Una mirada a África como tablero de la geopolítica internacional

lunes, 3 de septiembre de 2012

El Frente Polisario declara la guerra al yihadismo


Mapa de ACNUR (Alto Comisariado de la ONU para los Refugiados) con la situación de los campamentos del Frente Polisario en una encrucijada fronteriza, en el sureste de Argelia.



Estupor y gran revuelo han causado entre los propios saharauis afines al Frente Polisario las declaraciones con las que sus  dirigentes han reconocido que hay saharauis que se han alistado a grupos del radicalismo islámico en auge en el vecino Malí como Al Aqmi o el Mujao. Hay quien incluso ha expresado públicamente su indignación por un giro que, aunque cumpla con la verdad, se lo pone en bandeja a la campaña mediática con la que, desde Marruecos, se viene difundiendo todo tipo de bulo para desprestigiar la causa saharaui colgándole el sanbenito del terrorismo. La polvareda que con ello se ha levantado, ha hecho pasar desapercibido el calado de una jugada con carambola.
Es verdad, como bien dice por ejemplo, Haddamin Moulud Said, que resulta sorprendente que el ministro de Defensa saharaui, Mohamed Lamín Buhali, de carnaza a la propaganda del enemigo cuando, aparentemente, no se ha producido ninguna novedad que justifique un cambio a la férrea política con la que, hasta ahora, el Polisario y sus simpatizantes han negado por activa y por pasiva la participación de saharauis en el yihadismo saheliano, incluyendo el misterioso Mujao, el grupo que se atribuyó el secuestro de los tres cooperantes en los campamentos de refugiados saharauis. Lo relevante  de este golpe de efecto, sin embargo, no es que el Polisario reconozca que pueda haber unos  veinte  saharauis alistados en grupos yihadistas. Lo realmente interesante es que, a renglón seguido Buhali añada que el Polisario, tan preocupado está por la amenaza yihadista, que está dispuesto a formar parte de esa fuerza de intervención africana de la CEDEAO que Francia está intentando por todos los medios que intervenga en el norte de Malí para acabar con el problema.

Los marroquíes, de acuerdo, han podido entonar de inmediato un "ya lo habíamos advertido". Pero, la "confesión" saharaui tiene un reverso doblemente beneficioso para la posición saharaui.  A estas alturas, lo sorprendente sería que no hubiese ningún saharaui en esas bandas que, llevando la franquicia de Al Qaeda en el Sahel, llevan diez años secuestrando a europeos en esa parte del desierto sahariano con acciones que bien podrían tomarse como la moderna versión de los antiguos gazis o razias que las nómadas practicaron en la era precolonial, incluso contra sus hermanos de religión. 

En una situación como la creada por el alto el fuego de la ONU en 1991, en la que el cese de las hostilidades sólo ha aportado a los saharauis frustración y una desesperante espera, los grupos que se atribuyen la sucursal de Al Qaeda, ofrecen una muy fuerte tentación a los jóvenes saharauis sin expectativa ante el futuro. Así que, más vale prevenir que tener que curar el auténtico daño que causaría el ruido que podrían provocar los marroquíes exhibiendo en sus giras mediáticas algún saharaui hecho prisionero en las refriegas del conflicto de Malí, relatando sus experiencias en las filas del Mujao.

Veinte o 25 saharauis cometiendo un error, no ponen en peligro la “pureza” de la causa saharaui, como tampoco lo hace, que haya saharauis colaboracionistas de los invasores marroquíes.  En cambio, la declaración de guerra al yihadismo de Buhali postula a los saharauis como parte a tener en cuenta en el complejo tablero del conflicto maliense. Su participación en una fuerza africana no es descabellada. Bastaría, como dice Buhali, con que lo quisiese la Unión Africana, una organización que juega un papel clave como portavoz de los africanos en la ONU y con la que Francia ha tenido que contar para que el Consejo de Seguridad tome en consideración la posibilidad de intervenir en Malí. 

La República Árabe Saharaui Democrática (RASD) proclamada por el Polisario en los territorios liberados el 27 de febrero de 1976, fue admitida en 1984 como miembro de pleno derecho por la Organización de la Unión Africana (OUA), antecesora de la Unión Africana surgida en 2002, de la que la RASD es miembro fundador.  Allí los saharauis gozan de fuertes apoyos gracias a la influencia regional de su aliada Argelia y la ausencia con la que Marruecos zanjó la amenaza de marcharse de la organización si se admitía a un estado saharaui. Dada el perjuicio que causa a los saharauis  el terrorismo yihadista (la retirada de los cooperantes es buen ejemplo de ello), tiene más sentido una participación saharaui en una fuerza internacional que no la de Burkina Faso, mucho más lejana al escenario del conflicto. Otra cosa es que ni a Marruecos ni a sus aliados franceses les haga gracia esta posibilidad que supone un implícito e indeseable, para sus intereses, reconocimiento del Estado saharaui.

Por de pronto, coincidiendo con este compromiso saharaui en la lucha internacional contra el terrorismo, Marruecos ha cambiado de postura respecto a la intervención franco-africana en Malí y se ha alineado con su eterna rival Argelia: ahora resulta que en Rabat ya no tienen claro que la solución militar deba ser, como dice Francia, la prioritaria. Antes de llegar a ese extremo, dicen, hay que buscar una solución política por la vía del diálogo con las fuerzas que han provocado la secesión del Azawad.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Francia se crispa y pasa de la ONU





Refugiado de Malí en Burkina Faso.
Foto: UNHCR / H. Caux




Por ahora, no hay mandato de la ONU para la intervención de los países de la Comunidad Económica de los Estados del África Occidental (CEDEAO)  en Malí. En la reunión de ayer para tratar la cuestión, Ban Ki-moon le dio la razón a Francia y sus aliados africanos: la secesión tuareg está convirtiendo el norte del país en un santuario terrorista. Pero, a la hora de tomar medidas, se ha limitado a recomendar al Consejo de Seguridad  unas “sanciones selectivas, financieras y la prohibición de viajar, para individuos y grupos de Malí que estén implicados en actividades terroristas,  extremismo religioso y actividades criminales”.  

Los portavoces  de la CEDEAO han respondido que, pese a no tener la resolución que esperaban lograr, seguirán con los preparativos  del despliegue de 3.300 hombres y lo harán sobre terreno. Dicen que todavía confían en lograr el mandato antes de entrar en acción.

En términos parecidos, reaccionó Gerard Araud, el embajador francés ante la ONU en Nueva York. Algo crispado, vino a decir que la fuerza africana que París apoya, puede pasar de resolución de la ONU para actuar porque, legalmente, para intervenir en Malí, basta con que se lo pida el Gobierno de Bamako y eso está hecho. Pese a ello, Francia va a seguir intentando obtener una resolución de la ONU. Se supone que prefieren no correr el riesgo de que les acusen de violar la legalidad de la ONU, como le ocurrió al presidente Bush cuando lideró la intervención en Irak que acabó con Sadam Hussein. Puede que tengan otra oportunidad para ello el día 11.



¿Qué pinta España en la intervención francesa contra los tuareg?


Campos de refugiados tuareg de Malí en Burkina Faso.
Foto: UNHCR / H. Caux

Recapitulando y concluyendo:  el día 28 el Gobierno español anuncia una súbita operación urgente para rescatar a los cooperantes españoles en los campamentos. Los amigos del pueblo saharaui sospechan que lo del “peligro yihadista” oculta una maniobra para desprestigiar al Frente POLISARIO y, una semana después, García-Margallo reconoce que esta operación había sido “demasiado radical”. Pero el peligro en la zona sirve para anunciar un apoyo a una intervención en Malí que interesa mucho a Francia de cara al debate que hoy está previsto se desarrolle en la ONU.
No ha quedado demostrado en qué consistía el peligro (sin novedad desde el pasado diciembre) pero Rajoy ha evitado una posible polémica sobre la intervención. ¿Hubiese logrado lo mismo sin el show del ministro Margallo de Alerta en el Sáhara?


El Gobierno de Rajoy  hasta ahora no se había pronunciado sobre el proyecto francés de hacer intervenir una fuerza “africana” en Malí y eso que, desde abril, Francia se mueve con determinación y sin pausa a la caza de adhesiones a su plan, especialmente entre los socios de la Unión Europea. En junio, por ejemplo, la "necesidad” de actuar en Malí contra la secesión tuareg (lo que ocurra en Bamako le importa menos a París) se convirtió en uno de los temas estrellas de la reunión que celebraron en la capital francesa los ministros de defensa de Francia e Italia. Sus conversaciones tenían en principio como objetivo el relanzamiento de un proyecto de defensa europeo. Pero, héte ahi que, en la rueda de prensa que siguió al encuentro, el ministro francés anunció con solemnidad que Francia e Italia desean "una acción común" de los países europeos especialmente de los que se sientan afectados directamente por la crisis del Sahel" para dar una "respuesta global". El ministro italiano se limitó a matizar que “no hay que pensar siempre en una intervención militar y que la cooperación, el apoyo, es la fuerza de Europa”.

España es uno de los países de la UE, por sus intereses en el norte de África y vecindad geográfica, más autorizados para jugar el papel de “afectado” que le conviene a la causa de la intervención de Francia que se juega con la secesión tuareg un duro golpe a su hegemonía en el norte de África. Seguro que, igual que los franceses hablaron con los italianos para conseguir su apoyo, lo hicieron con el Gobierno de Rajoy que no se ha decidido hasta que la reunión del Consejo de Seguridad que hoy analiza su plan, se echaba encima. Es lógico que el Gobierno del PP se lo pensase, ya que  los intereses de España y Francia en este tablero no son del todo coincidentes: Francia con esta iniciativa busca restablecer un orden que ha asegurado, desde la independencia de Malí, la permanencia en Bamako de una clase política muy sumisa y favorable a las interferencias de la madre-patria, especialmente en lo relativo a la estrategia francesa para frenar la hegemonía regional de la rebelde Argelia. Sumemos a sus razones que el funcionamiento del interruptor de la luz de los hogares franceses depende de un programa energético cuya materia prima es el uranio de Níger y Malí.

España, en cambio, en esta partida habrá tenido que tener en cuenta las reticencias de Argelia, vecino del que depende nuestro abastecimiento de gas y aliado clave en la lucha contra el terrorismo islámico. El Gobierno presidido por Buteflika, hasta ahora, se ha opuesto a la intervención en Malí como por otra parte ya se opuso a la intervención internacional en Libia, dando con ello motivos a los franceses motivos para sospechar que un estado independiente del Azawad entraría en una indeseable órbita de los argelinos.


El ministerio de Exteriores español sí se había adherido a las condenas internacionales contra el auge de las bandas terroristas islamistas y la destrucción del patrimonio cultural realizado por estos yihadistas que, curiosamente, no quieren la independencia del Azawad. Quienes declararon la independencia el 6 de abril son los tuareg del Movimiento de Liberación Nacional del Azawad que, curiosamente, aseguran haber tomado las armas contra el Gobierno central con el propósito de expulsar a las bandas islamistas radicales que pululan por la región desde hace diez años gracias, dicen estos rebeldes,  a la tolerancia y complicidad de la clase política de Bamako a la que acusan de haberse enriquecido actuando como mediadores en los muchos secuestros de europeos que ha habido en la zona.  Difícil aclarar cuál es la versión buena, si la de quienes dicen que los islamistas y los del MLNA van de la mano, o la de los tuaregs enfrentados a los grupos islamistas de Ansar el Dine, Mujao y Al Aqmi, pero lo que sí han advertido los expertos del Real Instituto Elcano, dependiente del Ministerio de Exteriores, es que una intervención militar internacional podría dar alas a las fuerzas yihadistas y aumentar el riesgo de golpe terrorista contra España, lo que no favorecía un apoyo que al final se ha acabado dando.

Otro problema para Rajoy era el de la posible reacción de la opinión pública española: dados los precedentes, lo normal es que le tema más que a un nublado a un nuevo “No a la guerra” como el que hubo contra Aznar por la intervención en Irak, y más estando de por medio ese potente movimiento social de amigos del pueblo saharaui que se ha vuelto muy sensible a todo movimiento francés (y por tanto promarroquí) en los aledaños del pueblo saharaui.

El peligro de nuevos secuestros de cooperantes españoles, en cambio, ha acabado con estos obstáculos: casi, casi, a los simpatizantes del pueblo saharaui les ha parecido bien que España se una a un plan que, supuestamente, va a permitir que los españoles sigan cooperando en los campamentos sin temor a ser secuestrados.

La pregunta del millón ahora es qué gana España en todo esto: tal como están las cosas no estamos para exigir sino cruzar los dedos. Además, le debemos un favor a los que nos ayudaron a lograr la liberación de los tres cooperantes secuestrados en el Sáhara (el Gobierno de Bamako y Burkina Faso) grandes promotores de la intervención y sumisos aliados de la estrategia francófona en el continente africano. -capítulo 5 y FIN




PD. Con esto se acaba esta serie con la que he intentado recuperar el tiempo perdido en la ausencia del mes de julio y, sobre todo, las piezas del rompecabezas que creo faltaban para encajar el misterio de la súbita repatriación de los cooperantes. Con estos elementos, que cada uno saque sus conclusiones. Lo importante ahora, es que pasará hoy en Nueva York, si en el Consejo de Seguridad de la ONU por fin hablan de Malí.

martes, 7 de agosto de 2012

La importancia del apoyo español a Francia en Malí. ¿Quién pagará la intervención "africana"?



Huidos del conflicto de Malí en el campamento de refugiados de Mangaizé, en Níger. /Foto: UNHCR/ H. Caux

Visto lo visto, si alguien ha salido beneficiado hasta ahora de la polémica sobre la amenaza yihadista en los campamentos del Frente Polisario, es Francia, y con mucha distancia respecto a Marruecos. Mañana el Consejo de Seguridad de la ONU puede que adopte una medida que puede marcar el comienzo de una nueva fase en la geopolítica del norte de África, la de la intervención militar en Malí, una misión africana en cuanto a contingente humano pero esencialmente francesa en su espíritu. Para Francia, la adhesion española es muy importante porque uno de sus ases con los que espera convencer al Consejo de Seguridad para que de luz verde a la misión militar que ya está lista para aterrizar en Bamako es que tiene en este asunto el respaldo de la Unión Europea tanto en el plano político como en el económico.

Respecto a lo político, ya hemos dicho que para Francia esto de impedir que se consolide un estado tuareg en el Sahel es prioridad número 1 y, aunque  contará mañana con la gran ventaja de que este mes preside el Consejo de Seguridad, no las tiene todas consigo para salirse con la suya.  En cuanto al asunto financiero, cuando le han preguntado a Gérard Araud, el representante francés ante la ONU,  quién se va a hacer cargo del coste de la misión de 3.000 militares africanos de la MICEMA (que los tiempos no están para bromas), él ha contestado que la Unión Europea.


Todo hay que decirlo, Araud también ha hablado de gasto “bilateral” lo que Francia ya está aplicando demostrando así que, cuando se trata de sus intereses imperiales en África, no hay recortes que valgan. Por ejemplo, el presidente de Costa de Marfil, Allassane Ouattara acaba de ser agraciado con la condonación de la deuda de su país con Francia en una de esas muchas idas y venidas que ha tenido a París para coordinar con el Gobierno de Sarkozy, y ahora de Hollande esa intervención que supuestamente es iniciativa de la CEDEAO, la Comunidad Económica de Estados Africanos del África Occidental) de la que el Ouattara es ahora el presidente en ejercicio.
Pese a que la francofilia de Ouattara es tan antigua y leal como para que Francia no parase en la ONU hasta promover una acción armada en Costa de Marfil que le puso de nuevo en la presidencia, esta ayuda de la deuda le va a venir de perlas al dirigente africano para callar las voces críticas por sus muchas cuentas pendientes con el respeto a los derechos humanos.

Este detalle del gasto que tendrá la MICEMA no es menor. Como ha dicho en un artículo (uno de los muchos aparecidos en la prensa francesa haciendo campaña a favor de la intervención), el antiguo asesor del presidente François Mitterrand Jacques Attali, para acabar con la secesión en el norte de Malí “hará falta una acción militar sobre el terreno, con un apoyo logístico a distancia, medios de observación, drones y una capacidad de encuadramiento estratégico. ¿Quién puede hacer todo esto? Evidentemente, no el gobierno maliense por sí solo, que no tiene armas ni autoridad. Tampoco la CEDEAO que no tiene los medios suficientes para asegurar el conjunto de las acciones necesarias”.


 
¿Y cuál es la solución que ofrece Attali? Allá va: “Europa tendrá evidentemente que estar unida y ponerse en situación de decidir y actuar…si las actuales mediaciones fracasan, habrá que reflexionar sobre la posibilidad de poner en marcha una coalicion del tipo de la que ha funcionado en Afaganistán, antes de que un equivalente del 11 de Septiembre nos lo acabe imponiendo”.

Habrá que ver qué dice Angela Merkel del asunto, ella que es tan estricta con los temas económicos cuando se trata de achuchar a España.  En principio este tipo de gasto no es lo que le va al pelo al tambaleante euro pero, quién sabe si los yihadistas tienen entre sus objetivos acabar con la moneda única en la Unión Europea: bastaría con facilitarle la tarea al presidente Hollande con un nuevo 11-S o (11-M) al que alude Attali. Ni la Merkel ni ninguno del resto de los socios podría decirle que no sin cargársela con sus votantes.

Por cierto:  habría que pedirle a García-Margallo en qué va a consistir el apoyo español, si es un asunto meramente moral o saldrá del recorte al subsidio de los parados (por ejemplo). Continuará-4

lunes, 6 de agosto de 2012

La intervención en Malí que Margallo apoya, es máxima prioridad para Francia




Votación el 5 de julio pasado en el Consejo de Seguridad de la  resolución 2056 (2012) sobre Malí.
Foto: UN Photo/Devra Berkowitz



Volvamos al  fin de semana en que García-Margallo dejó de librar para montar el show de Alerta en el Sáhara (una alerta que ahora resulta no era para tanto). Mientras nuestro ministro aprovechaba la supuesta inseguridad en la zona para anunciar el apoyo español a una intervención en Malí, su colega francés, Laurent Fabius también tenía un fin de semana de los más intensos con el Sahel de telón de fondo. Esa intervención en el norte de Malí que a los españoles les sonó a tema marginal,  se ha convertido en cambio en maxima prioridad para Francia. El próximo miércoles 8 de agosto, el Consejo de Seguridad de la ONU volverá a tratar el tema y toda la diplomacia gala está movilizada en una carrera contrarreloj, política y mediática, para lograr en esa reunión la luz verde que necesita para que la MICEMA, la fuerza que sus satellites africanos de la CEDEAO ya han organizado, pueda desembarcar en Bamako.

Los franceses ya lograron un importante tanto en su estrategia para lograr el objetivo cuando, el pasado 5 de julio, propusieron al Consejo de Seguridad de la ONU un proyecto de resolución pidiendo que se apoyase una intervención africana. Se aprobó un texto, l
a resolución 2056 (2012) que recogía el grueso de las aspiraciones gala (aquí tenéis el texto). Se prevé en efecto la posibilidad de aplicar ese capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas que consiente la intervención militar contra los violadores del derecho internacional como podría ser el caso de Marruecos, con su invasion ilegal del Sáhara Occidental que, desde luego, no sólo amenaza y quebranta la paz (como requiere el título del epígrafe onusiano) sino que es una clara agresión al pueblo saharaui. Pero así como en la cuestión del Sáhara los franceses vetarían toda aplicación del capítulo VII (ya lo hacen para que los cascos azules puedan vigilar las violaciones de los derechos humanos en el Sáhara ocupado), en lo de Malí, se han dado mucha prisa para convencer al Consejo de Seguridad de que hay que intervenir en este país saheliano no sólo por la grave preocupación que genera la  “inseguridad y el rápido deterioro de la situación humanitaria en la región del Sahel”, sino por “la amenaza para la paz y la seguridad internacionales” que se derivan de este conflicto.

El triunfo francés no fue, sin embargo, total ya que la ONU
condicionaba la acción militar a una hoja de ruta de cuyo cumplimiento depende que el día 8 vaya la vencida para el Gobierno de Hollande. En la ONU  surgieron dudas, por ejemplo, sobre la utilidad de una intervención en el norte para acabar con la secesión del Azawad, sin antes haber puesto orden en Bamako donde, desde el golpe de estado militar del 22 de marzo  sigue sin ser restaurado el orden constitucional. Y lo peor, no es que los malienses se hayan quedado sin los avances democráticos de los que habían podido presumir frente a otros vecinos del entorno, sino que las luchas de facciones han sumido las calles de Bamako en un marasmo y dejado un vacío de poder que es el que aprovechó la rebelión tuareg para tomar el norte y declarar la independencia, desafiando a Francia.

Así que, mientras García-Margallo anunciaba una extraña operación para repatriar a los cooperantes españoles de los campamentos saharauis, su homólogo Laurent Fabius se hallaba en pleno frenesí diplomático con una gira por los países de la zona cuyo "sí" es clave para que la intervención tenga ese consenso africano sin el que no habrá desembarco de la MICEMA: Senegal (donde se encuentra exiliado el presidente maliense derrocado en marzo), Chad, Burkina Faso y Níger en tres dias. Sin contar con la visita que Fabius ya había hecho a Argelia a mediados de julio y cuyos resultados son definitivos en el plano africano porque EEUU ya ha dicho que hay que tener en consideración la opinión de un país que ha hecho tanto por la lucha contra el terrorismo en la zona. 
  
Ese mismo fin de semana de alerta en el Sáhara, Fabius ponía en escena otro show en Bamako, cuyo objetivo es demostrar que ya se puede hablar de normalización en el Gobierno central de Malí: la vuelta al país del presidente interino Dioncounda Traoré, al que tuvieron que llevarse a París urgentemente el 21 de mayo para que se curase de la agresión de la que había sido víctima por una de esas bandas que alientan la inseguridad en Bamako y que lograron irrumpir a su mismísimo despacho del palacio presidencial. 

El emotivo discurso de Traoré de "ya estoy aquí y ahora sí vamos a salir del hoyo" fue un éxito pero, todavía queda un trecho para demostrar que esa unidad  nacional que invocó haciendo un llamamiento a la reconquista de la integridad nacional no queda en pura filfa.  El departamento de Estado en Washington ya advirtió que no hay intervención en el norte si no hay orden en Bamako así que, si Traoré no ofrece resultados, lo único que podría justificar una intervención contra la independencia tuareg sería un nuevo 11-S como el que dicen en París, podría llegar a urdir ese yihadismo que ha cobrado fuerza uniéndose a la rebelión tuareg. ¡En todo caso, vaya fin de semana de intensa diplomacia! ¿Tendrá algo que ver el show de Margallo con tanto frenesí de Fabius? -Continuará-3

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