en clave de memoria histórica), lo más facha del fascismo fraquista.

Lo mejor es que, haciendo ostentación de canas (que para algo tienen que servir), redondean la noticia con el “yo lo vi, yo estuve ahí” para advertirnos que en esa aviesa maniobra facha y marrocofóbica, el mano derecha del dictador Franco manipuló a los chiujs saharauis para que dejasen de sentirse marroquíes y deseasen la independencia.

Seguramente al almirante Carrero Blanco no le haría ninguna gracia acabar pasando a la historia como uno de esos rojos que él despreciaba por no comprender la misión civilizadora de España en África que él defendía con tanto ahínco en el Sáhara o Guinea Ecuatorial. ¡Con el trabajo (reconocido incluso por la diplomacia marroquí) que se tomó para convencer a todos quisqui de que el Sáhara, Ifni, Fernando Poo y Río Muni eran “provincias tan españolas como Tarragona, Salamanca o Málaga”! Y sí, sus servicios secretos utilizaron a los chiujs pero no precisamente para convencerles de lo que ya ellos sabían (que el Sáhara nunca había sido de Marruecos), sino para que no reclamasen el derecho a la independencia hasta que su pueblo estuviese preparado para no ser un estado fallido. Fueron esos servicios secretos los que estuvieron involucrados en la desaparición de Bassiri (único mártir saharaui del colonialismo franquista) que les incomodó organizando esa protesta con la que, en 1970, los saharauis más jóvenes expresaron su disconformidad con la complicidad de los jeques con las autoridades coloniales.

Pero si en el más allá hay conexión ADSL, indispensable para seguir ciertos debates ausentes de la prensa tradicional, no habrá espíritu más indignado por la atribución de una aureola de paladín de la independencia saharaui al almirante Carrero Blanco, que el del pobre embajador Jaime de Piniés.

Si alguien defendió abiertamente en el régimen de Franco que España debía cumplir con sus compromisos en la ONU y descolonizar de una vez las “provincias” africanas, fue él, Jaime de Piniés. Malo es no hacerle justicia porque sus buenos disgustos le costó hacer comprender a sus colegas que la idea no era suya sino de la comunidad internacional. Pero el colmo, es que se le quite el mérito para dárselo precisamente al señor que más le hizo sufrir por decir lo que debía: Carrero no se andaba con chiquitas y llegó a acusarle incluso de “abandonista” (de las colonias) y antipatriota, que en la jerga política del momento era como acusarle de traidor a la patria. ¡Como para acabar de cónsul en Siberia!


P.D. Por cierto, no trabajo en la COPE ni tengo ninguna relación laboral con esta emisora como han dicho algunos. Los que así lo han dado a entender, lo saben muy bien y si lo aclaro es para que quede en evidencia el poco aprecio que le tienen a la verdad. En todo caso, mi única condición a la hora de poner la firma en un artículo es que me dejen hacerlo como me enseñaron, con el compromiso a los valores que obligan a rechazar “cualquier presión de personas, partidos políticos, grupos económicos, religiosos o ideológicos que traten de imponer la información al servicio de sus intereses”. Algo que, desgraciadamente, en los medios españoles es cada vez más díficil de cumplir, especialmente cuando se informa sobre el Sáhara o Guinea Ecuatorial. Pero eso los redactores del argumentario promarroquí lo saben de sobra y por eso son tan osados.

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