Una mirada a África como tablero de la geopolítica internacional

miércoles, 24 de marzo de 2010

NÍGER AMENAZA EL URANIO FRANCÉS

Níger, Mali o Sáhara Occidental, ya lo dije, son piezas de la gran partida saheliana (vasos comunicantes incluso) en la que poderosas fuerzas compiten entre sí por ver quién se lleva el gato al agua tanto en materia de influencia política como de control de los enormes recursos energéticos que abundan en la región. En el caso de Níger, el golpe de estado del pasado 18 de febrero ha abierto importantes incógnitas sobre cómo el derrocamiento del presidente Mamadou Tandja podría a afectar a los equilibrios entre el resto de los peones.

Lo primero, por supuesto, es la evolución interna ya que, con todos sus peros, Tandja había sido elegido en las urnas y un régimen militar constituye un paso atrás inaceptable incluso para la Unión Africana. Conscientes de ello, los militares de la junta han prometido el pronto retorno a la democracia. Pero, al final, todo se mezcla así que el viaje a principios de mes a Marruecos de una delegación nigerina desató los rumores de que además de informar y pedir comprensión, los enviados de la junta habían pedido a Mohamed VI el favor de que añadiese a su colección de mandamases africanos exiliados, al ex presidente Tandja.

En cuanto a la cuestión puramente exterior, por el momento Níger ha participado el pasado día 16 en la cumbre que celebraron en Argel los siete países del Sahel (además de Argelia y Níger, Burkina Faso, Libia, Mali y Mauritania) con el propósito de consolidar una estrategia común contra el terrorismo de Al Qaeda. Allí, Argelia y, sobre todo Mauritania, han vuelto a condenar que, para lograr la liberación del francés secuestrado por los radicales islámicos Pierre Camatte, Mali haya cedido al chantaje de los terroristas que exigieron y lograron la liberación de cuatro de sus guerrilleros que se hallaban encerrados en cárceles malienses.

No sólo está sobre la mesa una decisión que ha roto el consenso que los siete países habían establecido para la formación de un frente común , impulsada con mucha energía especialmente por Argelia (convaleciente de un cáncer que tiene mucho interés en que no se le reproduzca), que se opone al pago de rescates que acaban siendo reinvertidos en armas y logística para la expansión del terrorismo y, mucho menos, la liberación de terroristas a cambio de europeos. Lo que también se reprocha al Gobierno de Mali es de haber hecho añicos una política de unión que mucho había costado tejer cediendo a las presiones de Sarkozy y consintiendo así que Francia se saliese con la suya que, además de la liberación de Camatte, era impedir que cuaje una unión entre africanos que inevitablemente marginaría a la madre patria del juego norteafricano.

En cualquier caso, aparentemente, la tensión que colea entre los socios sahelianos por lo que consideran traicionera jugada del Gobierno de Mali, ha acaparado la atención de esta reunión que también estaba dedicada a asuntos relacionados con la paz y el desarrollo.

Mucho comentario sobre la pataleta del Gobierno mauritano que se ha opuesto a que Bamako sea la sede de la próxima reunión. Apenas ninguna alusión a la situación en Níger a pesar de que la junta militar ya está teniendo que lidiar con el grave riesgo de una hambruna que podría poner en peligro la vida de ocho millones de personas.

Hay, sin embargo, una noticia de gran interés divulgada por la agencia oficial de noticias argelina APS: la junta militar de Níger contempla la posibilidad de revisar los permisos de explotación mineros del grupo francés Areva –puntal de la política energética francesa- que extrae la mitad de su uranio de las minas de esta antigua colonia africana.

domingo, 21 de marzo de 2010

NAMIBIA, 20 AÑOS DE INDEPENDENCIA. ¿Y EL SÁHARA QUÉ?

Hoy se han cumplido 20 años de la independencia de Namibia. El pasado noviembre se celebró a bombo y platillo el 20 aniversario de la caída del muro de Berlín, símbolo por excelencia para los europeos del fin de la guerra fría. Casi al mismo tiempo, en el África austral, el nacimiento del estado namibio fue otro síntoma de que algo importante estaba ocurriendo en la dinámica geopolítica que había dominado las relaciones internacionales desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Era inevitable no percibirlo así en la ceremonia de alumbramiento del nuevo miembro de la comunidad internacional que se desarrolló al filo de la medianoche ante 50.000 personas que abarrotaban el estadio de Windhoek, la capital de lo que hasta entonces había sido el territorio del África del Suroeste. Los periodistas que estábamos acreditados para la ocasión no perdíamos de vista la tribuna de honor donde el presidente surafricano Frederik De Klerk compartía el protagonismo con Sam Nujoma, el flamante presidente al que el pueblo namibio acababa de elegir en unas elecciones democráticas organizadas bajo la supervisión de la ONU entre cuyos cascos azules había un centenar de miembros de las fuerzas aéreas españolas.

Namibia había permanecido desde hacía 70 años bajo la administración de Sudáfrica. Esa noche iba a ser la última vez que el himno surafricano, el de la Suráfrica del apartheid que acababa de liberar a Nelson Mandela pero que seguía siendo racista, iba a sonar representando también al pueblo namibio. El régimen surafricano había por fin soltado la presa tras haber hecho todo lo posible por quedarse el territorio que, durante décadas, había defendido formaba parte integrante del Estado de Sudáfrica.

En Pretoria se habían valido de argumentos y circunstancias muy parecidas a las que Hassán II, el padre de Mohamed VI, había sacado provecho en 1975 para invadir el Sáhara español en 1975: que si Nujoma era un "terrorista" a sueldo del comunismo internacional, que si la SWAPO –el movimiento de liberación que luchaba contra la ocupación surafricana de Namibia­ y que dirigía Nujoma– era un grupo de bandidos manejados por la URSS...Y, por supuesto, como siguen haciendo los alauitas con el Sáhara, los gobernantes surafricanos también se habían saltado a la torera resoluciones de la ONU y dictámenes jurídicos de la Corte internacional de La Haya para poder seguir ocupando ilegalmente Namibia, haciendo como que esa tierra era una provincia más de Sudáfrica, mientras explotaban ilegalmente los ricos recursos pesqueros y mineros (especialmente uranio) de lo que decían era la prolongación natural hacia el norte de su país. Cuántas similitudes con la postura de desafío a la comunidad internacional con la que Mohamed VI, el actual sultán alauita sigue haciendo como que el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui no existe y que no hay vuelta atrás con la anexión de lo que él llama las “provincias del sur de Marruecos”…

La confusión de la guerra fría le había servido a la Sudáfrica del apartheid para recibir el apoyo de Occidente en su lucha por mantener apuntalado un régimen deleznable pero que en el marco de la confrontación internacional se había convertido en un mal menor para EEUU y sus aliados frente a la solidaridad recibida por el ANC de Nelson Mandela por los movimientos de liberación surgidos en los países vecinos de las luchas contra el colonialismo. No nos olvidemos que la batalla contra la opresión colonial había entrado desde los años sesenta en el paquete de la guerra al imperialismo opresor y, por lo tanto, tenía todas las papeletas de recibir el cobijo automático del eje prosoviético, con ayuda militar cubana incluida.

Había excepciones a esta dinámica que convertía a los movimientos de liberación africanos en naturalmente rojos y procomunistas. Por ejemplo, en la vecina Angola, la guerra civil en la que había derivado la lucha contra el colonialismo portugués (entonces aliado de la Sudáfrica racista) había convertido a la UNITA de Jonas Savimbi, inicialmente maoísta y prochina, en un movimiento prooccidental y amigo del eje imperialista por arte de esa magia potagia que suele convertir en amigo al enemigo del propio enemigo: ¿dónde mejor iba a encontrar apoyo Savimbi en su lucha a muerte contra el MPLA (el otro movimiento de liberación angoleño con el que se disputó el poder hasta su muerte)? Era lo natural y normal después de que sus rivales del MPLA cayesen en la órbita soviética y recibiesen el apoyo sobre terreno de 30.000 soldados de la Cuba de Castro. Y si encima, las guerrillas de la SWAPO, el MPLA o la FRELIMO en Mozambique hacían causa común en esa llamada Línea de Frente contra el “imperialismo” y su peón en la zona (la Sudáfrica racista), a ver quién escapaba allí a la espiral infernal del enfrentamiento este-oeste...

El resultado fue que este capítulo de la guerra fría convirtió durante más de veinte años en un gran campo de batalla esa inmensa franja del continente que, desde Angola, se extiende desde la costa del Atlántico hasta el Océano Índico de las costas de Mozambique, bordeando por el norte las fronteras del antiguo Zaire (hoy República Democrática de Congo) gobernado por el corrupto y temible dictador Mobutu Sese Seko, miembro del gran eje conservador y prooccidental africano del que, además de Jonas Savimbi y la Sudáfrica racista, también formaba parte el rey marroquí Hassán II.

Según datos de la UNICEF, la guerra fría en el África austral alcanzó una virulencia y eficacia letal comparables a la de las más famosas guerras de Vietnam o Corea: según sus cálculos, desde 1980, unos 1,3 millones de personas habían muerto directa o indirectamente a causa de los conflictos en Angola (al que estaba ligado el de Namibia) y Mozambique.

Afortunadamente, en 1989 el deshielo entre EEUU y la URSS había comenzado a dar sus frutos: las tropas cubanas estacionadas en Angola volvían a su casa tras haber asestado una terrible derrota a las tropas surafricanas en Cuito Cuanavale y, mientras en Berlín los alemanes acababan literalmente a martillazos con el muro de la vergüenza y convertían sus restos en souvenirs para turistas, en Namibia la ONU lograba llevar a término las elecciones con las que culminaba el proceso de autodeterminación.

Tres meses después, allí estaba en el estadio de Windhoek la crema y nata de la alta política internacional presenciando cómo dos antiguos enemigos a muerte se daban la mano y se comprometían a una sincera y duradera buena vecindad mientras se arriaba por última vez la bandera surafricana y, en su lugar, se izaba la bandera de Namibia. Como había dicho De Klerk, el encaje de bolillos con acuerdos a varias bandas entre peones grandes y pequeños que había hecho posible esa escena idílica de amistad y llamamientos a la paz y la convivencia, impensable hacía apenas un año, prometían el comienzo de una nueva era para toda el África austral e, incluso para todo el continente al sur de Gibraltar. A partir de ahí cayó el apartheid en Suráfrica, se pusieron en marcha las negociaciones de paz en Angola y Mozambique y Mobutu Sese Seko, por ejemplo, no pudo morir en su país.

Por cierto, que entre los altos dignatarios de más de 150 países que asistieron a esa ceremonia histórica en Windhoek, se encontraba el presidente de la RASD Mohamed Abdelaziz. Imposible olvidar su expresión de felicidad. Tenía motivos para ello: un movimiento de liberación amigo del POLISARIO había logrado la libertad de su pueblo y había culminado su triunfo con la inaguración de un Parlamento democrático, un fenómeno entonces muy raro en el continente africano.

Todo hacía pensar que, una vez que la penúltima colonia de África había alcanzado la autodeterminación, le tocaría el turno al Sáhara Occidental. Tras la medianoche ya no quedarían más pueblos en África pendientes de descolonizar excepto el saharaui, Marruecos ya había aceptado la celebración del referéndum de la ONU a cambio de que el POLISARIO aceptase el alto el fuego y, con la perestroika que ya se adivinaba, ya no había más excusas para que el rey Hassán II siguiese contando con la complicidad de las potencias occidentales a cambio de su papel de gendarme en el Norte de África contra el eje soviético…Veinte años después el pueblo saharaui sigue esperando. ¿Por qué con Namibia (o Timor Este), sí, y con el Sáhara no?

lunes, 8 de marzo de 2010

Mohamed VI le deja a Zapatero sin foto en la cumbre de Granada





Lo que dijo Zapatero en Granada sobre el Sáhara no fue lo peor de su repertorio sobre el tema pero tampoco es lo que debiera ser para un paladín del derecho internacional como él dice que es. No se pronunció abiertamente por la solución autonómica como ya ha hecho en otras ocasiones. Pero se limitó a desear una solución a base de diálogo en el marco de la ONU, lo cual es como no decir nada a favor del derecho de autodeterminación del pueblo saharaui. ¿Alguien cree que Marruecos se va a retirar a estas alturas del Sáhara a golpe de puro diálogo?

Con ello Zapatero sigue con su estrategia de falsa equidistancia entre las dos partes que, en la práctica, sitúan a España en una flagrante violación del derecho internacional y ridículo internacional. La Carta de la ONU lo dice muy claro en el art. 73: las potencias administradoras no pueden permitirse el lujo de ser equidistantes cuando lo que está en juego es el interés y bienestar de un pueblo bajo su tutela y esa es precisamente la situación del Sáhara con respecto a España.

Así sigue siendo para la ONU desde 1975 lo que implica que, de acuerdo al art. 73 de la Carta, España tiene entre sus obligaciones internacionales el “encargo sagrado” de promover el bienestar de los habitantes de esos territorios y asegurar “el justo tratamiento de dichos pueblos y su protección contra todo abuso”. La Carta de la ONU lo dice claro: mientras el pueblo saharaui no haya alcanzado “la plenitud del Gobierno propio”, cualquier Gobierno español debe actuar reconociendo el principio de que los intereses de los habitantes de esos territorios "están por encima de todo”.

Y como también establece la Carta de la ONU en el art. 103, no hay excusa que valga porque no hay ley española ni obligaciones contraídas por los estados en virtud de otros tratados internacionales que puedan entrar en conflicto con estas obligaciones que "siempre prevalecerán".

En este marco, lo menos que había que esperar era que Zapatero forzase en las declaraciones europeas una mención a favor de los derechos humanos que, dicho sea de paso, el régimen marroquí no sólo viola con los saharauis.

Era lo menos, teniendo en cuenta además el feo que Mohamed VI le ha hecho a Zapatero no acudiendo a Granada a dar boato andalusí a la cumbre europea. Hubiese sido lo propio en el marco de acontecimiento que el propio régimen alauita ha calificado de “histórico” y que exhibe ante su opinión pública como un reconocimiento internacional de sus supuestos avances democráticos y su política anexionista con el Sáhara. Pero Mohamed no ha querido devolverle el favor de este impagable balón de oxígeno a Zapatero que contaba con una foto juntos en La Alhambra para demostrar al mundo los grandes logros de la Alianza de Civilizaciones.

Mohamed ha sido inflexible. Nada de gestos que Zapatero pueda vender ni en casa ni afuera para jugar al gran estadista internacional que ha sabido ganarse un hueco junto a Sarkozy a la hora de confeccionar una política europea para el norte de África. Parece que en Rabat prefieren apostar por Rajoy que tanto critica la tibieza de Zapatero con las tiranías de los Castro de Cuba y los desmanes de Chávez en Venezuela pero está arrobado con las grandes dotes de demócrata de Mohamed VI.

P.D.
Queridos, la asociación GAM TEPEYAC de Valladolid me ha invitado amablemente a la nueva edición de su seminario sobre África (donde comparto cartel con veteranos, sabios y contumaces del escaso africanismo español). El jueves tengo la responsabilidad de intentar hacer memoria histórica sobre el Sáhara. Así que me temo que el próximo fin de semana tendré que tomarme un respiro. Confío en vuestra comprensión.

sábado, 27 de febrero de 2010

REUNIÓN EN NUEVA YORK: EL SÁHARA EN LA PRENSA ESPAÑOLA ( y II)



Manifestación por el Sáhara en Madrid, en diciembre de 2009.

D
esde un punto de vista estrictamente profesional hay otro detalle sobre la información que se dio en relación a las conversaciones en Nueva York entre el POLISARIO y Marruecos que llama poderosamente la atención a cualquier periodista que conozca la cocina de un periódico: la gran mayoría de los diarios que dedicaron un espacio al término y balance de la reunión, utilizaron como materia prima despachos de la agencia de noticias española Efe y, en concreto, una nota procedente de la delegación en Nueva York titulada: “Marruecos: `Argelia es la clave en las negociaciones sobre el Sáhara”.

Esta información de la principal agencia española reproducía las declaraciones que el representante del rey Mohamed VI (el ministro marroquí de Exteriores Taieb Fassi Fihri) hizo al término de la reunión en una rueda de prensa cuya idea fuerza es que la culpa de que el conflicto del Sáhara español no se acabe es de los independentistas (el Frente POLISARIO) y, sobre todo de la pérfida Argelia que los apoya. De ahí se explayó el ministro al resto de las variantes de esa tesis del argumentario anexionista que sostiene que el Polisario es un títere manejado por sus envidiosos vecinos argelinos para impedir que un Gran Marruecos les haga sombra.


El éxito que tuvo el ministro marroquí se refleja en la fidelidad con la que los diarios que recurrieron a esta información apenas variaron el titular elegido por la agencia obteniendo resultados muy similares. Por ejemplo: “Argelia es la clave en las negociaciones sobre el Sáhara”; “Marruecos ve en Argelia “la clave” para negociar sobre el Sáhara o “Marruecos: Argelia es la clave en las negociaciones sobre el Sáhara”…


Puede que, como el comunicado de Ross y los no resultados de la reunión no daban de sí para titular (realmente nada titulables), la mayoría de los diarios buscasen algo más saleroso y lo buscaron, como se suele hacer, en los comentarios que a veces hacen los protagonistas de determinado evento una vez fuera de la sala de los misterios. Puede además, que el ministro marroquí le ganase la mano ese día con su ingenio y reflejos a los representantes del POLISARIO que no acertaron a ofrecer una frase con igual garra e interés para que acabase en un titular. Pero, tanta repetición y similitud entre diarios supuestamente competidores, da qué pensar en unos momentos en los que las redacciones bullen intentando resolver el enigma que alimenta una de sus tantas crisis: qué es lo que buscan los lectores que abandonan la prensa seria (la tradicional con origen en el soporte de papel) para buscar nuevas emociones en la era Internet.


Indudablemente, a esta uniformidad contribuyó el que la mayoría de los diarios no enviasen a alguno de los suyos al lugar de los hechos, situado en Armonk, a menos de una hora de la Gran Manzana donde todo diario serio que se precie tiene a por lo menos a un colaborador de confianza. La presencia de un enviado especial a pie de obra siempre ha sido reflejo del interés especial que una publicación tiene con determinado tema o evento (me refiero a los previsibles como esta reunión) frente a los asuntos menores para los que basta con las agencias. También hay que decir que lo normal en la prensa tradicional ha sido hacer lo posible por tener el mayor número de informaciones firmadas por redactores de la casa: se supone que una firma propia indica al lector un valor añadido frente a los competidores que se tuvieron que contentar con lo que tienen todos (las agencias).


Vale, los malditos recortes de gastos introducidos en los periódicos por la crisis económica obligan a ser muy estrictos con los desplazamientos del personal y el pago a colaboradores y, además, ese día 12 (final de la reunión) hacía un día de perros en Nueva York por ese impresionante temporal de nieve que fue noticia en todos los telediarios. Eso sin contar con que en la era de Internet, un especialista (un periodista que sigue determinado tema habitualmente) tiene medios para poner el oído allí donde las restricciones económicas le impiden llegar y, en principio, su credibilidad no tiene por qué quedar menoscabada. Puede hacerlo desde cualquier parte del mundo excepto desde Marruecos porque, a estas alturas es archisabido que un corresponsal español corre el riesgo de ser expulsado si al hablar del problema del Sáhara no lo hace como le gusta al rey Mohamed.


Hay, sin embargo, otro problema a destacar en cómo se utilizó la información de Efe y es el uso exclusivo de esas declaraciones del ministro marroquí para llenar el hueco dedicado a la reunión. Con ello, prácticamente sólo quedaba reflejada una voz, la del anexionismo marroquí y eso no es muy equilibrado que se diga en una redacción estrictamente informativa como es la de ese género periodístico que llamamos noticia. Como mínimo falta la versión de la otra parte en el conflicto.


La culpa en este caso no es de Efe, de esa faceta de agencia estatal que la pone en conexión directa con la sintonía promarroquí de Moratinos. Aún suponiendo que no hubiese mejor título que el brindado por la gran frase del ministro marroquí, hay fórmulas para sortear esas carencias y reequilibrar la noticia. Es algo más laborioso porque, en lugar de un corta y pega integral de un único texto (qué maravillosa diferencia con los tiempos en que las agencias llegaban en papel y no directamente a la pantalla del ordenador), obliga al editor al que le haya tocado la tarea perder un poco de tiempo con una labor de encaje más fina en la que se toma sólo una parte del texto con el que se titula. Así queda espacio para enriquecer o completar con material de documentación, unas declaraciones de la otra parte logradas con una llamada de teléfono o con otros corta y pegas de otras noticias de agencias relacionadas. Es lo que hizo uno de los diarios de la muestra que, a pesar de firmar con la agencia Efe, le dio un aire distinto al tema con algunos añadidos y destacados (títulos cortos) que hacían referencia al “enrocamiento de Marruecos” y el impacto que ha tenido el Haidargate en la trastienda de la batalla diplomática por el Sáhara.


Además, aunque los medios que se inclinaron por el método rápido no hubiesen tenido ni Reuters ni France Presse (son lo último que se recorta), hay que decir en defensa de nuestra agencia oficial que ese día ofreció un amplio surtido de cables relacionados con el conflicto del Sáhara.


Por ejemplo, no hubiese estado de más restarle algún párrafo al ministro marroquí para incluir al menos uno, de otra noticia que ese día Efe tituló: “Las minorías del Congreso piden suspender la cumbre entre Marruecos y la Unión Europea” . Como también se le podía haber dado algo de bola a la otra redacción dedicada por la agencia sobre el apoyo de EEUU a la reunión, con poca chicha hay que decir, pero curiosilla por eso de que se tomen la molestia en Washington de darse por enterados del evento.

Tampoco tuvo gran éxito otro cable de la agencia que ese mismo día anunciaba en su título que “Marruecos devuelve su documentación a grupo saharauis que intentó viajar a Tinduf”, y eso que era una noticia positiva para Marruecos. Alguno de los diarios que el día 12 la ignoró, la publicó en cambio tres días más tarde, lo cual viene a demostrar que la noticia tenía su interés.

Ya que estamos, también se podía haber incluido un parrafito de la otra curiosa información de Efe, fechada en Nuakchot que se tituló “Mauritania transmite a la ONU su “total neutralidad” en el conflicto saharaui” y que hace referencia a las dudas sobre un posible cambio de postura de Mauritania sobre el tema que surgieron con un viaje del embajador de Mauritania en Rabat (Chej El Avia Uld Mohamed Juna) hace dos meses al Sáhara ocupado. Es un desmentido de los rumores que desataron sus declaraciones sobre “los esfuerzos de desarrollo desplegados por Marruecos”, lo cual da la idea de lo necesario que ha sido por el régimen mauritano aclarar una confusión que viene ligando los rumores de cambio de postura de Mauritania sobre el Sáhara a una reorientación promarroquí impulsada por los militares que hace un año derrocaron al gobierno elegido en las urnas…


Y con la bronca política que tenemos montada entre PSOE y PP, en la que cualquier asunto sirve de pretexto a los partidos para animar el circo mediático, lo sorprendente es que ningún medio de derechas tuviese la mala idea de sacarle punta a esas declaraciones del delegado saharaui en Canarias sobre el papelón de Felipe González haciendo de relaciones públicas al demócrata de Mohamed VI…Ya sé que a Antónia y a Conx les pide el cuerpo que el análisis continuase con las noticias que no se han dado esta semana sobre la pesca ilegal y los saharauis en huelga de hambre pero la muestra elegida para la ocasión se limita a la reunión sin resultados de Nueva York. Y en cuanto a los artículos de opinión u análisis colaterales, ahí entramos en otro género periodístico. Para otra vez ¿os parece?

miércoles, 24 de febrero de 2010

NÍGER Y LA PARTIDA SAHELIANA


E
l golpe de estado en Níger coincide con un interesante movimiento de peones en el tablero norteafricano en el que la carrera por el control de grandes recursos mineros y energéticos se cruza con un creciente interés en Europa y EEUU por la lucha contra el terrorismo internacional en los países Sahel.

Níger, ex colonia francesa, es un país de gran importancia estratégica tanto por su situación geográfica, en el corazón del cinturón saheliano clave para la estabilidad de nuestros vecinos del Magreb, como por sus enormes e inmensas riquezas mineras de uranio, fosfato y oro. Aunque nos suene más como referente de peregrinaciones solidarias y campañas de solidaridad para la lucha contra el hambre (María Teresa de la Vega, sin ir más lejos, hizo allí su primer viaje como embajadora de la nueva diplomacia ética de Zapatero), sólo por lo que se refiere al uranio, Níger es el tercer productor mundial por detrás de Canadá y Australia. En 2009, Níger ya producía unas 3.300 toneladas anuales de este preciado mineral gracias a dos grandes minas a las que ahora se va a añadir la explotación de otros dos prometedores yacimientos: se calcula que para 2012 habrán aupado a Níger hasta el segundo puesto de los grandes productores de uranio con un total de 5.000 toneladas anuales.

Hasta 2007 la explotación de esta inmensa riqueza la tuvo en exclusiva la empresa francesa Areva, número uno en el mundo en lo que se refiere a la producción de energía nuclear con fines civiles y que, participada en un 91% por el estado, ha sido uno de los motores de la expansión del gigante eléctrico francés EdF (también de propiedad estatal). Areva fue noticia en la prensa francesa a principios de febrero cuando se anunció un acuerdo para que esta empresa contribuya a la “electrificación” del gigante gasista Gas de Francia Suez (también participado por el estado francés), en el marco del diseño que Sarkozy lleva trabajando, desde antes de ser presidente, para que esta empresa se convierta en el segundo grupo francés situado en la lista de los grandes de la energía mundial.

La vital importancia que la producción de uranio de Níger ha tenido durante más de cuatro décadas para el programa de energía nuclear sobre el que la Francia de De Gaulle apuntaló su famosa equidistancia entre los dos dos bloques de la guerra fría, comenzó a complicarse en 2007. Una rebelión de la población tuareg en el norte del país, escenario de la producción minera, se sumó al descontento popular generalizado ante la nula incidencia en el desarrollo del país de los grandes beneficios que generan las exportaciones de uranio que suman más del 70% de sus ingresos totales.

Los ataques tuareg a las instalaciones de Areva no desanimaron al gobierno de Níger a negociar nuevas licencias de explotación con algunos de los muchos interesados en abrirse un hueco junto a la omnipresencia francesa en la ex colonia africana, especialmente de las potencias emergentes asiáticas (India y China) muy necesitadas de esa energía que, dicho sea de paso, todo apunta a que la crisis y el ejemplo del presidente Obama van a disparar en bolsa.

China, en especial, se hizo con un acuerdo de explotación de uranio en Azelik, en el norte de la región de Agadez donde ya tenía concesiones Areva. El proyecto moviliza una inversión de 300 millones de dólares que se esperaba diese frutos para este año a un ritmo de 700 toneladas de nueva producción.

Quién sabe si esta “diversificación” no haya tenido algo que ver con el derrocamiento del presidente Mamadou Tandja o con la determinación con la que este gobernante elegido en las urnas, se había negado a abandonar el poder en diciembre (el pueblo se lo había pedido así, dijo), contraviniendo la constitución del país y una sentencia del Tribunal Constitucional que le había conminado a cumplir con la Ley.

La entrada de China en el negocio del uranio nigerino sí coincidió en 2007 con el inicio de una gran crisis entre Níger y Francia. Visto desde París, no era para menos: los chinos también les habían metido otro gol en lo que los franceses consideran su casa, al hacerse con los derechos para iniciar la explotación de los yacimientos de crudo con los que Níger ha entrado recientemente en el mapa en expansión de la producción petrolera africana. Desde el lado africano, se respondió con grandes manifestaciones callejeras contra Areva y la expulsión por parte del Gobierno de Tandja del jefe de operaciones de esta empresa al que acusó de promover la rebelión tuareg.

Tras dos años de tensiones, sin embargo, el conflicto entre ambos gobiernos, al menos en lo que se refiere al negocio del uranio, se zanjó en 2009 con la concesión a Francia de la explotación de la mina de Imouraren que se dice es la segunda mayor mina de uranio del mundo. De hecho, el Gobierno de Sarkozy ha condenado el derrocamiento de Tandja aunque, a diferencia de lo que ocurrió en Honduras con el presidente Zelaya (el que también quería prolongar su estancia en el palacio presidencial como fuese) se ha dado a entender que se lo tiene merecido porque, en realidad, el golpe lo inició él cuando se negó a dejar la silla.

El uranio no es la única pista a seguir con esta pieza del complejo entramado saheliano. El golpe en Níger también coincide con un intento por parte del gobierno de Argelia de afianzar su papel de mediador para la solución del conflicto entre los gobiernos centrales de Níger y Mali, con los rebeldes tuareg. Un papel que Francia hace todo lo posible por deslucir para seguir siendo la primadonna indiscutible en el norte de África. Además, todo esto se junta con la ofensiva de europeos y americanos están dando para definir una línea de acción contra las redes de Al Qaeda en el Sahel. Un movimiento que, desde Argel, es percibido como una carrera a ver quién llega antes para, con el pretexto de la lucha contra el terrorismo, proporcionar ese tipo de ayuda económica y defensiva que garantiza la injerencia en los estados y el control de sus recursos.

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