Una mirada a África como tablero de la geopolítica internacional

domingo, 1 de agosto de 2010

ZAPATERO Y EL PROGRESISMO AFRICANO





La reunión del African Progress que se celebró el pasado día 12 en la sede del PSOE en la calle Ferraz en Madrid, da para reflexiones como las de Luis de Vega, las de Fernando Maura y muchas más. Ha habido mucho comentario sobre cómo es posible que Zapatero, Chaves y Leire Pajín hayan descubierto África y, sin embargo, ignoren el África hispana (con lo reducida que es) y las grandes carencias de progresismo que padecen los saharauis y guineanos.

¿Qué mejor oportunidad que una reunion organizada en Madrid y con el ANC, el partido de Nelson Mandela que Gobierna Suráfrica desde que cayó el apartheid? Como dijo Chaves si algo distingue al ideario de los líderes progresistas frente a "los partidarios del pensamiento único" es el "promover la igualdad de género, el apoyo a la democracia, la paz, la seguridad y la defensa de los derechos humanos”…

Para comprenderlo, hay que ponerse en el lado de los organizadores y de los objetivos que persiguen. Este tipo de iniciativas tienen como objetivo objetivo establecer "un foro permanente de diálogo" y "fortalecer las relaciones" entre países, gobiernos o partidos afines. Para que este “diálogo” prospere lo primero es contar con el mayor número posible de invitados ilustres (en este caso africanos) que, con sus aplausos, certifiquen que el anfitrión está en la ola. Para que el éxito sea completo, hay que asegurarse el poder contar en el futuro con nuevas reuniones sin que ocurra como con la Alianza de las Civilizaciones, grandes iniciativas que se quedan en punto muerto por falta de asistencia.
Tocar un tema tan sensible como son los derechos humanos en África entre tanto dirigente como el que hubo en Madrid, incluso con los muy “progresistas” no garantiza que los invitados vuelvan a su país contentos y, sobre todo, con ganas de repetir faena.

El ANC no está libre de pecado cuando se trata de defender la causa de los derechos humanos y la democracia en otros países africanos. Por ejemplo, se le reprocha a sus líderes ese papel de defensa a ultranza que están desempeñando con Mugabe, el octogenario que no afloja la presa del poder en Zimbabue, caiga quien caiga. Al papel de liderazgo regional que desempeña Suráfrica no le sienta nada bien esta debilidad que se sospecha tiene que ver con las deudas del pasado y el apoyo que el ahora denostado dictador Mugabe dio a la causa del ANC cuando este movimiento estaba condenado a la clandestinidad.

La verdad es que tampoco se le ha oído a los dirigentes surafricanos hablar muy fuerte contra Obiang y, de hecho, se dice que el chivatazo que alertó a la dictadura guineana de la llegada de Simon Mann y su supuesta unidad de mercenarios dispuestos a emular la gesta de los
Perros de la guerra, partió de los servicios surafricanos.

Sin embargo Obiang no es para el ANC un caso homologable al de Mugabe, al que se sienten obligados por agradecimiento a defender a capa y espada. A veces los Thabo Mbeki le han estrechado la mano a Obiang, pero ni siquiera la cuenta de beneficios de las petroleras surafricanas que se han abierto camino en la explotación del Kuwait africano han logrado para el cleptócrata guineano la misma comprensión que para su amigo Mugabe (él sí que habla muy bien de Obiang). Probablemente esa extraña neutralidad que consiste en un “no estoy contigo pero tampoco te voy a fastidiar” animó a Obiang a dar en Suráfrica su reciente discurso histórico, esa nueva edición del cambio del cambio que luego nunca cumple. Pero sin duda que al dictador guineano no le hizo ninguna gracia que el reverendo y premio Nobel Desmond Tutu, un peso fuerte en la lista de figures de peso en Suráfrica,
le aguase la fiesta haciendo lo que Zapatero no se ha dignado hacer, hablando alto y claro para que la Unesco no hiciese el ridículo

En cualquier caso, si alguna duda podrían tener los organizadores españoles del African Progress en relación a Obiang, seguro que el ANC no hubiese tenido ningún problema con un recordatorio a la causa del Sáhara que el partido de Mandela mima con mucho esmero, hasta en pequeños detalles como es la inclusion de la bandera de la RASD en los actos del Mundial de Fútbol. Como no fuese que Zapatero tuviese miedo a que algún amigo de Mohamed VI en la reunión
universal creando un premio científico financiado por Obiang a cambio de que inmortalizase su nombre. tuviese que sentirse obligado a salir en defensa del rey alauita…

Toda precaución es poca cuando hay tanto en juego y lo que importa es seguir avanzando. ¿Hacia dónde? Da la impresión que esto del African Progress le ha servido a Zapatero para ir calentando motores de cara a la cumbre de evaluación de la lucha contra la pobreza que la ONU celebrará el próximo septiembre. Lo sugiere esa amplia parte del discurso con la que Zapatero dedicó a los Objetivos del Milenio. Que si esta reunión de septiembre "va a ser una cita decisiva contra el hambre"; que si “lo mejor que ha hecho la ONU en su historia es elaborar y exigir los Objetivos del Milenio”, que si “aún se puede ganar” la lucha contra la miseria en el mundo”…

Y para rematar una promesa solemne: que nadie desfallezca que él se compromete a trabajar ante los líderes mundiales con la firme determinación que requiere "encontrar alguna fuente de financiación" para que la ONU cumpla sus promesas. La buscará dijo "desde el sistema financiero y exigiéndoselo al sistema financiero". No aclaró en qué consistiría este mecanismo pero seguro que tiene algo preparado para revalidar ese título con el que el cantante Bono le nombró en 2008 máximo líder europeo en la noble causa de la lucha contra el hambre.

viernes, 16 de julio de 2010

KAGAME Y LAS CLAVES DEL GENOCIDIO DE RUANDA

Las matanzas de Ruanda de 1994 siguen siendo un enigma sin resolver que levanta grandes ampollas. No hay más que ver la polvareda que ha levantado la visita a Madrid del polémico presidente ruandés Paul Kagame. Las ONG que se han movilizado para que Zapatero no reciba a Kagame acusan al dirigente ruandés de ser un genocida impresentable. Pero la historia no es así de simple.

Paul Kagame, evidentemente, no es un angelito y Zapatero debería aprovechar sus reuniones con él para seguirle pidiendo explicaciones sobre quién asesinó a los nueve españoles (misioneros y cooperantes) que se convirtieron en testigos incómodos. Pero dicho esto, un ángel no lo hubiese tenido fácil para sobrevivir a una guerra que se desencadenó con la matanza de tutsis y (no lo olvidemos) también hutus, que en abril de 1994 se llevó en pocos días a millón y medio de vidas, la mayoría a golpe de machete. A partir de ahí lo que se suele simplificar como un conflicto tribal (es, decir, una guerra civil) traspasó las fronteras del pequeño país de las mil colinas y se convirtió en un conflicto internacional que se extendió como una mancha de aceite a los países vecinos e implicó a otros, no fronterizos (Burundi, Uganda, el ex Zaire, Tanzania, Angola, etc). Pero, aunque esta es todavía una historia con muchos interrogantes, una cosa es segura: convertir a Kagame en el único responsable del genocidio ruandés (como dan a entender los resumidos antecedentes del "todoscontrakagame") es mucho simplificar. Es más, tener la certeza absoluta de que así fue, supondría acabar con el enigma.

Lo que sí es seguro es que la matanza ruandesa fue el punto de partida de un conflicto generalizado en el que llegó a ser difícil aclararse con el quién estaba con quién y que puso sobre la mesa, una vez más, ese desmembramiento del Congo (ex Zaire) que ya había hecho su primera intentona sobre el telón de fondo de la guerra fría en los años sesenta (justo estos días se han cumplido los 50 años de aniversario de la independencia de este gran país).

En menos de cuatro años, hubo cinco millones de muertos aunque, desgraciadamente, nadie hablaba de ello mientras en España todo el mundo se echaba a la calle electrizado con el “no a la guerra” por la intervención americana en Irak. Porque, sea dicho de paso, este Fuenteovejuna contra Kagame es una iniciativa de la sociedad civil inédita y sorprendente no sólo por la época del año poco propicia a las protestas callejeras, como por el tema, un conflicto de escenario africano en el que no hay americanos por medio (o eso parece).

El caso es que ahora la opinión pública española está más concienciada e informada sobre los largos tentáculos de los intereses de grandes empresas no africanas y su capacidad para mover los hilos de los odios tribales que en ciertas partes de África están tan a flor de piel como en los Balcanes, siempre a punto de prenderle la mecha a lo que es un polvorín. Ahora ya hablamos con cierta soltura de la guerra del coltán aunque todavía se deja en segundo plano o se obvia completamente (¿por ignorancia) ese otro gran enfrentamiento que larvó el conflicto de Ruanda que fue la rivalidad entre EEUU y Francia por el control de África y sus recursos.

En ese trágico ajedrez de guerras africanas el Frente Patriótico Ruandés (la guerrilla tutsi que lideraba Kagame) y la Uganda del presidente Yoweri Museveni (con el que Kagame había luchado cuando también él no era más que un jefe guerrillero) se convirtió con sus aliados ugandeses en el núcleo duro de una alianza anglófona y proamericana. O al menos así lo veían los que culparon a la guerrilla de Kagame de haber lanzado el misil contra el avión de los presidentes que desató la venganza de los extremistas de la etnia hutu que detentaba el poder en Kigali, que desembocó en una de las más matanzas más terribles de la historia reciente.

Precisamente porque esta cuestión de las amistades tiene un doble reverso, Kagame siempre ha negado que fuese él el culpable del atentado y siempre ha puesto su dedo acusador marcando hacia París, señalando al ya fallecido presidente Mitterrand y otros altos dirigentes franceses (Eduardo Balladur, Villepin, Vedrine) como cómplices de los responsables materiales de la matanza que había comenzado a prepararse mucho antes de que el misil se llevase por delante al presidente de Ruanda hutu, su colega de Burundi y los acuerdos de paz firmados en Arusha.

A partir de ahí, además de la guerra y nuevas matanzas, estalló una guerra mediático-judicial entre París y Kigali, con cada uno de los bandos buscando responsables del genocidio en el contrario. Desde luego, sin este genocidio Kagame no hubiese tenido el pretexto que necesitaba para tomar el asalto definitivo al poder. Pero, a la vez, está probado que si los extremistas hutus fueron tan eficientes segando vidas fue porque el plan de limpieza étnica había sido planificado minuciosamente y con mucha antelación, esperando sólo la señal de partida para ponerse en marcha. Quedan otros misterios por resolver como el por qué, al último momento, el presidente ugandés se bajó del avión bombardeado (salvando así la vida milagrosamente) o dónde fue a parar la caja negra del avión derribado que la prensa francesa publicó fue recogida por las fuerzas francesas que participaron la operación Turquesa.

No es un secreto que Francia fue en buena medida responsable del torpedeo con el que se favoreció la inacción de la ONU para evitar una catástrofe que se veía venir. Tampoco lo es que ayudó y alentó a la facción extremista hutu del entonces gobierno ruandés (francófono y muy en la órbita francesa) en su campaña racista y xenófoba con la que animaron a su gente a empuñar el machete contra el vecino. Y también es sabido que a Kagame no le falta razón cuando dice que la operación Turquesa, con el pretexto de crear una zona de seguridad con fines humanitarios, la utilizó Francia para facilitar la retirada de sus protegidos hutus, incluyendo los responsables del genocidio, que se colaron entre las hileras de refugiados que marcharon a países vecinos con el amparo de la ONU.

El caso es que no hay certezas sobre cuál es la cuestión clave, es decir, quién fue o quiénes fueron los responsables de la matanza que luego le sirvió a Kagame de pretexto para iniciar su propia guerra de venganza que le llevó hasta el vecino Congo y que, a su vez, aprovechó como coartada para el saqueo y la rapiña de las inmensas riquezas mineras del vecino.

Va a ser difícil que se haga la luz porque este drama africano ha salpicado a demasiados frentes. Ni siquiera la Iglesia católica, ni las iglesias Metodistas Libre, Presbiteriana, Bautista de séptimo Día (hutus/católicos frente a tutsis/protestantes) se han librado del reparto de culpas.

domingo, 11 de julio de 2010

EL SÁHARA, ESPAÑA, LA ROJA Y LA ROJIGUALDA


Foto de Ricardo Aznar.



Tal como lo contaban, daba la impresión de que la rojigualda había sido un invento de Franco para simbolizar con tres franjas de color el triunfo de su “cruzada”, su idea de patria y los logros de sus “40 años de paz”. Quizás por eso, en una de esas marchas con las que todos los años se recuerda el escándalo sin resolver de los acuerdos de Madrid de noviembre de 1975, al coronel Javier Perote tres jovencitos muy airados le arrebataron una de esas banderas que ahora andan agotadas en los chinos y se la dejaron hecha jirones, que el más grande era del tamaño de una tirita.

Menos mal que un admirador de los escritos y la perseverancia del coronel en la cuestión del Sáhara vio desde lejos la escena y acudió a tiempo para que la rabia de los jóvenes no tuviese alguna extraña ocurrencia con el asta de la insignia. Evidentemente ninguno de esos ejemplos de mala furia española sabían que el coronel tiene un historial que siempre le hizo ir de marciano por la vida, incluso en la confusion de los prolegómenos de la Transición, ni que él lleva en la causa del Sáhara, desgraciadamente para los saharauis, más años de los que el mayor de ellos podía llevar en la vida. De hecho, si a este coronel con alma de poeta se le había ocurrido ese día romper tabúes y llevar a una manifestación plagada de banderas saharauis, extranjeras y españolas (pero nunca una de la que debería ser la de todos), era precisamente porque eso le parecía un terrible contrasentido, además de un tremendo error estratégico para sumar apoyos a la causa del pueblo saharaui que es, al fin y al cabo, de lo que debía de tratar este tipo de actos solidarios.

Claro que ese día no estaba el horno para bollos porque también se le había ocurrido a algunos diputados del PP sumarse a la manifestación (todavía estaba vigente el giro prosaharaui de Aznar que había desembocado en el golpe de efecto de Mohamed contra el Perejil). En vez de alegrarse, algunos organizadores de la marcha procedentes del PSOE y UGT más purista, habían fruncido el ceño y se habían puesto muy nerviosos. Y en lugar de acogerles con un “ya era hora”, sólo les faltó expulsar a los recién llegados con un “fuera de aquí que esto es NUESTRO y no estamos para compartir causas con nadie”. Así que era normal que el mismo que, cuando vio a uno de los peperos aparecer (creo que era Moragas, ¿no?) y soltó lo de “¿pero y qué hace éste aquí?”, no hiciese nada a favor de la tolerancia ni del respeto de las canas y la libertad de expresión. Vio al coronel en apuros pero se limitó a un lavado de manos verbal de lo más contundente: “esa no es mi bandera”, le dijo a Perote.

Él tampoco debía de haber consultado la Wikipedia porque incluso ahí cuentan que la rojigualda no fue una creación artístico-patriótica del “Generalísimo”, sino que ya tenía más de 151 años cuando algunos generales organizaron su alzamiento contra la República en 1936 y que el Real Decreto que en 1785 aprobó el diseño que hoy causa furor gracias a la Roja ni siquiera arrancó de un deseo de exhibir grandeur, imperio o patriotismo sino de una necesidad de orden tan eminentemente práctico como era que no se confundiesen a los buques mercantes y de la armada (que llevaban un pabellón de armas reales sobre paño blanco) con los de Francia, Nápoles, Toscana, Parma o Sicilia. Todas estas naciones (Italia todavía no existía) llevaban entonces una insignia muy parecida por eso de que en cada una de ellas reinaban ramas de los Borbones y que el color blanco era seña de identidad de esta casa real. Así que Carlos III no dudó en pasar del blanco justificándolo así:

"Para evitar los inconvenientes y perjuicios que ha hecho ver la experiencia puede ocasionar la Bandera Nacional de que usa Mi Armada Naval y demás Embarcaciones Españolas, equivocándose a largas distancias ó con vientos calmosos con la de otras Naciones…

Por cierto, que también en la Wikpipedia podían haber leído los que tanto envidian a la bandera francesa que, a pesar de tanta revolución y guillotina contra la nobleza, en 1794 dejaron en la franja central el blanco no como símbolo de alguna pureza ideológica sino como lo que siempre había sido, el color de la monarquía. Cualquiera lo diría con un diseño que se aprobó un 27 de pluvioso de la I República…"

El caso es que el pobre coronel Perote debe de estarse preguntando si esos jóvenes puristas no serán de los que ahora andan buscando vuvuzelas rojas como locos. Dicen que la mayor parte de los que todavía no las tienen no se conforman con los argumentos con que en los chinos de Lavapiés están intentando hacer frente a su imposibilidad de responder a la demanda (ya llevan días agotadas), reciclando los poderosos rompetímpanos que les sobraron a los colegas de Italia con el pretexto de que nuestros héroes de la selección hoy van con de azzurros y no de rojos.

Pase lo que pase hoy, ojalá en las próximas marchas el coronel no tenga que mirar con envidia, por ejemplo, a los portugueses que, a pesar de sus generales y sus muchos más años de dictadura amiga de la de Franco, a la manifestación de diciembre para celebrar el triunfo de Aminetu vinieron a Madrid con una vistosa insignia nacional. Yo, por si las moscas, pregunté si formaban parte de una representación gubernamental. Un señor que era el portavoz de la Associação Amizade Portugal Sahara Occidental me dijo riendo que no, que en el grupo había representantes de la asociación solidaria, fuerzas políticas y sindicales de derecha, centro e izquierda que apoyan la causa saharaui en Portugal y que esa que llevaban con mucho orgullo es la bandera que, a pesar del salazarismo, les representa a todos.

En fin, que yo cruzo muchos los dedos para que gane la Roja porque, entre otras cosas es lo menos que puede hacer una que, además, tiene un trocito de alma en África. Porque, no nos engañemos, en el primer mundial en continente africano lo único africano (y a mucha honra) que quedó allí desde que fue eliminada Ghana, somos los españoles. Y no apetece nada que en el deporte de los oprimidos durante el aparheid, el que jugaban los presos de Robben Island como Mandela, les vayan a ganar en casa los descendientes de los inventores del credo que puso en práctica el régimen de la discriminación racial…De hecho, a los que todavía no la hayan visto, aconsejo no se pierdan Invictus, la película de Clint Eastwood sobre Mandela, la minoría afrikaaner (holandesa) y el dilema de cómo hacer una nación con el rugby, el deporte de los racistas blancos…

miércoles, 30 de junio de 2010

ESPAÑA Y FRANCIA: JUNTAS POR PALESTINA, JUNTAS CONTRA EL SÁHARA


Militante del referéndum prometido por la ONU a los saharauis bajo una bandera de la RASD.


Apuntes de verano (2)

En la web de Asuntos Exteriores me he topado en la sección de noticias con una información del 4 de junio con el siguiente título: “El Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación asiste a la clausura del coloquio “La Unión Europea, por una paz justa en Oriente Medio”. Se refería a un acto organizado por el Senado de la República Francesa y el ministro en cuestión, evidentemente, es Miguel Ángel Moratinos. Normal coincidencia pues Francia es una tradicional forofa de la causa palestina (tanto que Yasir Arafat eligió este país para lo que sabía iba a ser su última morada) y España, que también es ardientemente propalestina desde los tiempos del dictador Franco, tiene además de ministro de Exteriores a un rendido incondicional de la política francesa.


Acababa de ocurrir el incidente con la "Flotilla de la libertad" pero, según explica la web de Exteriores, el coloquio estaba planificado de antemano coincidiendo con el XXX Aniversario de la Declaración de Venecia del 13 de junio de 1980. Se supone por lo tanto que se iba a aprovechar la ocasión para recordar el contenido de esta declaración con la que la entonces Comunidad Económica Europea adoptó “una toma de posición fuerte y decidida frente al conflicto árabe-israelí”. En el texto de este compromiso, por lo visto, se reconocía a Israel el derecho a la existencia pero se dejaba muy clarito “que Europa no reconocía ningún hecho consumado ni en Cisjordania, ni en Gaza, ni en Jerusalén, y que toda forma de colonización era considerada ilegal a la luz del Derecho Internacional”.


Subrayo la alusión al Derecho Internacional que está en sintonía con lo declarado, por ejemplo, con la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, al calificar la reacción israelí ante la flota solidaria de "intolerable y brutal" señalando además que el ataque (defensivo, según Israel) era una "violación gravísima" del derecho internacional que atenta contra las conversaciones de paz y contra los esfuerzos de los últimos meses para lograr la estabilidad en Oriente Próximo.


Me pregunto sin embargo, qué hubiese ocurrido si el incidente del barco de simpatizantes, en lugar de producirse frente a las costas de Israel, hubiese tenido como escenario las aguas del Atlántico frente al Sáhara y, en lugar de simpatizantes propalestinos, se hubiese tratado de solidarios con la causa saharaui. ¿Hubiesen invocado los politicos españoles el Derecho Internacional?


Está claro que el PP de Rajoy, ni soñarlo visto lo que piensa su responsable de Exteriores Gustavo de Arístegui sobre el tema. A él seguro que incluso le parecería de lo más justificado que las fuerzas de ocupación marroquí utilizasen contra la hipotética flotilla de la libertad prosaharaui las armas que España le vende a Marruecos, (suponemos que para defenderse de los “terroristas” polisarios….) Y en cuanto al PSOE no se sabe por qué, lo que defiende el Gobierno de Zapatero con tanto entusiasmo en relación al conflicto arabe-israelí no lo aplica para el Sáhara. Bastaría con que en sus declaraciones sobre el conflicto saharaui los socialistas no reconociesen "ningún hecho consumado" en el Sáhara, y que "toda forma de colonización (de Marruecos) fuese considerada ilegal a la luz del Derecho Internacional”. O que dijesen algo sobre la expulsión de una cooperante española que, sospechamos, a Marruecos no le gustaba andase por ahí enseñando el español, idioma que la marroquinización de la antigua provincia sahariana tiene contraindicado para su programa de "integración" a la francofonía magrebí.


Ya sé, ya sé, Palestina y Sáhara no son exactamente el mismo asunto. Pero pongamos por un momento que, hablando del conflicto árabe-israelí, Moratinos soltase lo muy conveniente que sería para el pueblo palestino renunciar a sus derechos y defendiese la necesidad de que se resigne a la política de hechos consumados en Cisjordania y Gaza en virtud del realismo político frente a un enemigo más fuerte…O que denunciar las violaciones de los derechos humanos por parte de Israel no lo puede hacer el gobierno español porque hay que ser equidistantes entre las dos partes en el conflicto o que las pretensiones palestinas además de irrealistas, constituyen un maximalismo fuera de lugar…Lo mínimo que cabría esperar de los simpatizantes del PSOE es que se echasen a la calle para pedir la dimisión de Zapatero por haberse apuntado al Friends of Israel de Aznar y dar un espaldarazo al "fascismo y ultrasionismo que nos corroe".


¿Qué se puede hacer entonces para que se le pegue algo al Sáhara del discurso propalestino de los Moratinos, Pajín y Zapatero? Está claro: que el Senado francés organice coloquios para defender el derecho internacional en el Sáhara y Moratinos vaya a clausurarlos.

lunes, 21 de junio de 2010

EL EXTRAÑO CASO DEL TRADUCTOR JURADO NACIDO EN LA "PROVINCIA" DEL SÁHARA



Era una noticia extraña. Me enteré a través de la lista de correos del profesor Portillo y su equipo de infatigables rastreadores del ciberespacio en busca de noticias que den pistas sobre qué pasa con el conflicto del Sáhara Occidental. Aparentemente, la información parecía más propia de la esfera de la lucha contra la delincuencia tanto por el título – La policía destapa una red de falsos traductores- como por su contenido: una operación policial con cuatro detenidos. Pero, a los ojeadores no se les había escapado un dato de lo más extraño en la información: el supuesto jefe de la red delictiva, se encontraba en el Sáhara Occidental cuando la policía culminó la operación para acabar con sus actividades en Barcelona.

Efectivamente, como sugería la anotación de los vigilantes, algo raro se percibía entre las líneas del artículo porque, para poner énfasis en la gravedad del delito de la supuesta red, se subrayaba que el falseamiento de documentos jurados traducidos del árabe puede ser un asunto muy sensible “por las implicaciones de los documentos en árabe”. Ya sabemos a qué tipo de implicaciones se alude cuando está el árabe de por medio...

Sumamente intrigada, le dediqué a la pieza una lectura más atenta y relajada. Me fijé en el nombre del jefe de la supuesta red de falsificadores y, mira por dónde, le conozco. Se llama Mohamed Brahim y, a pesar de su apellido es español de nacimiento por haber nacido en Villa Cisneros, lo que hoy llamamos Dajla, en los tiempos en que el Sáhara Occidental era la 53 provincia española.

Brahim no dejó de ser español ni siquiera cuando Marruecos invadió el Sáhara Español en 1975 y las tropas españolas que (según el derecho internacional) debían de haber defendido el territorio salieron corriendo. No lograron privarle del carnet de identidad con el que había nacido: ni los invasores marroquíes que, además de asesinar, detener, torturar y saquear obligaron a los saharauis que no habían huido a entregarles su documentación española; ni las vergonzosas trampas con que la administración española intentó aprovechar la confusion y penalidades de la guerra provocada por su abandono para no renovar la documentación a los que estaban demasiado ocupados en salvar la vida de los bombrdeos de napalm como para personarse en las ventanillas que requería la renovación del DNI.

Fijaros si Brahim es español que, para sacarse el pasaporte, como todo varón de aquella de época, tuvo que hacer casi dos años de servicio militar. Hay que recordar que entonces la mili era asunto forzoso pero sólo para españoles de pura cepa. Fue una mili especialmente tremenda, suele decir él cuando dedica un inciso a esta parte de su vida. Y es que, además de tocarle en Galicia, con ese clima que era lo más opuesto al que estaba acostumbrado, allí le pilló el 23-F de Tejero...Después de terminar la mili, como muchos jóvenes españoles, decidió seguir estudiando y preparó y sacó los difíciles exámenes que se exigen para la titulación de traductor jurado, la profesión que ejerce para el idioma árabe desde 1986. Fue así como se convirtió en el único traductor jurado del árabe (por lo menos hasta la fecha) procedente de la provincia del Sáhara Español.

Abro un parentesis aquí para explicar esta interesante actividad que no es la de un traductor cualquiera ya que, como suelen explicar las muchas webs que publicitan estos servicios, no todos los traductores, incluyendo en ello a los licenciados por las muchas universidades que ofertan estudios de Traducción e Interpretación, sirven. Tienen que estar habilitados por el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y su nombre, dirección, números de teléfono y dirección de correo electrónico debe constar en el
"Listado actualizado de los Traductores-Intérpretes Jurados en ejercicio" que incluye la web del ministerio.

No es fácil cumplir con los requisitos que se exigen para poder lograr del ministerio la concesión del título que, como se explica en la web del ministerio, “habilita para realizar traducciones y/o interpretaciones juradas de una lengua extranjera al castellano y viceversa en todo el territorio español”. De hecho, la lista de traductores jurados acreditados para el árabe apenas superan la treintena a pesar de que, como explican muchos artículos especializados en el tema, el aumento de la emigración magrebí en los últimos años, ha animado a muchos aspirantes a presentarse a los exámenes que se convocan anualmente. El que, después de mucho esfuerzo, logra pasarlos (como fue el caso de Brahim), recibe del ministerio un sello que tendrá que estampar junto a su firma en la traducción de, por ejemplo, un certificado de matrimonio, nacimiento, defunción, o de antecedentes penales, o también un título universitario, expediente académico, contrato o escritura procedente de países donde el idioma es el árabe para que tenga validez legal en España. Vamos, que sin ese sello, ya puede ser buena la traducción que no tendrá garantía legal de que “la traducción producida es fiel y exacta a la del texto original”, que se exige para que el documento sea aceptado por la administración en el trámite que el interesado tenga en curso.

Pude localizar a Brahim y me facilitó el boletín publicado por la Asociación de Traductores e Intérpretes Jurados de Barcelona de la que ha partido la acusación de “falsedad” e “intrusismo” que desencadenó la operación policial. Sin esperar a que los tribunales se pronuncien, este boletín publica la denuncia contra Brahim como si éste ya estuviese condenado. Dato importante para los no entendidos: cuando se lanza la acusación de que las traducciones de Brahim son falsas se entiende por ello que no las hizo él, de su puño y letra, sino otros traductores que no tienen título de traductor jurado pero que se pueden ganar un sueldo con esta actividad gracias a que ponen en sus trabajos el sello de Brahim que él supuestamente les alquila.

A partir de ahí la denuncia publicada en dicho boletín advierte a la policía del peligro que supone la puesta en circulación por la empresa de Brahim de un millar de documentos “falsificados” (es decir, traducciones no auténticas de Brahim) sólo en Barcelona, a los que habría que sumar las “falsificaciones” realizadas en otros “chiringuitos” (con gente que supuestamente traduce en su nombre) que le acusan de tener en otras ciudades de toda España. “Una simple traducción jurada no veraz de un certificado de penales puede permitir la entrada en territorio español con cobertura legal de un terrorista o de todo tipo de delincuentes”, advierten los denunciantes.

Brahim asegura que él no alquila su sello de traductor jurado a nadie y que la situación es la siguiente: tiene una empresa con cuatro empleados que cuenta con una oficina de traductores abierta al público en Barcelona y otras ciudades. Es más, dice que sus cuatro empleados, dos de ellos en la oficina de Barcelona y dedicados a labores administrativas, en contra de lo dicho en la prensa, no están detenidos ni lo estuvieron en ningún momento, que sólo fueron a declarar previa citación judicial.

Los denunciantes, sin embargo, aducen en su acusación que esa gente hace su trabajo sin estar acreditada para ello y que la prueba es que con todo el trabajo que pasa por su despacho, Brahim ni siquiera tiene residencia en Barcelona. “¿En la era Internet? Como si no existiesen todavía los
e-phones para conectar en todo momento con tus subalternos, estés donde estés”, responde Brahim que alega que no hay norma que le impida aprovechar estos adelantos que nos brinda la moderna tecnología para ampliar su negocio.

Efectivamente, no parece que sea el único al que se la ocurrido la idea de sacar punta esta conectividad. Varias webs de empresas del sector destacan (como esta de "Jurada") estar “en posición de poder ofrecer a sus clientes un servicio de traductores e intérpretes jurados
online con todas las garantías de profesionalidad y calidad en cada uno de sus proyectos de traducción.” Tan generalizada debe de estar esta práctica, que algunos blogs dedicados a este tema parecen salir en defensa de los traductores que no han aprovechado de estas ventajas para ampliar el negocio y advierten al posible cliente de que “evite en la medida de lo posible intermediarios (agencias de traducción) y contacte directamente con el traductor jurado en cuestión”, añadiendo que “la agencia intermediaria tiene la única función de mandarle el texto al traductor jurado y enviarle a usted la traducción realizada por éste…”

Resulta desde luego un mundo fascinante y buen reflejo del cambio social obrado por la variedad del fenómeno inmigratorio. Por ejemplo: Kamel Salim Mansour, uno de los tres traductores jurados del árabe con oficina en Barcelona, asegura en su web disponer de una red de contactos (probablemente gracias precisamente al milagro Internet), que le permite disponer a su empresa de “un abanico idiomatico que abarca más de cien idiomas, entre los que figuran, desde al afgano, el eslovaco, el chino, sueco o finlandés, al akai, swahili, amazigh, fula, armenio, mandinga, bassa, macedonio, hindi, yoruba, jola o kikongo...

Pero volvamos a Brahim. Es curioso que, al volver a repasar los argumentos de los denunciantes, después de una larga retahíla sobre que si la labor del traductor es “indelegable, personal e intransferible como no lo es la del notario” (como si los notarios fuesen los que preparan los documentos personalmente a máquina que luego firman), acaban por reconocer que el pecado de Brahim es que se ha montado una estructura que le permite multiplicar su capacidad de trabajo y el único problema que le ven es que él no resida donde ejerce, dando a entender que esa es una "condición ineludible" para ejercer la profesión.

Los abogados de Brahim se remiten al Boletín Oficial del Estado, donde se establecen los requisitos para actuar de traductor jurado y, donde, efectivamente, no se dice nada de que Brahim esté obligado a permanecer en una ciudad determinada sino que su título le homologa para ejercer en todo el territorio nacional. Lo que a ellos les parece es que no hay caso, que no hay pruebas y que los documentos que los denunciantes han aportado para demostrar que Brahim debe ser inhabilitado en toda España hay uno en concreto altamente sospechoso. Es, una supuesta resolución de un juzgado de Mataró que habría acordado “no admitir las traducciones” de Brahim por su supuesta deficiente calidad.

Pero resulta que, después de la fecha de la supuesta resolución de Mataró en su contra, Brahim ha seguido trabajando con este juzgado sin que nadie le pusiese el veto a sus traducciones. Así que sus abogados se presentaron en Mataró a investigar de dónde había salido esa supuesta resolución que los denunciantes esgrimen como prueba de su culpabilidad. Como allí les dijeron que no tienen ni idea de quién pudo firmarlo , los abogados han pedido al juez instructor del caso de Brahim que investigue la procedencia de dicho documento, por falta de coherencia, fiabilidad, y autenticidad.

El acusado tiene la certeza de que todo el lío parte de un rival que durante años ejerció en Barcelona sin competencia y que no ha digerido que su despacho acabase con esa situación tan cómoda. Lo que él se pregunta es qué habría pasado si en lugar de llamarse como se llama, en su carnet de identidad pusiese Manolo García, por poner un ejemplo. Le duele, dice, la sospecha de que sea el estigma del terrorismo islámico que ahora ronda a los apellidos árabes lo que haya servido a sus rivales para meterle en semajante embrollo disparando la alarma de la Unidad Contra Redes de Inmigración y Falsificaciones (UCRIF).

Mohamed Brahim asegura que todo se aclarará finalmente, que confía en el estado de derecho y en el imperio de la ley -que protege y ampara a todos por igual- , aunque , mientras, está sufriendo un grave perjuicio a su reputación y su negocio de un modo irreparable. Como tampoco lo tendrá el disgusto de haber comprobado que, a pesar de su nacionalidad de origen - no tuvo que renunciar a ninguna anterio - pasaporte y su servicio militar en Galicia, los españoles que como él tienen apellidos árabes, están condenados a permanecer como españoles bajo sospecha en los ficheros de extranjería.

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