Una mirada a África como tablero de la geopolítica internacional

martes, 25 de mayo de 2010

CARTA PARA ANTÒNIA (Garzón y el gas enervante II)


Manifestación por el Sáhara en Madrid el pasado diciembre.


Querida Antònia:
me llamaron la atención tus reflexiones a
mi anterior entrada en este diario geopolítico. ¿Motivo? Pues precisamente porque, como bien dices, en tus comentarios no sueles desplegar gusto por burka u orejeras ideológicas. Hasta ahora creíamos que esta condición aseguraba inmunidad ante el gas enervante que suele dispararse con la dialéctica ideológica. Pero, al leer tus observaciones me ha asaltado una sospecha: la de que esta vacuna no baste con la alta toxicidad del caso Garzón.


No me refiero a esa parte de tu comentario que depende de apreciaciones personales sobre la ultraderecha en Francia y en España, porque no pretendo ser cura dando misa. En este apartado incluyo reflexiones que aluden a un camuflaje de la ultraderecha en el pragmatismo parlamentario. Puede, pero que yo sepa, esta ultraderecha francesa, si estuvo homologada a alguien en España fue al afortunadamente olvidado Blas Piñar y su Fuerza Nueva. Un partido muy temido en la época de la Transición y no precisamente por su quehacer romántico, sino por las palizas que sus integrantes propinaban en los barrios de Madrid donde hacían despliegue de poderío. En cualquier caso, esta estrategia de camuflaje no explica muy bien el por qué convocar una manifestación contra Garzón para luego no sumar más de cien en la calle...

Por eso, a la hora de hacer balance sobre ultraderecha, me preocupa más la situación en Francia donde, mucho darnos lecciones de liberté y fraternité pero el lepenismo, además del subidón brutal de votos que ha cosechado en las urnas, se mueve con tal falta de pudor en las calles como para obligar a la policía a mantener un dispositivo de seguridad especial en Cannes para proteger la proyección de la película sobre el colonialismo en Argelia de Rachid Bouchareb (
Hors-la-loi) de la furia de los guardianes del legado imperial francés. Como para que luego nos sorprendamos de que Francia lidere en la ONU, la Unión Europea y allá donde puede el consenso con la opresión del pueblo saharaui por parte de Marruecos, peón esencial de su estructura neocolonial africana...

Pero dejemos a un lado las disquisiciones politico-filosóficas y volvamos tras el rastro del gas enervante en el caso Garzón. No lo digo, repito, en tono de reprimenda (¡vade retro, Satanás!) sino en el papel de curiosa e inquieta observadora de la repercusión y secuelas que está cosechando cierto argumentario socio-político. Porque, fíjate, querida Antònia:

1) Me atribuyes (o eso parece) una opinión contraria a hacer justicia a las víctimas españolas de la Guerra Civil cuando yo, precisamente, me pronuncio a favor desde el primer párrafo utilizando intencionadamente una referencia a los valores cristianos (cuarta línea del comentario) que supuestamente son caros a esos españoles a los que el gas enervante les nubla la vista y les borra la memoria con el resultado de una visceral reacción adversa en esta cuestión que, digo yo, también tiene una vertiente de estricta aplicación de la caridad con el prójimo. ¿Es que no quedó claro Antònia, que íbamos, al menos hasta ahí, en la misma línea?

Pues naturalmente, querida, que sería absurdo que, lo que damos por bueno a 3.000 kilómetros, no lo fuese en casa. Claro que rescatar restos humanos de cunetas y fosas comunes no pone en peligro la Transición. Creí que quedaba claro pero, evidentemente, esta vez, no comprendiste mi broma con esos comentarios apocalípticos sobre el supuesto auge del fascismo que nos atenaza y que, al igual que lo del "vómito" o el "Torquemada" proceden de artículos de encendida defensa a Garzón publicados en la prensa progresista y de izquierdas. (Quizás debía de haber puesto el copyright no sólo a Caballero Bonald...)

En fin, que puede que no me explicase bien pero me inquieta que el equívoco sea un reflejo del éxito con que estas opiniones y tremendismos están imponiendo el falso axioma de que, si Garzón cayó por meterse con el franquismo, ergo, todos los que no se echan a la calle en su defensa es porque son simpatizantes del legado de una vergonzosa dictadura. Y es que, a partir de ahí, el resto va en automático: Garzón es un santo, sus contrarios están del lado del mal y, consecuentemente, ser de izquierdas o progesista exige no ver mácula en la aureola del supuesto mesías de la Justicia Universal. Malo, tan malo como ese axioma que, desde el otro extremo, avanza con la misma lógica infernal a caballo del supuesto que reza: si Garzón se ha metido con el franquismo es porque, como mínimo, está en nómina del PSOE de Zapatero, ergo, Garzón es un rojo y un enemigo del PP al que todo lo que le ocurra de malo le está bien empleado.

Malo, malísimo porque la paradoja de esta dialéctica es que tanto las manifestaciones multitudinarias a favor del juez estrella enarbolando banderas republicanas, como el revival del falangismo, favorecen por igual una canonización por decreto ley. Es más, a los que mueven los hilos del todoscongarzon les vendría de perillas que el lepenismo español se hiciese más vistoso para que salte ese resorte del “si los fachas ladran, es porque estamos en el lado de la verdad”. Es entonces cuando el gas irritante actúa con eficacia barriendo las dudas que siembran los inoportunos que se pierden por arenas movedizas.

¿Un poco obtuso? Puede, pero en el drama del pueblo saharaui, que tú conoces muy bien, tenemos un buen ejemplo de cómo la ideologización de un asunto que nada tiene de ideológico (un proceso de descolonización inacabado), ha servido para que los politicos de derechas e izquierdas anestesiasen a sus respectivos votantes: que si los polisarios son comunistas, que si el derecho a la autodeterminación es una causa casposa de los militares que sostuvieron al regimen de Franco…

Por ultimo: y 2) Me reprochas que no haya dicho nada de la “otra querella sobre el Sáhara”, la de Garzón contra los torturadores marroquíes cuando ya he hablado tantas veces de ello en otras entradas del diario (basta que pongas la palabra Garzón en ese buscador que con tanto sudor he logrado situar al final del blog), que me parecía un poco repetitivo volver a ello. Pese a lo cual, puse en mi comentario (para los que se acaban de incorporar) una referencia al extraño quehacer del juez incluida en un hipervínculo que lleva al comentario del día 20 que, a su vez, lleva con otra de esas rayitas mágicas a otro resultado de mis pesquisas que, a su vez rebotaba a un tercero en el que también explicaba mi escepticismo sobre la voluntad de Garzón de querer de verdad llegar al fondo de la cuestión (la de juzgar a los torturadores marroquíes) y no, simplemente, marear con el beneficio de nadar y guardar la ropa.

Lo que planteo en todos ellos, resumiendo, es que si de verdad hubiese querido ir en serio Garzón y hacer justicia a los saharauis: ¿por qué antes de esa "otra querella" a la que tu aludes había rechazado otras denuncias contra Hassán II utilizando los argumentos con que los abogados de Pinochet le dijeron que no era competente para sentar en el banquillo al ex dictador chileno? Como dijo entonces Editor, podríamos consolarnos con que su amago al menos sirvió para publicitar el drama saharaui. Pero, creo yo, Garzón ha logrado con creces compensar este golpe publicitario prosaharaui con otro tan grato a Marruecos como es el de haber aireado la hipótesis de que el Polisario tiene un lado oscuro.

En cualquier caso, querida Antònia y todos los posibles desconcertados que ya he visto que hay unos cuantos: mi perplejidad, dudas y decepción (que no condena, por supuesto) a Garzón no son fruto de la lectura sino de experiencia sobre terreno. Vivimos una época muy tormentosa y gris en la que necesitamos, más que nunca, de héroes y, mira por dónde, tras la ilusión del caso Pinochet tuve la mala suerte de toparme con una extraña pista de actitudes equívocas del juez no sólo en relación al Sáhara sino también en ese otro dossier intocable en España: el del cleptócrata y criminal Teodoro Obiang. Otro tema en el que se le dieron al juez oportunidades para hacer justicia que despreció y, si no, Antónia, ademas de al abogado Francisco Fernández Goberna o al presidente Silvio Berlusconi (que, como ya dije, sacó buen partido a este doble rasero de Garzón) pregúntale a Eugenio Pordomingo, de www.espacioseuropeos.org al que Garzón se negó siquiera a escuchar cuando le quiso animar a que siguiese el rastro del dinero sucio de Obiang. Si le hubiese hecho caso, Garzón se hubiese adelantado a jueces de Francia y EEUU.

Aún así, que no cunda el pánico, la esperanza es lo último que hay que perder y, ahora que Garzón se va a La Haya, capital mundial de la justicia humanitaria, podría recuperar el tiempo perdido y utilizar su prestigio e influencia para hacer de verdad los deberes con la Guerra Civil, el Sáhara y, por supuesto, Guinea Ecuatorial. Digo yo...


P.D. Como algunos todavía os quejáis de que os debo una del pasado mes, aquí os dejo un tema sahariano elaborado por el equipo de Pordomingo sobre esa intervención mía en el Colegio de Nuestra Señora de África junto a la diputada socialista Fátima Aburto cuya preparación fue origen de esa deuda que algunos no perdonan. Espero que os guste pues el resumen se ajusta bastante a lo que dije en la mesa organizada por profesor Riesgo. Confío en que, después de esto, no me pidáis intereses…

http://espacioseuropeos.com/?p=16543

lunes, 17 de mayo de 2010

GARZÓN Y LOS BENEFICIOS DEL GAS ENERVANTE



No resulta nada higiénico que al juez Garzón lo vayan a crujir por prevaricador justo por la llamada causa de los crímenes del franquismo y no sólo porque no sea cristianamente defendible negar a los muertos digna sepultura. Es que, además, todo lo que tenga que ver con lo que ahora se llama “la memoria histórica” desprende un poderoso gas enervante-cabreante que hace estragos incluso entre quienes tienen la enorme suerte de no saber quién fue ese Generalísimo que se empeñan en resucitar algunos políticos. Da igual que la bomba caiga del lado de la izquierda o de la derecha. Si la población afectada por el proyectil lleva burka ideológico, basta una mínima inhalación del tóxico para que acabe siendo víctima de una parálisis de las terminaciones nerviosas que controlan el raciocinio y que dispara la realidad virtual de la dialéctica ideológica.

En este diario ya lo recordé en unos apuntes del pasado 20 de abril que, a través de la puerta de la madre África (lo que se aprende allí de política española) unos cuantos ingenuos tuvimos la oportunidad de llevarnos una gran y alarmante decepción sobre el buenismo del superjuez: grande porque no sirve eso que dicen sus defensores a ultranza de que el haber empurado históricamente a Pinochet le de bula a Garzón para hacer distinciones entre casos A (prioritarios) y casos B (sacrificables) en materia de violaciones de los derechos humanos. Alarmante, porque al fin y al cabo, estamos ante la gestión de la Justicia y eso de que los derechos humanos valgan para unos y para otros no, refleja un doble rasero propio del ilusionismo politico pero nunca de un juez.

Hay que reconocer, sin embargo, que Garzón tiene una enorme suerte. Si su carrera dependiese sólo de las acusaciones relativas a su extraña relación epistolar con el propietario del Banco de Santander y la financiación de sus cursos en Nueva York, su caso se limitaría a las vulgares coordenadas del cohecho y la prevaricación. Tampoco habría lugar a que se pudiese escudar en la coartada del martirologio, por definición injusto, si las dudas sobre su integridad o capacidad para administrar la Justicia se limitasen a la nada estética sospecha de sumisión partidista que desprende su intervención en el caso Faisán.

Todo estaría más a la vista, incluyendo el papel que está jugando en ese supuesto acoso y derribo urdido desde la ultraderecha, la progre ex secretaria de estado de Felipe González, Margarita Robles, como una de las principales impulsoras de la suspensión de Garzón. También reluciría con más brillo el dato de que el juez Luciano Varela, el supuesto acosador del juez de los indefensos y las víctimas, es miembro de la progresista Jueces para la Democracia que se ha puesto del lado de… Garzón.

En cambio, acusar al juez estrella por prevaricar con una causa que ha catapultado al estrellato a una Manos Limpias con tufillo a naftalina y un señor que dice ha promovido la querella contra Garzón en nombre de un partido falangista, reúne todos los elementos que garantizan la eficacia de la poderosa arma del gas enervante-cabreante que convierte en caballo de batalla entre dos supuestas Españas (que no son las divididas por la frontera del paro), hasta la lista de la compra. Basta con que alcance la pituitaria que una pequeña dosis de este compuesto produce en los afectados un súbito estado de excitación febril, mareo y desorientación que induce una distorsión de la perspectiva y rumbo.

El caso Garzón se convierte así en la prueba palpable de que hay un acoso a los frutos de la Transición y de que estamos en peligro por el auge del fascismo que todo lo corroe como un cáncer que está a punto de copar el vulnerable organismo de nuestra democracia (especialmente en Madrid, por lo visto) y que, hoy le toca a Garzón o el rector Berzosa, pero mañana podría tocarle a Perico el de los palotes. Cualquiera que capte estos llamamientos a la alerta roja desde Marte, diría que estamos al borde de una nueva Guerra Civil. Afortunadamente, el burka debe estar en desuso en España porque ni se tienen noticias de levantamiento de barricadas en la izquierda y, en cuanto a la supuesta pujanza de este franquismo que nos sobrevuela (en palabras del José Manuel Caballero Bonald), cuando toca que el falangismo demuestre su poderío en la calle manifestándose contra Garzón, no llegan en Madrid al centenar ni poniéndoles servicio de autobuses desde el resto de España con bocadillo incluido.

Como dijo el filósofo Fernando Savater en una reciente tertulia televisiva, lo curioso de este temible ascenso de la amenaza fascista que nos echan en cara incluso desde Francia, es que en España no hay ni un diputado de extrema derecha como los suele haber en cambio en los parlamentos del resto de Europa, empezando por el de París donde incluso acaban de doblar su presencia robándole el terreno a Sarkozy y la izquierda. Eso sí que es auge y lo demás son tonterías.

Pero el gas enervante es un arma poderosa que entraña grandes beneficios para Garzón. De momento, poco se habla de gestión de la justicia de un juez. El debate ha sido desviado a otras coordenadas, las de si los crímenes del franquismo pueden o no juzgarse, enzarzándose en la diatriba de si se debe o no remover la historia para perderse en el pantanal de la génesis de la Guerra Civil. A partir de ahí todo viene rodado porque, en ese entorno donde reina la espesa niebla, es relativamente fácil que el Tribunal Supremo se convierta en un órgano “vomitivo” (ultrafacha) que vuelve el mundo del revés, que Varela pase a ser un “Torquemada del fascismo” que desconoce la legalidad internacional y protege a los verdugos frente a las víctimas y, de paso, que el PP de Rajoy, al que se ha atribuido la conspiración, pierda toda posibilidad de haberse convertido en un partido de la derecha civilizada para asimilarse al “machartismo” y su terrible caza de brujas. Qué bien para Zapatero.

Garzón también puede estar satisfecho. Porque, mientras el gas enervante siga trastornando a la opinion pública, su salida de la Audiencia Nacional nada tendrá que ver con la defenestración del juez Javier Gómez de Liaño, su antiguo amigo al que traicionó y al que los mismos que defienden al superjuez se encargaron de que no recuperase el honor ni siquiera cuando desde Europa se certificó que su expulsion había sido fruto de la mala salud de la justicia española. Gracias a la sobrereacción generada por el gas enervante, subirá el cache de Garzón que, con su aureola de juez castigado por querer meterse contra el franquismo, podrá seguir dando cursos en la Universidad de Nueva York sobre los riesgos que acechan a los paladines de la Justicia Universal.

P.D. Precisión sobre Garzón versus Polisario. Aprovecho la ocasión para añadir una aclaración al comentario de 20 de abril. El profesor Carlos Ruiz Miguel me recuerda que decir que el juez Garzón “admitió” la querella contra el Polisario no es correcto, que Garzón amagó con investigar las supuestas víctimas del Polisario pero que acabó archivando el caso entre otras cosas porque, en Marruecos mucho ladrar pero sus propios tribunales no abrieron ninguna investigación sobre el asunto.

Efectivamente, como dice el profesor en este artículo de su blog que adjunto (siempre valiosísima su aportación para deconstruir el argumentario promarroquí) no es jurídicamente correcta la palabra “admite” por mi parte, como no lo es la de “aceptar” con la que desde Rabat se ha hecho lo posible por confundir al personal haciendo creer que la cosa era definitiva y apuntalar así la tesis de que los representantes del pueblo saharaui son una banda de impresentables que no merece ninguna simpatía ni apoyo. Dicho lo cual, la imprecision no afecta a la chicha de a lo que iba y es que resulta sorprendente que el campeón de las causas justas considerase la hipótesis de que, quizás, el Polisario sea culpable de crímenes contra la humanidad pero, nunca, se le haya ocurrido considerar que pudiese ser objeto de delito las sacas de los republicanos. De acuerdo, la culpa de todo la tuve el golpe de estado que trastocó el orden de las casos y hundió el país en un caos fratricida pero, entonces, ¿no debería valer lo mismo para el Polisario, representante del pueblo saharaui agredido por un invasor ilegal (Marruecos)?

La precisión de Ruiz Miguel también resulta muy esclarecedora de cómo aprovecha la propaganda marroquí cualquier resquicio para arrimar el ascua a sus sardinas. Y qué curioso resulta que así como se dio mucha publicidad en la prensa española a que el juez considerase la posibilidad de que el Polisario pudiese haber cometido graves crímenes (la confusion fue tal que hubo un dirigente saharaui que casi no viaja a España temiendo lo peor), en cambio, nada se haya dicho de que decidiese archivar. El resultado a efectos prácticos es que la iniciativa de Garzón ha servido para que se aireen argumentos y tesis que descalifican al Polisario y dan alas a las tergiversaciones del rey Mohamed. Moratinos debe estar de lo más satisfecho por la discreción con que un juez tan mediático no ha evitado la confusion en los titulares periodísticos.

domingo, 9 de mayo de 2010

¡Gracias, "Mundo Negro"!

Mundo Negro cumple 50 años, con 550 números, unos 36 millones de ejemplares a la espalda. Nada mal para una revista en España, especialmente ahora que los lectores de la prensa en papel son una especie en vías de extinción. Todo ello, sin recurrir a promociones que convierten una publicación en esa cosa que se regala con un vídeo o una pieza de loza. Y lo más sorprendente es que esta publicación cuenta con un público incondicional de 55.000 suscriptores a pesar de que su foco de atención está puesto en África, ese continente que la prensa diaria española ningunea sistemáticamente con el pretexto de que no tiene ningún interés para los lectores españoles necesitados de estar bien informados.

En Mundo Negro, sin embargo, África no sólo interesa en términos estrictamente informativos sino que el apoyo a los pueblos africanos es el principio que todo redactor debe llevar en el corazón mientras persigue el rigor y la veracidad que conforman el buen periodismo. No hay excepción para el cumplimiento de este libro de estilo, ni siquera con la lucha del pueblo saharaui o la batalla contra la tiranía en Guinea Ecuatorial, dos asuntos que en las redacciones españolas disparan sonoras alertas rojas.

Es más, los responsables de la revista, ya sean laicos o misioneros, veteranos ya jubilados o miembros de la actual dirección no pierden ocasión de exhibir públicamente con orgullo que una de las causas más queridas de la revista es la causa del pueblo saharaui. Buen ejemplo de ello han sido las muchas referencias que han dedicado al Sáhara en los diferentes actos con los que han celebrado tan importante cumpleaños, incluyendo el de la presentación al resto de los medios de comunicación del número especial del 50 aniversario, titulado "África, especial 2010"), una pequeña enciclopedia sobre la historia, evolución demográfica, social, política y económica del continente desde el comienzo de la descolonización que incluye una ficha de cada uno de los miembros de la Unión Africana, entre ellos la de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) constituida en los territorios liberados del Sáhara Occidental.

“Me da mucha vergüenza cuando oigo o leo declaraciones de nuestros políticos como las que recientemente hizo Gustavo de Arístegui defendiendo la “autonomía” saharaui y no el respeto al derecho internacional que es lo que de verdad está en juego, dijo Gerardo González, decano de la prensa africanista española y alma de Mundo Negro durante más de 40 años de la revista.

Como explicó Gerardo (en foto de abajo, junto a Ismael Piñón) este favoritismo con el pueblo saharaui responde a otra maxima del decálogo ético de la revista y es que su apoyo contra la injusticia debe ser tanto mayor cuanto más indefensa sea la víctima. “Hay muchas causas que apoyar en África y muchos silencios que romper pero, el pueblo saharaui tiene una gran desventaja frente a otros pueblos de África y es que sigue siendo el único territorio sin haber llevado a término su descolonización”. Eso añadió, deja a los saharauis en una situación de especial indefensión ante el olvido.


Habrá quien critique esta postura como una militancia incompatible con la objetividad, enarbolando esa pretendida equidistancia con la que el ministro socialista Moratinos y el diputado del PP Gustavo de Arístegui, en realidad, lo que hacen es campaña por la no defensa de los saharauis con un objetivo muy claro: favorecer a la parte agresora (la monarquía de Marruecos).

Gerardo González, sin embargo, siempre lo tuvo muy claro: “La revista nació en la encrucijada histórica que se produjo en 1960 (el llamado año de África, cuando 17 países de África lograron la independencia y, desde su primer editorial Mundo Negro se comprometió a acompañar a los pueblos de África en este proceso. “Ha habido muchos gozos y muchas tristezas en este camino, una de ellas el Sáhara”. “Pero si hemos acompañado el resto de las independencias de África lo que no sería objetivo es que no hagamos con el pueblo saharaui”. Su sucesor Luis Esteban Larra, a su lado, asentía. Él tampoco parece estar dispuesto a apearse del burro que ha convertido a Mundo Negro en una de las pocas publicaciones que estuvo con los saharauis cuando la denuncia de los acuerdos de Madrid suponía un grave riesgo de represalia por parte del régimen franquista y sus forofos, y que no varió su postura cuando, al terminar la Transición, el PSOE le acabó dando la espalda.

En cualquier caso, esta apasionada militancia no ha impedido que la revista que nació de la Iglesia misionera, sea hoy la publicación de referencia en España sobre África, tanto para diplomaticos, expertos e investigadores universitarios, voluntarios de ONG o, simplemente, lectores para los que África es una pasión sin más. Un prestigio que no se consigue sin una seriedad y rigor profesional intachables.

El Sáhara no ha sido el único tema con el que Mundo Negro ha demostrado valentía. Un ejemplo de los difíciles momentos que le supuso a la revista el firme respeto a sus compromisos en tiempos de la dictadura de Franco lo recordó Romeo Ballan, uno de los primeros directores de la revista: “El apoyo a las independencias africanas nos costó entonces ser acusados de ser unos curas rojos y hasta aparecieron pintadas en los muros de nuestro recinto”, recordó Romeo en la intervención con la que participó en el gran acto de cumpleaños celebrado en la sede de la Mutua Madrileña bajo el significativo lema que resume la union de la revista a la descolonización: “África, 50 años de independencia”.

Otro momento de gran tension, recordó el religioso italiano, se produjo con la independencia de Guinea Ecuatorial en 1968, cuando al general Díaz de Villegas, responsable de las plazas africanas, le disgustó la cobertura dada al evento por la revista. “Nos sometieron a un buen apretón de tuercas y, poco después, Guinea fue declarada materia reservada”. Los oyentes guineanos (que había muchos en la sala), dieron un aplauso de agradecimiento.

En tiempos de la democracia, siguió Ballan, tampoco han faltado las pintadas injuriosas (las de tinte xenofóbico por la solidaridad de la revista con las víctimas de las pateras) sobre las vallas del recinto de los misioneros combonianos que, además de la redacción de la revista, la redacción de la publicación infantil Aguiluchos , una gran biblioteca incluye el Museo africano. En cuanto a Guinea, los problemas siguen siendo muy parecidos a los que su pueblo padeció con su primer presidente, Francisco Macías, sólo que su sobrino y sucesor, Teodoro Obiang intenta acabar con las críticas de los medios presionando a través de bufetes de abogados que puede pagar gracias a los suculentos ingresos del petróleo que saquea de las arcas del estado. Donato Ndongo escritor y periodista guineano al que Mundo Negro ha dado voz en una hermosa columna de opinión, ha tenido que sufrir en sus carnes en otros medios la capacidad disuasoria que tienen estas estrategias silenciadoras.



La redacción de Mundo Negro. De pie, Luis Esteban Larra, redactor jefe de la revista.

Un periodista le preguntó al actual director Ismael Pinón si tenían datos de la influencia de Mundo Negro. África González, miembro de la redacción le recordó luego que muchas de las pasiones (la suya entre otras) por África, incluyendo vocaciones misioneras, prendieron con la lectura de Aguiluchos.

Por mi parte, añadiría que, si no fuese influyente, la dirección no tendría que preocuparse por ocultar con seudónimos la identidad de, por ejemplo, su corresponsal en Guinea Ecuatorial. Tampoco tendrían que evitar recurrir a los combonianos sobre terreno (entre los que hay muchos periodistas y muy cualificados) y contentarse con elaborar la información desde Madrid, para no incrementar el alto riesgo de exponerlos a las represalias de los que no aprueban sus informaciones sobre las guerras de Sudán, Congo o Ruanda.
Sí, definitivamente la información sobre África, cuajada de oscuros tejemanejes que contribuyen a mover lo que luego se simplifica con la etiqueta de odios étnicos, exige valentía tanto sobre el terreno pero, también, mucha audacia e ideas claras por parte de quienes en Madrid deciden lo que se va a publicar.

Un ejemplo que me concierne: en la carpeta que se distribuyó en la presentación del número especial del cumpleaños (en el que el Sáhara tiene ficha propia junto al resto de miembros de la Unión Africana), se cita con orgullo uno de mis más queridos reportajes ("El acuerdo que nunca existió", sobre la farsa de los acuerdos tripartitos) como si el mérito fuese exclusivamente mío. Pero no, esa historia estaba ahí, esperando a que alguien se decidiese a escribirla, y muchos podrían haberlo hecho en mi lugar si hubiesen tenido la suerte de tener una publicación dispuesta a sacarla en letra impresa. No tuvieron la suerte y el privilegio de colaborar con un medio decididos a respaldarles. ¡Gracias Gerardo, gracias Mundo Negro!


viernes, 30 de abril de 2010

El Sáhara Occidental y la opinión de los españoles



El cartel de la mesa redonda Sáhara Hoy el número especial de los 50 años de la revista Mundo Negro



La diputada socialista Fátima Aburto dijo el jueves en el Colegio de Nuestra Señora de África que el conflicto del Sáhara es uno de los asuntos más importantes de la política exterior española. ¡Por fin!, me dije por lo bajinis, una voz en política que no despista al personal con declaraciones que apuntan en sentido contrario y fomentan la creencia, incluso entre la nutrida comunidad solidaria, de que el Sáhara es un asunto muy secundario para los intereses españoles. Pero mi gozo en un pozo, cuando la diputada añadió a renglón seguido que, a pesar del gran trabajo de las asociaciones de amigos del Sáhara, hay que constatar que sólo hay un 10% de la población española que comparta con ella esta certeza meridiana. No fui la única a la que se le dispararon las alarmas porque vi entre el público que asistía a la mesa redonda Sáhara hoy quien se removió inquieto en el asiento.

La ex senadora dio el dato basándose en los resultados de las encuestas con las que se elabora el barómetro del Real Instituto Elcano, como dando a entender que este 10% le quita brillo y peso a un movimiento con más de 35.000 familias dispuestas a acoger cada verano a niños saharauis en el programa Vacaciones en paz. Menos mal que Aburto rectificó algo el rumbo al añadir que, dentro de lo que cabe, no es un resultado tan escaso como podría parecer en términos objetivos. Y es que, pá echarse a temblar con la sola sospecha de que ese 10% les parezca un indicativo en el PSOE de que pueden lanzarse al ruedo a por todas (a favor de Marruecos) sin ningún riesgo a una posible cornada en los sondeos de intención de voto.

El mejor seguro para que se lo piensen antes de dar ese salto (ya nos han demostrado fehacientemente que ganas no les faltan) es otro dato que la diputada no mencionó de ese barómetro y que, por cierto, tampoco Rajoy debería perder de vista a la hora de hacerse ilusiones electorales: hay un 42% de españoles a favor de la independencia  de la independencia saharaui frente a un 29% que es favorable a la opción contraria, la de la anexión a Marruecos (aquí tenéis el estudio).

El resultado, diría yo, es más que bueno a la hora de reflejar el buen pulso que sigue teniendo la causa saharaui. Este think-tank o instituto de análisis sobre relaciones internacionales no es sospechoso en la actualidad de ser propolisario dado el peso que tiene el ministerio que dirige Moratinos en sus actividades. Además, el apoyo a la causa saharaui tiene en contra los grandes esfuerzos que tanto el PSOE como el PP han vuelto a desplegar tras el fin de la huelga de hambre de Aminetu Haidar para que los medios tradicionales, especialmente los de la prensa en papel, si dicen algo sobre el Sáhara sea para confundir sobre coordenadas de la historia, diplomacia y derecho internacional que es lo mejor que se puede hacer para que Marruecos esté abocado, sin remisión, a ser un estado gamberro con el apoyo de la opinión pública española.

No hay más que ver cómo tituló ese día la noticia que la agencia estatal Efe dedicó a este dato del barómetro Elcano: “Casi un tercio de los españoles defiende que el Sáhara Occidental sea marroquí”. Cualquiera que lea sólo el titular, sin seguir hasta la línea donde está el dato del 42% (que no aparece hasta el segundo párrafo de la noticia, por cierto), se queda con la conclusión de que hay un mogollón de españoles que pasan de los saharauis, mientras se abre paso la posición promarroquí. Un equívoco que podría haberse evitado titulando con el dato favorable a la independencia que, al fin y al cabo, es el que ha triunfado entre las dos opciones de un hipotético referéndum. Por ejemplo: “El 42% de los españoles defiende que el Sáhara Occidental sea independiente”.


Para los que esta opción les pudiese parecer sospechosa de simpatías propolisaria esta la solución por la que optó EcoDiario.es: “El 42% de los españoles, a favor de la independencia del Sáhara, frente al 29% que la prefiere marroquí”). Desgraciadamente, diarios como El Economista o Abc, se limitaron a copiar la noticia de la agencia de noticias estatal.

Otro dato que Fátima Aburto tampoco comentó de ese barómetro sobre política exterior es que tres de cada cuatro españoles están en contra de la posible adhesión de Marruecos a la Unión Europea. ¿Por qué será? No desde luego por xenofobia antimusulmana porque, en la misma consulta el personal se mostró partidario (nada más y nada menos que en un 44%), a la inclusión de Turquía.

En cualquier caso, no me parece que sea una derrota ese “sólo” 10% de españoles que consideran la solución del conflicto saharaui un asunto prioritario: el mismo instituto ha verificado que uno de cada tres españoles no sabe que España ejerce la presidencia de la UE. Es decir, “sólo” un tercio de los españoles y a pesar de la matraca televisiva en hora de máxima audiencia que los medios afines al PSOE, incluyendo la televisión pública, dedican y han dedicado a la dichosa presidencia europea de Zapatero (sí esa que Moratinos nos anunció muy solemne allá por Navidades que hasta iba a servir para acelerar la salida de España de la crisis económica).

Habría que deducir de ello que, desgraciadamente la política exterior no tiene gran tirón entre la opinión pública a pesar de que Moratinos aseguró allá por Navidades que la presidencia europea en manos de Zapatero iba a acelerar la salida de la crisis económica. El reverso de esta moneda, por lo tanto, es el gran triunfo del Sáhara en este terreno abonado por la indiferencia ya que, al ver qué pasa con los que no están ni con la independencia ni con la anexion, nos encontramos con que un 23% de los consultados no tiene opinión y a un 6% le es indiferente lo que pase con el Sáhara. Eso sin contar con que, del 29% de los partidarios de que el territorio acabe bajo el control de Marruecos, según los resultados, ¡hay un 9% que es partidario de mantener la actual situación en el Sáhara! ¿Se habrán enterado estos españoles de cuál es dicha situación?.

P.D. Ya sé que he estado un poco remolona con este diario pero, llevamos dos semanas de grandes eventos africano a pesar de lo poco africanista que suele ser Madrid: el tirón final de la acampada universitaria con la presencia de Aminetu Haidar; el cumpleaños de Mundo Negro (50 tacos nada más y nada menos), la única publicación que, desde 1975, no se ha apeado del burro con la causa del pueblo saharaui y que para la ocasión ha publicado un número especial sobre los 50 años de independencia en África (que incluye el Sáhara sin descolonizar, por supuesto) y, el jueves, la última sesión del interesante ciclo que se ha dedicado a la Historia desconocida del Sáhara en el Colegio de Nuestra Señora de África en el que he participado con una de esas pequeñas intervenciones que ya sabéis me distraen mucho de la escritura. Intentaré retomar el cumpleaños de Mundo Negro y los apuntes que tomé sobre el ciclo del profesor Riesgo.

martes, 20 de abril de 2010

¿GARZÓN UN "PROGRE"? NO CON EL SÁHARA NI CON GUINEA


Manifestación por Aminetu Haidar en diciembre, en Madrid.

Los admiradores incondicionales del juez Garzón, ya lo advirtieron, allá por Navidades, que iban a por él. ¿Quién? Pues quién va a ser, los fachas, lo más abyecto de nuestro país. Dicho esto, se supone que los votantes del PSOE y de la izquierda en general deberían, como mínimo, estar alerta contra cualquiera que no ponga los ojos en blanco con la “valiente y continuada” labor del superjuez a favor de los derechos humanos y cerrar filas contra el enemigo en defensa de uno de los suyos. ¿Pero es que a Garzón se lo van a cargar por ser un rojo y un progresista?


El propio superjuez ha dicho que es víctima de una persecución despiadada urdida desde el PP para, aprovechando las complejidades de toda causa que intente condenar los crímenes del franquismo, acabar con su carrera para que no siga urgando en el escándalo Gürtel que tanto daño le ha hecho ya a Rajoy.

Los Manuel Chaves y las Leire Pajín le han venido a dar la razón uniéndose al coro de los que dicen que, en realidad, lo que persigue la larga mano negra que se empeña en sentar en el banquillo al hombre que se atrevió a hacer lo que otros no habían hecho, es garantizar la impunidad del franquismo y acabar de una vez con esa Justicia Universal que se ha propuesto perseguir desde la Audiencia Nacional el genocidio y las violaciones de los derechos humanos, cometidas por dictadores, terroristas corruptos y enemigos de la democracia allá donde las víctimas no pueden contar con la justicia de su propio país. No es fácil no verlo así, cuando las acusaciones contra Garzón han prosperado gracias a las denuncias de organizaciones de nomenclatura ultraderechista.

Todo parece encajar, aunque la verdad, si la Justicia Universal corre el riesgo de ser erradicada, no será por la desaparición de la escena del superjuez, sino por esa reforma de la Ley que el ministro Moratinos le prometió al Gobierno de Israel para evitar los procesos abiertos en la Audiencia Nacional en su contra, por los bombardeos en Gaza de 2002. Y, evidentemente, no fue una ocurrencia que se le escapó a Moratinos después de que su colega Tzipi Livni le apretase las tuercas amenazando con nubarrones muy negros en las relaciones bilaterales. Ahí están el PSOE y el PP discutiendo entre los dos con la armonía y entendimiento que tienen en ciertos temas (a pesar de la batalla de las dos Españas), decidiendo cómo van a limitar el principio de Justicia Universal.

En cualquier caso, la aplicación de la Justicia Universal presenta serios problemas. Garzón, por ejemplo, no ha seguido el mismo rumbo con el que ha intentado dar digna sepultura a los muertos del franquismo, con las víctimas de los paseillos republicanos. De la misma forma en que esa firmeza que enarboló en su histórico duelo judicial con los lores ingleses para extraditar a Pinochet y sentarlo en el banquillo por los crímenes que cometió su régimen dictatorial, pierde fuelle cuando toca hacer cuentas con las víctimas del régimen castrista en Cuba. Pero eso quizás, sea precisamente la prueba definitiva y suprema de que Garzón es un izquierdista y por eso es ahora víctima de una caza de brujas desencadenada por la derechona.

Sin embargo, ahí tenemos una causa muy de la izquierda como es la saharaui, con cientos de torturados, asesinados y desaparecidos y Garzón, mientras hacía lo posible por sentar en el banquillo a los criminales de las dictaturas militares en Chile y Agentina, archivó la querella contra el rey Hassán II planteada por el abogado Francisco Fernández Goberna que hubiese permitido hacer justicia al pueblo saharaui. Y fue muy poco progre que emplease contra Fernández Goberna los mismos argumentos que los abogados defensores de Pinochet habían utilizado en su contra.

Para justificarse por este feo doble rasero, Garzón fue contando que no podía ir contra el rey Hassán II porque, aunque su régimen no era precisamente una democracia, se trataba de un jefe de estado todavía en activo. Ese detalle, por lo tanto, convertía el caso Hassán II en un asunto muy distinto al que él había llevado contra Pinochet que en los noventa llevaba un buen rato siendo un ex dictador y, por tanto, había perdido la inmunidad de jefe de estado.

El mismo argumento sirvió para que Garzón archivase otra querella contra Obiang por asesino y narcotraficante interpuesta también por Fernández Goberna. Cabe la duda de que el progresismo de Garzón se echase para atrás ante el hecho de que, en esta ocasión, el abogado actuaba como letrado del opositor guineano Severo Moto, líder del Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial, miembro de la misma internacional demócrata cristiana a la que pertenece el PP y, por lo tanto, sospechoso de ser afín al enemigo fascista.

Fue una pena, en todo caso, que ni con Hassán II ni con el cleptócrata Obiang demostrase la misma determinación que lució contra el italiano Silvio Berlusconi, al que intentó juzgar por el caso Telecinco a pesar de gozar de inmunidad como europarlamentario. Pero Garzón ahí no se lo pensó y pidió al Consejo de Europa que levantasen esa inmunidad a su diputado para que él pudiese hacer justicia. No es de extrañar que los abogados de Berlusconi esgrimiesen el archivo de las querellas contra Hassán II y Obiang (además de la impunidad del castrismo cubano) para exigir lo mismo para su cliente. (La causa contra Berlusconi, por cierto, acabó siendo sobreseída tras diez años de batalla judicial).

Otro detalle poco progresista de las andanzas de Garzón: vale, Hassán II fue rey hasta que murió, jefe de estado con inmunidad. Pero aún así no queda claro por qué el héroe de los débiles, no aprovechó que en esa querella en la que juntoal rey de Marruecos también se acusaban por los delitos de lesa humanidad a otros antiguos responsables del régimen. A ellos también los dejó irse de rositas porque, como dice Fernández Goberna, le aplicó la inmunidad "hasta al portero de la finca".

Es cierto que en 2007, coincidiendo con el delicado momento de la primera visita del rey Juan Carlos y la reina Sofía a Ceuta y Melilla, Garzón anunció que, por fin, había encontrado modo de abrirse paso con las violaciones de los derechos humanos cometidas en Marruecos contra el pueblo saharaui y admitió una querella que denunciaba el genocidio iniciado por los alauitas con la invasión del Sáhara en 1975.

En el entorno prosaharaui se dijo entonces con optimismo que, esta vez, iba la vencida, que lo que había ocurrido en 1998 es que el abogado que había elaborado la denuncia (Fernández Goberna) no lo había hecho bien. Pero, desde entonces, el caso ha ido a paso de tortuga. El juez sólo volvió a anunciar nuevos fuegos artificiales (porque en eso quedaron) coincidiendo con la huelga de hambre de Aminetu Haidar en Lanzarote, con esa oportunidad que suele tener él con Marruecos de aparecer cuando conviene apretarle las tuercas a los alauitas. Pero, entre esos dos momentos de esperanza, Garzón, además de deshacerse en halagos con el sistema judicial marroquí, admitió una querella contra el Frente Polisario por supuesta violación de derechos humanos.

Garzón debió de pensar que así salvaguardaba su "objetividad" y equidistancia, como diría Moratinos, entre los dos bandos en conflicto. Puso así el líder de la Justicia Universal en la misma balanza a agresores y agredidos y, en lugar de contribuir al respeto del art. 73 de la Carta de la ONU (el que nos obliga a los españoles a defender el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui), dio apoyo a los que intentan deslegitimar al movimiento de liberación saharaui como representante del pueblo saharaui en esa batalla. Algo que, sin duda, habrá llenado de felicidad a los Gustavos de Arísteguis que intentan convertir el derecho a la autodeterminación del Sáhara, igual que hicieron los franquistas de los acuerdos de Madrid, en un asunto de izquierdistas y progres trasnochados.

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